Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Debemos ser corregidos por Dios porque no lo sabemos todo, cometemos errores y nuestro ego nos engaña. Abramos el corazón al Señor para que Él nos guíe, obre en nosotros y nos aleje de todo mal.

Homilía i043013a, predicada en 20250205, con 6 min. y 6 seg.

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Transcripción:

El título de esta meditación es: Dejémonos corregir, por Dios. Y mejor decirlo desde el principio, por si acaso alguien no le gusta mucho ese título, bueno, pues que sepa un poco qué es lo que viene. Y es que es de lo más sabio, dejémonos corregir por Dios. Voy a dar 4 razones por las que es tan importante dejarse corregir por Dios. Y las voy a aplicar en primera persona, porque, por supuesto, yo lo mismo que ustedes, también yo necesito dejarme corregir por Dios.

La primera es: no lo sé todo, yo no tengo el panorama completo, yo no tengo todos los elementos de juicio, yo no conozco todas las posibilidades, yo no tengo claridad absoluta sobre todas las consecuencias de lo que yo haga o deje de hacer. Por consiguiente, es muy sabio acogerse a aquel que, como hemos dicho muchas veces, tiene mejores ideas que mis ideas. Y ese es Dios, Dios tiene mejores ideas que mis ideas.

Y ¿por qué? Pues, entre otras razones, porque el punto de vista de Él, la mirada de Él, es muchísimo más amplia que la mía. Ahí está el primer punto para dejarnos corregir por Dios. Muchas de nuestras decisiones, pues, fueron lo que podíamos hacer con la información que teníamos. Pero si nuestra información es incompleta, si nuestra información es parcial, pues entonces indudablemente podemos ser corregidos y debemos ser corregidos.

Segundo motivo, son cuatro. No es solamente que nos falte información, sino que auténticamente cometemos errores. Cuando uno mira hacia el pasado, uno se da cuenta que hay muchas cosas que uno hizo que no estuvieron bien hechas, hay muchas cosas que uno hizo en las que uno francamente se equivocó. Y como lo han dicho tantas personas, lo único bueno que se puede hacer con los errores es corregirlos, por supuesto, y aprender de ellos. Entonces, uno ha cometido errores, sobre todo, cometemos muchos errores cuando damos nuestra opinión sobre personas. Al dar opinión sobre personas, pues nos estamos asomando a ese universo inmenso que es cada ser humano en su interior.

Y seamos francos, quién de nosotros tiene suficiente información como para decir yo conozco del todo a tal o a cual persona, ahí nos equivocamos muchísimo. Entonces, sí cometemos errores, hay muchas razones por las que cometemos errores, entre otras, porque muchas veces somos llevados por pasiones. A veces, por ejemplo, cuando tenemos mala voluntad hacia una persona o lo que decimos popularmente, nos cae mal una persona, pues típicamente obramos mal con respecto a esa persona. Quizás era la persona que mejor hubiera podido ayudarnos, pero como nos caía mal evitamos tener una relación con quien hubiera podido ayudarnos más.

Son cosas que a mí me han pasado, supongo que a otras personas también. O mira esto otro, uno también se puede dejar llevar por una gran simpatía, hay gente que a uno le cae bien y uno le da demasiada confianza a personas que tal vez no merecían esa confianza, eso se llama influencia de las pasiones en el en el recto juicio que debería tener la razón. Entonces, llevamos dos puntos que uno no lo sabe todo y que uno comete errores.

Hay un tercer punto, ese tercer punto es que no siempre la voluntad sigue lo que le muestra la inteligencia. Sabemos que el ser humano tiene esa estructura querida por Dios. La inteligencia es la que discierne cuál es el mejor camino y luego la voluntad, pues es como el motor que tendría que seguir por ese camino. Pero cuántas veces nos pasa, incluso las cosas más elementales, cuántas veces nos pasa que, pues que no seguimos lo que sabemos que es más conveniente.

Por dar un ejemplo cotidiano, a veces uno sabe que tales alimentos no son lo mejor ni lo más saludable, pero el gusto y uno sabe que eso no es lo mejor, pero, uno cae en eso. Por lo menos a mí me ha pasado, sé que a mucha gente. Entonces eso está mostrando que la voluntad no siempre sigue. Además, la voluntad no siempre tiene la perseverancia que sería de desear.

En cuarto lugar, no se nos olvide que todos tenemos nuestro ego, y ese ego es un pésimo consejero. Manifestaciones típicas del ego son la obstinación en el propio criterio, porque la persona soberbia no quiere aprender de nadie, otra manifestación del ego es la dificultad para pedir unas disculpas que seguramente hubieran abierto puertas de oportunidad magníficas. Así que hay muchos argumentos para decir, necesitamos ser corregidos y necesitamos que Dios nos corrija.

Abramos el corazón al Señor y digámosle, junto con el mensaje de la primera lectura de hoy de la Carta a los Hebreos, capítulo 12. Yo quiero dejarme corregir por ti. Yo quiero que tú hagas tu obra en mí. Apártame de lo que me está alejando de ti, Señor. Acércame a aquello que puede llevarme a Ti, Señor. Amén.

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