Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aunque no hay que buscar siempre un demonio detrás de cada pecado, de la historia de un endemoniado aprendemos mucho sobre lo que el pecado quiere lograr en nosotros.

Homilía i041010a, predicada en 20210201, con 14 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Hermanos, como cristianos es necesario que aprendamos cuáles son las estrategias, el modo de actuar, los daños que causa y los frutos de muerte que trae el espíritu de las tinieblas. Nosotros debemos estar enterados de estas cosas, sin obsesionarnos con el tema del demonio, pero sin tampoco caer en el estúpido error de aquellos que niegan su existencia o su acción, con lo cual lo único que consiguen es ser más vulnerables a sus ataques. Un pasaje como el de hoy nos ayuda a descubrir muchos elementos sobre cómo actúan estos espíritus del mal. Teniendo presente, sin embargo, que el modo de acción que aparece en el texto de hoy, en su materialidad, es decir, en ese poseer a aquel hombre, eso no es lo más frecuente. Lo más frecuente es que el demonio actúe de modo parecido a lo que hemos escuchado hoy, pero procurando esconderse lo más posible.

Veamos algunos elementos de este modo de actuar del enemigo y aprendamos para evitar, por supuesto, el peligro y también para reconocerlo cuando está muy cerca.

Nos dice este texto que aquel pobre endemoniado estaba en lugares solitarios, como por ejemplo los cementerios, gritando y también hiriéndose con piedras. Es un espectáculo absolutamente deprimente y que produce desconcierto en nosotros. Una persona que parece muy poderosa. Ya ves que rompía cadenas y cepos, pero que al mismo tiempo lo que hace ante todo es dañarse a sí mismo. De aquí aprendemos una primera lección ¿cuál es? Que esto es lo que quiere el pecado en nosotros. Que seamos motivo de escándalo y desánimo para otros hacia afuera y que seamos causa de daño y destrucción para nosotros mismos hacia adentro. Por supuesto, el demonio no es exactamente igual al pecado, ni el pecado es exactamente igual al demonio. Pero nosotros reconocemos que el origen de esa tendencia, de esa concupiscencia que tenemos hacia el pecado, finalmente proviene de la instigación del demonio. Por eso, y repito, sin escandalizarnos y sin estar viendo demonios detrás de cada uno de nuestros pecados, debemos aplicar este texto a nuestra vida. Entonces, ¿qué es lo que quiere el pecado? Lo que quiere es causar escándalo, desconcierto y desánimo en los otros y destruirnos a nosotros mismos. La primera víctima del pecado es el propio pecador. Algo que debemos tener muy presente.

Segundo, nos damos cuenta que Jesús le pregunta ¿Cómo te llamas? ¿Cuál es tu nombre? Y responde me llamo legión. Somos muchos. Aquí está una segunda lección para nosotros. Efectivamente, detrás de un pecado van entrando otros. Piensa, por ejemplo, en la persona que es codiciosa. Empezó por la codicia, pero muy pronto a la codicia le siguen otros males. Por ejemplo, si logra el dinero que le apetece, el dinero que desea, entonces se volverá orgulloso. Si no lo consigue fácilmente, se volverá mentiroso o se volverá desesperado por no conseguir lo que es el propósito de su vida. Detrás de un pecado vienen otros. La persona que es soberbia, por ejemplo, con mucha facilidad va a caer en la ira porque no tolera que le contradigan. La persona que es soberbia con mucha facilidad va a caer en la lujuria, porque la soberbia es como una especie de masaje al ego. Y para complacer ese ego malcriado, ese ego mimado, nada mejor o nada le parecerá más apropiado que una vida de placer. Yo creo que se entienden los ejemplos. Lo que queremos decir es que detrás de un pecado siempre van otros. Llevamos dos enseñanzas. La primera, el pecado quiere destruirnos y causar desánimo y desconcierto afuera a los otros, al prójimo. Segundo, el pecado tiende a agruparse, tiende a formar legión. Esa es una segunda enseñanza.

Tercero, dice aquí, que aquellos demonios le rogaban con insistencia a Jesús que no los expulsara de aquella comarca. Es decir, el enemigo, aunque se ve derrotado, como claramente se veían derrotados ante Cristo estos demonios, siempre procura mantener algo, siempre procura dejar aunque sea una rendija, siempre procura dejar una oportunidad. Porque sabe que a través de esa rendija tiene esperanza de volver a meterse y de recuperar ese corazón que en algún momento le perteneció. Esta enseñanza es muy importante porque nos muestra cómo la verdadera victoria sobre el mal siempre supone una actitud radical, una actitud resuelta.

Fíjate cómo, aunque no debemos hacer equivalencia entre, por ejemplo, el alcoholismo y el pecado, porque sabemos que el alcoholismo es más una enfermedad que otra cosa. Pero hay una comparación que sirve. En estos grupos de Alcohólicos Anónimos, una de las cosas que enseñan a las personas que están saliendo de su vicio es: una copa es una borrachera. Es decir, ya que tienes esa tendencia tan acentuada hacia el vicio del alcohol, con que tú dejes una pequeña puerta, como quien dice me voy a tomar esta copita, detrás de esa pequeña copita ya abriste un espacio y seguramente viene otra, y otra y otra. Y por eso me ha tocado escuchar a algunos que están en esos procesos de recuperación y que dicen con tristeza. Yo llevaba casi tres meses, por ejemplo esa cifra, yo llevaba casi tres meses sobrio, yo estaba bien, no sé qué me pasó. La respuesta que da Alcohólicos Anónimos, desde la experiencia que tienen es muy sencilla. Sí se sabe qué fue lo que te pasó, lo que te pasó fue que dejaste una rendija.

Fíjate cómo aquí el demonio pide una rendijita y de alguna manera Cristo, parece complacerlos al permitir que se queden en esos cerdos. Pero los cerdos no soportaron la presencia de estos espíritus malignos y fueron acantilado abajo a acabar con su vida. Con lo cual la victoria de Cristo se hace más grande, sin duda. Entonces, la tercera enseñanza es si de verdad queremos vencer al pecado, necesitamos una dosis de radicalidad, porque las rendijas son muy peligrosas. Yo he visto esto también con personas que tienen relaciones inapropiadas, por ejemplo, relaciones homosexuales, relaciones de adulterio y muchas veces la persona trata de mantener una pequeña cuerda, un pequeño hilito. Bueno, entonces voy a tratar de mantener esa relación en términos simplemente de amistad y de cariño, ya no como pareja, sino como amistad, como cariño. Pocas veces funciona eso. La mayor parte de las ocasiones, cuando queda ese pequeño hilo, luego viene el desastre.

Cuarta enseñanza. Observemos que Cristo cuando le dice a este hombre tú no eres en este momento misionero conmigo, yo quiero que seas misionero con tu familia. Ve a hacer misión con tu familia. Este también es un testimonio muy importante y una enseñanza clave. Sobre todo por algo que dice Cristo Muéstrales la Ricordia que Dios ha tenido contigo. La misericordia. Sí mis hermanos, la victoria sobre el pecado solo la logramos por la fuerza de un amor que es mayor que nosotros mismos, un amor que brota desde Dios y que compadecido de nosotros hace su obra potente en nuestras almas. Y esta es la misericordia. Por eso, cuando nosotros hagamos oración por nuestra propia conversión o pidiendo por otra persona, hemos ante todo de pedirle a Dios que brille tu misericordia. Hay una expresión de Santa Catalina de Siena que me fascina. Decía ella: Multiplica Señor, las conversiones, porque más se va a alabar tu misericordia, si es mayor el número de personas que se convierten. Entonces, la victoria sobre el pecado se hace desde la humildad, desde la oración y desde la súplica a la misericordia divina.

El último punto que quiero destacar, que es en el fondo el más importante, es que no importa cuál sea la densidad de las tinieblas, Jesucristo es capaz de vencer. Hay una canción que me encanta de este predicador católico, Neil Vélez, y que lo que repite una y otra vez es el estribillo, Dios es capaz. Mira qué grado de daño tenía este hombre del Evangelio, este pobre endemoniado. Imagínate cuántos demonios estaban que, según dice aquí, dos mil cerdos se llenaron de esos demonios. Es decir, por lo menos dos mil demonios metidos en una sola persona. Cuál es el grado de destrucción y de daño que podía tener esa persona. Y sin embargo, Dios es capaz. Dios es capaz. Esta certeza nos trae serenidad, nos trae esperanza y es la mejor manera de terminar esta reflexión. Dios, Dios es capaz. A Él alabanza y honor por los siglos. Amén.

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