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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El relato de la creación en el Génesis es, a la vez, símbolo precioso y realidad profunda.
Homilía i051004a, predicada en 20130211, con 4 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Esta es la quinta semana del Tiempo Ordinario, llamado también el tiempo durante el año, y en esta quinta semana se da un cambio en la primera lectura de la Santa Misa, un cambio que apenas vamos a alcanzar a percibirlo, porque hay que advertir que esta es la semana en que va a empezar la Cuaresma. El próximo miércoles es el Miércoles de Ceniza. De manera que lo que nos vamos a encontrar de tiempo ordinario es apenas lo correspondiente al lunes y al martes. Pero estas dos lecturas, las que aparecen como primera lectura de la misa el lunes y primera lectura de la misa del martes, merecen una mención especial porque pertenecen al primer libro de la Biblia, el Génesis, en el capítulo primero del Génesis. Al abrir nada más la Biblia, se cuenta la creación en un lenguaje majestuoso. En un lenguaje cargado de símbolo. Pero no por simbólico, menos real. Y con la ayuda de Dios. Es sobre todo eso lo que quisiera expresar. Cómo el lenguaje de la creación en el Génesis es al mismo tiempo completamente símbolo y profunda realidad. Hay realidades que se pueden describir de una manera directa y más bien simple. Las realidades que trata, por ejemplo, la ciencia, se pueden tratar de esa manera en un laboratorio de circuitos. Se puede decir se aplicó tal voltaje, hubo tal intensidad de corriente, la potencia eléctrica fue tal, el condensador que se usó era de tanta capacidad. Las cifras son precisas hasta donde lo permiten los instrumentos y el lenguaje es de una descriptividad completa. Así se pueden presentar las cosas en la ciencia. Pero hay cosas que son mucho más profundas y no por profundas dejan de ser reales. Pensemos en la situación de un desplazado de la violencia o pensemos en la situación de un emigrante. Muchas veces en la historia de la humanidad se han dado oleadas de migración. Por ejemplo, tantos italianos que en la primera mitad del siglo veinte tuvieron que llegar a los Estados Unidos de América y llegaban con recursos realmente mínimos y en principio, sin una esperanza de volver a su país después de tres o cuatro años. Después de diez o quince años en el nuevo país hay una evocación, hay una nostalgia y esa nostalgia se vuelve poesía, se vuelve canción, se vuelve imagen. La gente habla de estar lejos de su casa y alguien le podría decir: pero cómo dices que estás lejos de tu casa si tu casa queda aquí en Nueva York o tu casa queda aquí en Chicago. No, no me refiero a esa casa. Me refiero a otra cosa. La poesía es un modo muy importante del lenguaje porque presenta la realidad una realidad muy profunda. Pero precisamente porque es tan profunda, requiere de metáfora, requiere de símbolo. Es lo mismo que sucede en el Génesis. El Génesis quiere contarnos las cosas más profundas que Dios es el Creador de todo, que a la base de toda existencia está la palabra misma de Dios y su querer, al cual nada se opone, y que todo lo que salió de sus manos salió bien hecho. Este tipo de enseñanzas tan profundas están dichas con un lenguaje que va desplegando ante nuestros ojos como una majestuosa liturgia a este Dios que es como sacerdote de su obra preciosa. Por eso el Génesis es lenguaje de verdadero símbolo y al mismo tiempo es lenguaje de profundísima realidad.

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