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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios ve el fondo de nuestro corazón y nos ve buenos
Homilía i051002a, predicada en 19990208, con 7 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Veníamos escuchando en la primera lectura de este año la Carta a los Hebreos. Esa lectura terminó el sábado de la semana pasada y ahora cambiamos de ángulo, cambiamos de perspectiva, cambiamos de estilo. Nos vamos al comienzo mismo de la Biblia, al libro del Génesis. Hay una razón para este cambio entre la cuarta y la quinta semana del tiempo ordinario. Lo que sucede es que el tiempo ordinario tiene como dos etapas. Una cortita que va entre el final de la Navidad y el Miércoles de Ceniza y otra la más larga, que va después de Pentecostés, hasta volver a empezar Adviento con el primer domingo de Adviento. Esta primera etapa cortita del tiempo ordinario usualmente dura unas cuatro o cinco semanas. De manera que la idea de la liturgia, el espíritu con el que está hecha esta distribución, es que más o menos por este tiempo va a caer el Miércoles de ceniza. Y de hecho es así. Bueno, no está demasiado cerca, pero es de pasado mañana en ocho. Entonces, estando tan cerca el Miércoles de Ceniza, estas lecturas como que son un recomienzo del tiempo ordinario. Me explico. En cierto sentido, estas lecturas, las de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario, están como diseñadas, como dispuestas para empatar con ese momento en que vuelve a empezar el tiempo ordinario después de Pentecostés. Nosotros, que tenemos en la liturgia el pan nuestro de cada día, nosotros que recibimos de la liturgia a Cristo en la Eucaristía, que recibimos de la Liturgia, la Palabra que nos da la vida, que en la liturgia hacemos nuestras peticiones que en la liturgia le damos gracias a Dios y de la liturgia esperamos bendiciones para nosotros. Nosotros que conocemos la liturgia como la oración del pueblo de Dios, poco a poco tenemos que irnos internando en estos detalles para no ser distraídos que simplemente esperan a ver qué cae. Entré a misa y salió esta lectura. No, todo tiene su razón de ser, tiene alguna motivación y conocer estas motivaciones no es simple erudición ni ganas de saber mucho, sino es la puerta para disfrutar más lo que Dios nos ofrece. Bueno, esta es la explicación de por qué ese cambio entre la cuarta y la quinta semana del tiempo ordinario. La lectura, pues de hoy me refiero a la primera, nos vuelve al comienzo de todo. Se siente como como una especie de viento refrescante Cuando volvemos nuestra mente al comienzo del universo, cuando el mundo se ha vuelto tan enredado, tan complejo y tan ambiguo, todo ello retornar a la sencillez de esta poesía y de estas palabras. Hoy es tan difícil decir qué es bueno y qué es malo en sí mismo. Es tan difícil porque todas las cosas son como ambiguas. Me refiero a esto. El dinero, por ejemplo. El dinero es un bien y a veces es necesario, pero a veces es una codicia y es una idolatría. Con el dinero podemos hacer grandes obras buenas. Por el dinero se mata gente, el dinero. El dinero ya no es, ya no es simple, es complejo. Cada cosa de la historia, no tanto de la naturaleza, sino cada cosa de la historia, de la historia humana. A medida que pasan los siglos, de siglos, se vuelve más y más ambigua, incluso cosas que deberían ser tan limpias, tan lúcidas, como por ejemplo la ciencia, la ciencia, el conocimiento mismo de las obras de Dios. Esto debería ser motivo de alabanza y de gratitud, pero no, porque la ciencia se puede utilizar para matar, para oprimir, para explotar. Puede convertirse en un ídolo que nos separa de Dios. La ciencia también es ambigua. En cambio, el estribillo que se repite al comienzo de la Biblia es: que Dios vio lo que había hecho y era bueno. Vio Dios que la luz era buena. Mire, dice aquí: vio Dios que era bueno cuando hizo los continentes. Y luego, cuando hizo las plantas y las hierbas, los árboles, vio Dios que era bueno. Hizo las lumbreras en los cielos, vio Dios que era bueno. Esta lectura del Génesis, entre muchísimas virtualidades que tiene, tiene esta que nos permite retornar como al deseo original de Dios, como al plan original de Dios, como a la sencillez de lo que Dios creó para que fuera bueno como Él mismo es bueno. De esa manera, qué bueno que nosotros volvamos nuestros ojos a nuestra propia existencia y podamos sentir que así como debajo de toda la hojarasca del mundo, en el fondo se oye esta palabra, vio Dios que era bueno. Así también en el fondo de nuestro corazón, que se ha vuelto enredado, complicado, tortuoso, ambiguo, por nuestra historia de pecados, también en nosotros, también en el fondo de nuestro corazón, esta palabra existe También nosotros podríamos decir: Y Dios vio Alejandra y vio que era buena. Vio que era buena. En el fondo de nosotros hay un deseo de Dios, un deseo, un amor libre, gratuito. Percibir ese amor libre, gratuito que nos acompaña siempre es de actualidad inmortal de este texto. Sentir que también en el fondo de nuestros corazones Dios nos ve y nos ve buenos. Nos ve buenos, no quiere decir que Dios sea ciego a toda la maldad que otros han echado encima de nosotros y que nosotros nos hemos echado encima. Quiero decir que mientras vayamos caminando por esta tierra, ese plan original de Dios sigue proclamando, sigue pregonando que hay una bondad original de Dios, que el amor es la explicación última de nuestra vida y que solo cuando nos encontramos con ese amor original, toda la vida de abajo arriba adquiere sentido, adquiere luz, adquiere orden. Si, por desgracia, cosa que no vaya a suceder a ninguno de nosotros, no conectamos, no nos unimos con esa bondad original, con ese amor primero, entonces estaremos por toda la eternidad perdidos de nosotros mismos. Nos habremos perdido a nosotros mismos. Este es el infierno del cual nos libre Dios. De modo, pues, que estas lecturas nos invitan a sentir la frescura del designio original de Dios, a sentir su amor. Agradecer precisamente que sin tener que hacernos, nos hizo y reconciliarnos con lo más profundo de nuestro ser, que está en el designio de Dios para cumplir en todo su voluntad.

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