Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos al Señor verdadero espíritu de conversión porque el pecado al adueñarse de nosotros nos acerca a la muerte, destruimos a los otros y a nosotros mismos.

Homilía i041007a, predicada en 20170130, con 5 min. y 58 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy, está tomado del Capítulo Quinto de San Marcos. Es dramático, por lo menos desde la perspectiva de que se trata de un encuentro. Se trata de un conflicto, un enfrentamiento entre Cristo, que es la luz y el poder de las tinieblas. En una región abandonada completamente de la predicación de la fe, la región de Gerasa. Jesús se encuentra con un poseso. La vida espantosa que lleva este ser humano poseído por el demonio, es como la demostración explícita de la gravedad del pecado. Algo así como la visibilización de lo que el pecado hace dentro de nosotros. Porque uno de los problemas del pecado es precisamente que es una realidad, espiritual e interior. De modo que una persona puede tener muy buen cuerpo, puede ser muy hermoso o hermosa, puede tener buena salud, puede tener un buen automóvil, un buen trabajo y puede parecer una persona feliz, pero por dentro está lleno de podredumbre, está lleno de muerte.

En este sentido, el Evangelio de hoy nos invita a ver lo que cultivamos por dentro, cuando dejamos que el pecado se adueñe de nosotros. Un gran exorcista que falleció no hace mucho, el padre Gabriel Amorth, autorizado por varios Papas, precisamente para realizar exorcismos en la ciudad de Roma, en la sede misma del Papa. Este padre Amorth decía que en cada confesión. Sacramento de la confesión. En cada confesión, el demonio es más derrotado que en un exorcismo. Porque finalmente el exorcismo tiene que ver con el cuerpo de las personas, mientras que la confesión tiene que ver con la realidad interior del pecado. O sea, que todo lo espantoso que nosotros veamos en un exorcismo, todo lo espantoso que nosotros veamos en un endemoniado, es apenas una parte, una tibia, una pálida demostración de lo que está sucediendo en el corazón cuando cae en pecado.

Y realmente lo que nos muestra el pasaje de hoy es sobrecogedor. Todo lo que sucede en una persona cuando está en pecado. Mire lo que se dice de este hombre, dice que nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas, que andaba entre los sepulcros gritando e hiriéndose con piedras. Es decir, acercándose ya a la muerte, por vía de acercarse a los muertos, haciendo escándalo, atacando a otros y destruyéndose a sí mismo. Es muy importante, tener claridad sobre esa realidad del pecado, porque el mundo en el que estamos quiere omitir completamente la realidad del pecado. Se quiere presentar al pecado solamente como una especie de error o como una especie de equivocación. Y no es así. El pecado es esa espantosa enfermedad del corazón, esa espantosa enfermedad del alma que tiene estas consecuencias. O sea, que la persona que está en pecado, particularmente en pecado mortal, está obrando interiormente, como vemos que aparece este endemoniado exteriormente.

Así que, si este endemoniado era alguien a quien nadie podía sujetar, pues eso es precisamente lo que vive la persona que está en pecado. Pensemos en una persona que está, por ejemplo, en una realidad de adulterio y nadie lo puede controlar. Nadie lo puede detener. ¿Por qué? Porque no lo detiene, el daño que le está haciendo a los hijos. No lo detiene, la hermosa fidelidad de la esposa. No lo detiene, el daño que está causando a su propia honra. Eso no lo detiene. Ninguna cadena lo detiene porque el pecado está adueñado de él. Además, este endemoniado grita y protesta, y eso es lo mismo que hace el pecador. Trata de contarle a la persona que está en pecado lo que está haciendo y verás cómo le salen los bramidos y cómo le sale la ira. ¿Y usted por qué se mete conmigo? ¿y yo veré lo que hago? ¿y esta es mi vida? Esos son los gritos, son los gritos que provienen de ese centro pútrido de pecado que está adentro. Y luego este hombre, está acercándose a los muertos y hacia allá nos lleva el pecado.

Por eso la persona en pecado muchas veces se pone en riesgos inútiles. Y la persona que está en pecado muchas veces es partidaria del aborto y es partidaria de la eutanasia, porque vive entre muertos y porque ya mira la muerte y habla de una manera cínica sobre la muerte. Como aquel jefe militar de la guerrilla colombiana, el llamado Mono Jojoy, que decía, a mí me mataran antes de los cuarenta y cuando pasó de los cuarenta años de edad, decía que eso era como tiempo adicional que le había dado la vida. Pero no pensaba en arrepentirse ni de sus secuestros, ni de las torturas, ni de las cosas que hizo. Entonces, realmente lo que un endemoniado nos muestra exteriormente es lo que llevamos por dentro, cuando dejamos que el pecado se adueñe de nosotros. Y por eso hay que pedirle a Dios, que traiga a nuestros corazones verdadero Espíritu de conversión. Así nos lo conceda, por su inmensa misericordia, la que trajo a Cristo a Gerasa y la que trajo a Cristo a esta tierra.

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