Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El demonio quiere aislarte, destruirte, quiere que le abras un espacio donde él viva su mentira. Pidamos a Cristo que complete su obra en nosotros, que nos libere de las tinieblas.

Homilía i041008a, predicada en 20190204, con 6 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy, está tomado del Capítulo Quinto de San Marcos. Es una buena ocasión, para aprender unas cuantas lecciones sobre la acción del demonio. Por supuesto que la acción a la que se refiere este pasaje del Evangelio es propiamente una posesión diabólica, y estamos presenciando un exorcismo realizado por Cristo. Pero hay que tener en cuenta que la posesión no es la única forma de ataque que tiene el demonio, y hay que tener en cuenta también que su manera de obrar, ya se trate de posesión o de no posesión, en el fondo persigue los mismos fines. Por eso, sin caer en una especie de obsesión sobre el tema diabólico, es muy oportuno que aprendamos algunas lecciones.

La primera de ellas es que el demonio aísla y destruye a la persona. Eso es lo que encontramos precisamente en el caso de este hombre. Este pobre hombre. Él ha sido aislado, separado de la sociedad humana y allí, bloqueado en sus propias maldades y en su propia oscuridad, rechaza también a las demás personas. No lo pueden controlar. No lo pueden sujetar. Causa miedo. Causa distancia. Eso es propio de la acción del demonio. A toda costa el demonio quiere aislarnos. En el caso de este poseso, ese aislamiento era incluso físico. Vemos que estaba separado de la sociedad. Pero nos damos cuenta que también la acción del maligno en nuestras vidas pretende cosas parecidas. Es muy dramático, por ejemplo, ver cómo una persona que está sujeta a un vicio se va aislando. Es muy dramático ver cómo una persona que está en el mundo de la mafia se va aislando. Es muy dramático ver cómo una persona que tiene un resentimiento, que tiene un odio, no quiere pensar en otra cosa ni quiere oír otra voz. Así que la primera lección es, el enemigo definitivamente quiere aislarnos. Lo mismo que un animal de presa. Una fiera trata de separar de la manada del rebaño. Trata de separar a un animal en especial y cuando lo tiene aislado, cae sobre él. Eso también quiere el demonio con nosotros.

En segundo lugar, debemos darnos cuenta que el enemigo se queja, se lamenta cuando Cristo le dice, espíritu inmundo sal de este hombre. Se queja, como si pidiera una especie de compasión. No nos atormentes, dice el enemigo. Pero ¿qué es lo que quiere en realidad? Sabemos que el demonio detesta no ser Dios. Es decir, su odio contra Dios es porque él, el demonio, no es Dios. Pero resulta que el demonio no puede obrar en otro universo, sino en este universo único creado por Dios. Nosotros decimos siempre en el Credo; Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Eso quiere decir que si es Creador, si Él es el único Creador, el enemigo malo no puede jugar en otra cancha, por decirlo de esa manera. Y por eso, cuando él se adueña del pecador. Cuando cae sobre el pecador, en el fondo lo que quiere es exactamente ese creer en la mentira, en la ilusión de que tiene algo. Podemos decir que el pecador le está prestando un pequeño terreno donde el enemigo se siente dueño porque no es dueño de nada. El único dueño es el Creador, el único soberano es Dios. Pero la persona en pecado, podemos decir, que le da como un pequeño terreno, el terreno de su corazón y de su vida. Y en ese pequeño terreno, el demonio vive su mentira, su mentira de que si tiene algo, cuando no tiene nada en realidad. Cuando Cristo expulsa el demonio, el demonio siente que está perdiendo ese pequeño terreno que tenía. Y por eso su lamento, no nos atormentes.

Yo creo que estas lecciones son importantes. El enemigo, ya sea directamente en una posesión o a través del poder del pecado, el enemigo quiere aislarme, el enemigo quiere destruirme y el enemigo quiere que yo le abra un espacio donde él viva su mentira. Es un inquilino, un inquilino que en realidad no paga arriendo y que destruye el lugar donde está. Pidamos entonces, también nosotros a Cristo, que se complete y se haga su obra en nosotros, que nos libere de todo poder de las tinieblas, porque solo Él, solo el Señor Jesús, puede completar el Evangelio en nosotros. Yo sé, que ya hemos oído el Evangelio, pero es que el Evangelio tiene que ser completo, tiene que ser perfecto en nosotros. Solo con Cristo es posible.

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