Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La diferencia entre creer y explicar a Cristo está en que creer es ponernos en sus manos y en su amor, te lleva salir de ti. Explicarlo es ponerlo en tus razones, en tu cabeza, en tu capacidad de comprender.

Homilía i043008a, predicada en 20190206, con 5 min. y 40 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo sexto de San Marcos, contiene aquella frase tan conocida de Cristo que yo creo que ha saltado de las páginas de la Biblia hasta volverse parte del lenguaje de muchas personas. «No desprecian a un profeta, sino en su propia tierra», dice Cristo. Tal vez el refrán más conocido es: Nadie es profeta en su tierra. Pero no nos quedemos en la superficie y tratemos con la ayuda del Espíritu Santo, de ver qué fue lo que sucedió en ese momento. Y creo que se puede dar una explicación.

¿Sabes lo que sucedió? Lo que sucedió es que aquella gente quería explicar a Cristo, explicar a Cristo. No querían creer en Cristo, querían explicarlo. Y sabes ¿cuál es la gran diferencia entre creer en Cristo y explicar a Cristo? Te la voy a decir. Creer en Cristo es ponernos en sus manos, en su poder y en sus planes. En cambio, explicar a Cristo es poner a Cristo en mis esquemas, en mis razones, en mi capacidad de comprender, es bien distinto. Creer en Cristo es un movimiento que finalmente me lleva a salir de mí, muchas veces salir de mis propias certezas, para ponerme en sus manos, en su guía, en su Palabra, en el poder de su amor.

Explicar a Cristo es tratar de poner a Cristo en el poder de mi cabeza, de mis razones. No es malo pensar en Cristo, claro que no es malo y no es malo descubrir la sabiduría que Dios nos ha dejado, nos ha entregado en Aquel que precisamente es la sabiduría encarnada del Padre. No, no es malo eso. Es decir, el problema no es una especie de conflicto entre fe y razón, que tal vez es lo que algunos pueden estar pensando al oír estas palabras de este servidor de ustedes. Yo no estoy aquí exhumando ese cadáver porque es un cadáver, esa oposición entre fe y razón. No, el problema no es ese.

Aquí estamos diciendo la diferencia entre creer y explicar, porque una cosa es razonar, que incluye muchas veces aprender y otra cosa es explicar que es algo así como poseer con mi razón. Razonar es usar mi razón, explicar es como poseer con mi razón. Yo puedo mirar una máquina, por ejemplo. Es una imagen muy sencilla la que voy a dar. Pensemos, por ejemplo, uno de esos aviones que tienen grandes hélices. Yo puedo razonar y darme cuenta que la hélice es la que impulsa al avión, pero yo puedo explicar ese motor, puedo explicar cómo funciona. Hay muchas cosas que se me escapan. He utilizado mi razón para aprender algo, para deducir algo, pero hay muchas cosas que se me escapan.

Lo mismo acontece aquí, cuando nosotros aprendemos de Cristo, estamos razonando. Cuando nosotros, en cambio, pretendemos explicar a Cristo, es como si quisiéramos darle el reinado a nuestra racionalidad y desde nuestra racionalidad poseer a Cristo. Yo me acuerdo un libro de cristología muy famoso, un libro hecho por un hermano dominico. Y como es tan famoso, pues yo quise ver cómo trataba él el tema de la resurrección. Me llevé una terrible decepción, 20, 30, no sé si 40 páginas tratando de explicar y ni siquiera, pues no va a poder explicar la resurrección, sino de explicar este testimonio de dónde puede venir esto, a qué tradición pertenece, esto en qué códice se encontró.

Es decir, uno siente como si le fueran a hablar de un rey y empezaran a contarle de dónde vino el oro que le pusieron en la corona, de qué tamaño es el rubí, en dónde compraron el cetro. Pero se les escapa el rey, el rey se les escapa. Es como tratar de explicar a Shakespeare mirando la tinta que utilizaba. O es como tratar de explicar a Miguel Ángel o a Leonardo da Vinci preguntándonos en dónde compraron los pinceles. Ahí, a ese extremo es al que se llega cuando pretendemos explicar a Jesucristo. Él nos rebasa. Bendito Dios, nos rebasa, pero nos rebasa para nuestro bien. Y hay que dar gracias a Dios por esa grandeza y hay que aprender de Él y no pretender que nuestra cabeza tenga la soberanía, rey solo hay uno y es Él.

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