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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¡No te resignes, lo bueno si puede llegar a tu vida! Piensa en grande porque tienes un Dios grande, lucha por lo eterno, por lo que realmente vale la pena.
Homilía i041012a, predicada en 20250203, con 5 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, háganse un gran regalo el día de hoy. Dediquen cinco, siete minutos a leer el Capítulo número Once de la Carta a los Hebreos. Llevamos varias semanas escuchando la carta a los Hebreos y este Capítulo Once, justificadamente, es de los más famosos. Porque es el capítulo en el que se habla de todo lo que puede la fe. Podríamos decir que el título, muy particularmente del pasaje que tenemos como primera lectura este día. El título es El poder de la fe.
Ese poder de la fe que se manifiesta sobre todo en dos cosas: La capacidad de soportar los males y la capacidad de buscar los bienes mayores. Dos cosas que son inseparables. Aguantar los males y los peores males son los propios de la persecución, los males propios de las humillaciones y de las torturas. Es decir, a lo que han llegado los mártires. Eso lo da la fe. Y en segundo lugar, el buscar los bienes mayores. Y es ahí donde está el vínculo profundísimo entre la fe y la esperanza. Por cierto, el Papa Benedicto, en su Carta sobre la esperanza, que lleva por título Salvados en Esperanza o en latín, Spe Salvi, habla de esto del vínculo intenso, podríamos decir indisoluble, que tienen la fe y la esperanza.
Efectivamente, aquella persona que está unida a Dios con una fe viva es capaz de soportar lo que es adverso y es capaz de aguantar mientras llega lo mejor. Y eso es lo que nos recuerda el pasaje de hoy. Repito, ese pasaje nos está recordando lo que es trabajar por lo que es mejor, es decir no resignarse frente a los bienes menores. ¿Por qué estoy insistiendo en esto? Porque la mayor parte de los pecados que cometemos son los que yo llamo pecados de resignación. Yo recuerdo en la querida Bolivia, donde he tenido oportunidad de estar y de predicar muchas veces. Yo recuerdo en la querida Bolivia un hermoso congreso de mujeres donde se me invitó para dar una enseñanza y hablábamos precisamente de esto, de cómo el pecado muchas veces tiene la característica de una resignación, el pecado de resignación. Ese puede ser el título de esta homilía. Cuidado con el pecado de resignación.
¿A qué llamamos pecado de resignación? A esa idea de que, yo no voy a poder, nunca va a llegar a mi vida lo que es mejor. Entonces, me toca resignarme, resignarme con esto, con esto que es menor. Por ejemplo, lo decíamos en aquel congreso en Bolivia. Muchísimas mujeres, muchísimas, la inmensa mayoría de las mujeres sueñan con un hogar bello, fiel, estable para toda la vida, pero como sienten eso no va a llegar, eso ya no es posible. Entonces se resignan. Y cuando se resignan ¿qué es lo que hacen? Bueno, no tendré un esposo para toda la vida, pero por lo menos puedo tener varios amantes. Y ahí jugando entre un poquito de sexo aquí, un poquito de cariño allá. Eso me sirve de reemplazo, me sirve de placebo. Me sirve de contentillo porque lo bueno no va a llegar a mi vida.
Y resulta que lo que nos está diciendo la carta de los Hebreos es exactamente lo contrario. Lo que nos está diciendo es que lo bueno sí puede llegar a tu vida, que Dios siempre trabaja por un bien mayor para ti, que no te resignes con lo que es mediocre, no te resignes con esa combinación, ese revuelto entre lo que es pecado y lo que está bien. Es el mismo mensaje que también hemos dado muchas veces cuando se trata, por ejemplo, de las personas que están viviendo en adulterio o las personas que están practicando una relación homosexual. Y yo sé que hay sacerdotes, y lo digo con dolor, hay sacerdotes que les enseñan a las personas que están en esta clase de situación, les enseñan a resignarse. ¿Y qué quiere decir resignarse? Que les dicen no, pues ya tú eres así. Eso es lo que a ti te toca. Ahí no hay nada que hacer. Entonces, trata de tener una parejita. Eso es enseñarle a la gente a resignarse.
Cristo no ha venido a nuestras vidas para que nosotros nos resignemos, para que nosotros nos conformemos con lo menos. Eso es lo que nos enseña la primera lectura de hoy. No te conformes con poquito, no te conformes con lo que es menos. Piensa en grande porque tienes un Dios grande. Lucha por lo que es grande, lucha por lo que es eterno. Lucha por lo que realmente vale la pena. Y entonces, te darás cuenta que nuestro Dios es el Dios de las grandes promesas, pero sobre todo el de las grandes realidades. Te repito, hazte un favor, vuelve al Capítulo Once de la Carta a los Hebreos. Me lo vas a agradecer. Que Dios te bendiga.

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