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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las lecturas nos hablan de comienzos: el comienzo absoluto de todo cuanto existe, gracias al poder de Dios, y el nuevo comienzo, en gracia y santidad, que Jesucristo hace posible a través de su obra de sanación y misericordia.
Homilía i051003a, predicada en 20110207, con 4 min. y 17 seg. 
Transcripción:
Bueno, estamos iniciando la quinta semana del Tiempo Ordinario en nuestra liturgia, en la celebración de nuestra fe. Después de cuatro semanas donde nos acompañó la reflexión profunda, densa de la Carta a los Hebreos. Ahora nos encontramos con otro libro. Nos fuimos para el libro del Génesis. Nos fuimos para el comienzo mismo de la Biblia, Génesis, capítulo primero. Eso es lo que tenemos en la primera lectura de hoy. Y en el Evangelio tenemos el capítulo sexto de San Marcos, donde Jesús sana, donde Jesús derrama abundante, abundantísimamente su bondad sobre los enfermos, paralíticos, ciegos, endemoniados, todos se convierten en testigos de la bondad del Señor. Yo creo que hay una relación entre estas dos lecturas podemos decir que el Génesis nos habla del comienzo y podemos decir que Jesús es el nuevo comienzo. De hecho, Jesús es llamado en el Nuevo Testamento el primogénito de la nueva creación. Es decir, con Cristo todo vuelve a empezar. Cristo es el que da el nuevo comienzo. Además, Cristo, con ese don maravilloso de sanación, permite que la gente se restaure. Es decir, que cada uno de nosotros pueda volver a esa realidad maravillosa, a esa belleza, a esa sanidad con que Dios nos pensó. Porque Dios no piensa basura ni piensa en basura. Cada uno de nosotros obra suya, es obra preciosa. Y si a veces nuestra vida parece insoportable o parece detestable a nuestros propios ojos o a ojos de otras personas. Eso no es parte del plan de Dios. Nosotros no somos ni desecho ni desechables. Fíjate lo que nos dice el capítulo primero del Génesis. Vio Dios todo lo que había hecho y todo era bueno. El mundo que ha salido de las manos de Dios es un mundo bueno, y nosotros que hemos salido de sus manos, somos expresión de su bondad. Pero encima de esa bondad original han caído las enfermedades, han caído las heridas que nos trae la vida y sobre todo, las heridas y enfermedades propias del pecado, nuestros pecados personales y las consecuencias de los pecados de otros, también de nuestros antecesores, pesan sobre nosotros y oscurecen esa verdad y esa bondad que Dios puso cuando nos creó. Y por eso necesitamos a Jesucristo. Necesitamos de su presencia para que aparezca la verdad sobre nosotros. Podemos decir que si nosotros somos imagen y semejanza de Dios, y es verdad que lo somos, lo que viene a hacer Cristo con su obra maravillosa es limpiar esa imagen, dejar que aparezca todo lo que Dios quiso para nosotros. Por eso hoy te invito a que le des gracias al Señor por tu existencia. Hoy te invito a que le digas Gracias, Señor, porque me creaste y te invito a que te aceptes tal como eres de la nación que eres, del sexo que eres, del país, de la familia que eres. Dale gracias al Señor por aquello que eres, porque ahí está una expresión de su bondad. Pero al mismo tiempo, pídele que limpie todo aquello que ha oscurecido ese plan original de Dios, todo aquello que está empañando la hermosura que Dios pensó para ti.

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