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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tan importante es la victoria de Cristo sobre el poder de las tinieblas que su misión entera puede ser descrita como un inmenso exorcismo.
Homilía i041005a, predicada en 20130204, con 4 min. y 25 seg. 
Transcripción:
Uno de los aspectos más impresionantes de la misión de Jesucristo es su lucha contra las tinieblas. Aunque mejor debería decir su victoria sobre las tinieblas. Y estoy hablando específicamente del espíritu de las tinieblas. Estoy hablando del demonio. Nuestra mentalidad cientificista, es decir, nuestra mentalidad que idolatra la ciencia como único criterio de verdad y que por consiguiente, considera que solamente lo material y lo que puede ser verificado en un laboratorio existe. Esa mentalidad, tan común en nuestro tiempo, hace que se considere como imposible una verdadera acción del demonio o incluso que se considere como pura fantasía la existencia del espíritu de las tinieblas.
Hay algunos pasajes de la escritura, que se suelen presentar como argumento para decir que se trataba simplemente de fuerzas psicológicas, de desórdenes psiquiátricos o de enfermedades, como por ejemplo, la epilepsia. Si tomamos en serio el pasaje de hoy, tendríamos que hablar de marranos epilépticos o tendríamos que hablar de cerdos con crisis de identidad, o tendríamos que hablar de una piara que necesita psicoanálisis. Es muy importante reconocer esta acción del espíritu de las tinieblas, sobre todo por una razón, para darnos cuenta que hay uno que es más fuerte y para darnos cuenta que solo Él, que se llama Jesucristo, puede arrancar de lo profundo del corazón humano esas tendencias más oscuras, allí donde el pecado ejerce su fascinación. Porque precisamente el problema del pecado no es el mal. El problema del pecado es el bien, el bien engañoso que nos ofrece, el atractivo seductor con que nos envuelve. Y ese poder del mal que es el poder de un bien aparente pero tan seductor. Ese poder del mal es el que tiene que salir de nosotros. Y es ahí donde el verdadero bien, no bien engañoso, sino verdadero y sólido bien. El bien que trae Jesucristo, ejerce su poder. Por eso, en cierto sentido, este ministerio de liberación, este misterio de ministerio de exorcismo, es como un resumen de toda la misión de Cristo.
De hecho, en el Evangelio de Juan encontramos una expresión impresionante. Dice Jesús, refiriéndose al momento final, el momento de la cruz. Ahora va a ser expulsado el príncipe de este mundo. Con esas palabras Cristo está diciendo que toda su misión, que su vida entera fue un exorcismo, que su vida entera fue un liberarnos del poder de las tinieblas. Y así lo dice abiertamente la carta a los Hebreos, que Cristo liberó a aquellos que por temor a la muerte vivían como esclavos del diablo. Esa es la expresión que utiliza la carta a los Hebreos. O sea, que no hay que minimizar ni muchísimo menos negar esta obra de exorcista que realiza Jesús, entre otras cosas. Porque es un resumen muy hermoso de lo que Él vino a hacer por nosotros. Agradezcamos al Señor su ternura, su piedad. Es la misericordia la que está obrando aquí. Es el amor de Dios el que hace posible esta liberación. Y es ese amor el que necesitamos que visite nuestras vidas.

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