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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
(1) Por el sacrificio de Cristo hemos recibido la perfecta y definitiva salvación que no podía ofrecer la Ley de Moisés. (2) Con Cristo se inaugura una nueva alianza que sin embargo está en peligro por nuestro cansancio dispersión y la fuerza de la persecución contra el Evangelio. (3) Clave y fundamental de la vida cristiana es la perseverancia que no se acobarda frente a las dificultades. (4) La perseverancia tiene su lugar propio en la comunidad.
Homilía i043009a, predicada en 20190206, con 9 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Hermanos, volvamos al texto de la primera lectura, que creo que tiene tanto que decirnos en este día, fue tomado de la Carta a los Hebreos. Este libro de la Biblia, la Carta a los Hebreos, tiene que ser muy importante porque en los años impares, como es este, durante 4 semanas se lee la Carta a los Hebreos, eso es bastante. Desde que empezó el tiempo ordinario hasta este momento, estamos en la cuarta semana, vamos leyendo la Carta a los Hebreos. La próxima semana el panorama cambiará completamente, pero nos queda una inquietud.
¿Qué es eso tan importante que tiene la Carta a los Hebreos para que la liturgia le dé un lugar tan amplio? Podemos sintetizar el mensaje de la Carta a los Hebreos en unas 4 frases. Primera, que en Cristo hemos recibido verdadera salvación, lo que no podía ofrecer el culto de la ley de Moisés. Verdadera salvación hemos recibido en Cristo, a través de su sacrificio. Eso es lo primero que hay que tener en cuenta, es la primera gran afirmación. Es una salvación profunda, definitiva, irrevocable, eso debe quedar claro.
Segundo punto, esa salvación en Cristo ha marcado un antes y un después. Lo cual quiere decir que nosotros estamos en el régimen de una nueva alianza, ya no en la sangre de los corderos de Moisés, sino en la sangre del Cordero de Dios. Pero esa nueva alianza está en peligro ¿por qué está en peligro? Si recordamos algunos textos que hemos venido oyendo estos días, nos damos cuenta que el cansancio, la dispersión y los ataques que recibimos, ponen en peligro esa nueva alianza. Entonces, podemos decir que la segunda frase es esa, Dios nos ha dado en Cristo una nueva alianza, pero esa nueva alianza está en peligro.
¿Por qué? Porque uno se cansa, porque uno se distrae, uno se dispersa y además porque hay persecución. Entonces, primera frase, tenemos salvación definitiva en Cristo. Segunda frase, hemos recibido una nueva alianza, pero está en peligro. Tercera frase, para conservar la gracia de la salvación necesitamos perseverancia. Hay muchas invitaciones a la perseverancia en la Carta a los Hebreos. Y luego, la cuarta frase, la perseverancia necesita comunidad.
Entonces, repito los cuatro pensamientos fundamentales de la Carta a los Hebreos. La salvación nos ha llegado en Cristo, lo que no podía hacer la ley de Moisés. Segundo, así hemos recibido una nueva alianza, pero está en peligro. ¿Por qué? Porque uno se cansa, porque uno se dispersa, porque hay persecución. Tercera frase, para conservar la salvación se requiere perseverancia hasta llegar, incluso a la sangre, nos dice el texto de hoy. Y nos presenta toda una lista de testigos en el capítulo 11. Y cuarta frase, la perseverancia necesita comunidad.
Especialmente estas dos últimas frases son las que me han movido a que hagamos esta reflexión a partir de la primera lectura, porque la situación que nosotros estamos viviendo yo creo que tiene su comparación con esto. Hemos recibido un don precioso, pero ese don está en riesgo. Y los mismos riesgos o los mismos ataques que detectó la Carta a los Hebreos, esos mismos ataques siguen en nuestra época. Es decir, uno se cansa, se le acaba el impulso, el entusiasmo, uno se dispersa, se distrae y a veces se margina de la comunidad. Y, además, hay persecución. O sea que este texto lo podemos aplicar sin forzar las cosas. Lo podemos aplicar a nosotros mismos.
¿Qué remedios nos da la Carta a los Hebreos? Pues ya dije que son dos: la perseverancia y la comunidad. Entonces, nos dice: «Fortaleced las manos débiles, robustecer las rodillas vacilantes». Esa es la invitación a dar lo mejor de nosotros mismos, la invitación a la perseverancia. Y luego dice: «Caminad por una senda llana». ¿Qué es una senda llana? Es lo que nos ofrece el Evangelio, es lo que nos ofrece la Iglesia. No vaya a suceder que el pie cojo se retuerza, lo que queremos es que se cure. Entonces, fortalecer manos débiles, robustecer rodillas vacilantes y llevar un camino recto, claro. Esa es la invitación que recibimos hoy.
«Buscad la paz con todos y buscad la santificación, sin la cual nadie verá al Señor». Todo eso tiene que ver con la perseverancia. Pero ahora viene la parte de la comunidad. «Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño contaminando a muchos». Fíjense, estos son consejos muy actuales. Entonces, ¿en qué consiste la perseverancia? Robustecer, fortalecer las manos débiles, robustecer las rodillas vacilantes y llevar, lo que hemos dicho hoy a lo largo del día, llevar una vida clara, limpia, recta, sin estar torciendo las cosas.
Decíamos en esta misma capilla hace meses, pero claro, no estaban algunos de ustedes. Decíamos: Mire, la vida religiosa en realidad es sencilla somos nosotros los que la torcemos, los que la complicamos. Pero la vida religiosa en realidad es muy sencilla. De hecho, en cierto sentido, es la vida cristiana más simple de todas, porque es una vida cristiana a la que se le ha quitado todo lo superfluo, todo lo que no es necesario. Es una vida cristiana que se ha reducido a sus elementos esenciales y que por eso es tan simple, tan sencilla. Entonces, la invitación a la perseverancia es esa.
Hermanos, fortalecer las manos débiles, robustecer las rodillas vacilantes y llevar una vida así, clara, limpia, sin torcerse, sin esconder, sin segundas intenciones, sin agendas ocultas, sin trastiendas. Esa es la vida religiosa y esa es la vida a la que se nos invita aquí. Esa es la parte de la perseverancia. Pero luego viene la parte de la comunidad. Hombre, ayudémonos unos a otros, que no se nos cuelen por ahí, raíces amargas, rebrotes. Usted sabe, usted quita la hierba mala, pero vuelve y sale. Entonces, hay que cuidar. Tenemos que cuidarnos los unos a los otros para que no vuelva a brotar amargura, hierba amarga, venenosa entre nosotros.
Eso no significa solamente mirar a las personas, sino vigilar los corazones, porque la hierba amarga puede salir, puede brotar en cualquier corazón, en el mío, en el tuyo, en el de cualquiera. Entonces esas son las recomendaciones y no agrego más. Perseverancia y comunidad, fortalecernos, llevar una vida clara y limpia y ayudarnos unos a otros para que no entre hierba amarga, venenosa en la comunidad. Haciendo eso, seguimos el camino del Señor, permanecemos en su gracia, estamos en paz con todos y buscamos la santidad.

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