Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fe empieza en el orden de lo imposible porque para lo posible no se necesita creer. Y la fe da victoria, o a lo menos la fuerza para no vender lo que creemos por el precio de lo que deseamos.

Homilía i041004a, predicada en 20110131, con 17 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Vamos a hablar de cómo el mundo quiere a veces arrebatarnos la luz de la gracia, la amistad con Dios. Y vamos a pensar, tratar de pensar como piensa el enemigo. Es decir, ¿qué habría que hacer para que una persona creyente dejara de creer o para que una persona buena dejara de ser buena? Supóngase que usted es un enemigo de todo lo bueno. Supóngase que usted quiere destruir la bondad, la verdad, la santidad, la fe en alguna persona. Entonces, usted ¿qué hace para atacar a esa persona? Se hacen dos cosas. Esto es lo que nos enseña la primera lectura de hoy, aunque con un lenguaje muy distinto.

Las dos cosas que hay que hacer para destruir la bondad en una persona es primera: Lograr que la persona se desespere porque la persona es buena, pero las cosas le salen mal. Eso acaba con la paciencia de cualquiera. Si usted es bueno y le vienen males, entonces usted siente que se le acaba, se le acaban las ganas de ser bueno. Si uno hace las cosas bien y le pagan mal, se le quitan las ganas de ser bueno. Así de sencillo. Todos llevamos en la mente y en el corazón llevamos escrita una especie de ley que es que el bien se debe pagar con bien y el mal se debe pagar con mal. Eso tiene que ver con la justicia.

Pero si uno es bueno y le pagan mal, si uno es bueno y las cosas le salen mal. Si uno es bueno y recibe una mala noticia y después otra peor y después otra mala, entonces a uno se le quitan las ganas de ser bueno. Hay personas que eran buenas o relativamente buenas y cuando les ha sucedido una tragedia en su familia, por ejemplo, y Dios nos libre que les han secuestrado a un pariente o que un hijo se les accidentó y se les murió, o que un amigo con palabras muy dulces los indujo a hacer un negocio que luego resultó ser una trampa y lo perdieron todo. Cuando pasan esas cosas, aún las personas muy buenas se sienten tentadas de volverse muy malas. Reniegan de Dios, empiezan siempre preguntando ¿a mí por qué me va a pasar esto a mí? ¿Por qué me sucede esto? Entonces, suponiendo que uno fuera un ser muy malo que quiere destruir la bondad en las personas. Entonces uno intenta eso, uno intenta que si van a hacer alguna cosa buena les salga mal. Esa es una manera de atacar que son buenos, pero las cosas les salen mal. Eso agota, eso desgasta.

No son muchas las personas que resisten ese ataque. Caen en impaciencia, en incredulidad, dejan la oración, se apartan de Dios. Hay gente, repito, que se ha apartado de Dios por una cosa muy mala que les ha sucedido y dicen: No, eso no tiene sentido. Rezar yo para qué la misa yo para qué la oración. Y se apartan del Señor. Es decir, parece que ahí triunfó lo malo. No se logró. Pero esa es solo una estrategia. Esa estrategia se resume en lograr que le vaya mal a los buenos. Hay otra estrategia. La otra estrategia es, por supuesto, lograr que le vaya bien a los malos. Entonces, si la persona buena y honrada se enferma, la roban. Tiene mala suerte, como dice popularmente nuestro pueblo. Y si en cambio el que es malo y perverso le va bien, tiene buena salud, no le da ni gripe. Entonces la tenaza se hace todavía más fuerte y llega indudablemente la tentación. ¿Y por qué no haces tú lo mismo? ¿Y por qué no repites tú lo que está haciendo el malo, que se ve que le va bien? Y también en esto hay una cantidad de gente que ha caído, gente relativamente honrada, buena, que le plantean un negocio perverso.

El ejemplo típico sería el narcotráfico, no. Usted lo único que tiene que hacer es llevar esto. Lo entrega allá, recibe su plata y quedó tranquilo. Por supuesto que no va a quedar tranquilo, pero así se le vende el negocio. Entonces, esas son las dos grandes estrategias de una tenaza espantosa que pone muy, muy a prueba la fe. Pone muy a prueba la constancia y la fidelidad. Si uno es bueno y las cosas le salen mal, o si uno empieza a ver que a los malos las cosas le salen bien y luego le proponen a uno que haga lo mismo. Ese es un ataque bastante fuerte. Eso es difícil de vencer. Pero precisamente la primera lectura de hoy nos muestra cómo hay una cantidad de gente que basándose en su fe ha logrado la victoria, es decir, ha logrado el bien. Y esa misma gente y otra gente parecida, aunque les fuera mal, se sostuvieron en el bien.

Entonces, estas son las dos grandes obras de la fe según el pasaje de hoy. Las dos grandes obras de la fe son buscar el triunfo del bien por encima de todo. Y si no llega el triunfo del bien, no me voy a vender al mal que gane el bien que gane lo bueno, es decir, extender el bien, propagar el bien, dar testimonio de Él, darle la gloria a Dios. Esa es una obra de la fe, y esa obra de la fe es vigorosa y es eficaz y es fuerte para frenar la primera estrategia que dijimos, la primera estrategia del mal. Estrategia que consiste en lograr que a uno le vaya mal. Nosotros tenemos que estar ocupados haciendo el bien. Cuanto más ocupados estamos haciendo el bien, menos poder tiene el mal para lograr que a nosotros las cosas nos salgan mal. Pero de un modo más teológico, más formal, podríamos decir. La primera defensa es ocuparse en el bien, ocuparse de la gloria de Dios, buscar la victoria y buscarla para Dios. Esa es una obra de la fe buscar la victoria para Dios.

Por ejemplo, una persona que trabaja se encuentra con que su ambiente de trabajo es malo. Es malo porque la gente murmura mucho. Es malo porque hay mucha mentira, hay mucha vulgaridad. No es un ambiente sano, no es un ambiente bueno. Entonces, la persona que aplique esta primera estrategia del bien que hemos dicho debe ponerse como tarea. Yo voy a extender la gloria de Dios aquí. ¿Qué tengo yo que hacer para que aparezca el amor de Dios aquí? ¿Qué tengo que hacer para que aparezca el poder de Dios aquí? No es simplemente tratar de recluirse, encerrarse como una ostra. El bien es difusivo. Hay que tratar de conquistar terreno para Dios. Hay que lograr terreno para Dios. Hay que conquistarlo. Hay que lograrlo. Nosotros no podemos simplemente encerrarnos y esperar, por ejemplo, a que la gente llegue. Hay que salir, hay que conquistar, hay que lograr que aparezca esa bondad, que aparezca ese poder, que aparezca la belleza de Dios. Hay que estar activamente ocupados en eso y se ven cosas maravillosas.

Sin embargo, pues el mal también juega sus cartas y hay momentos en los que quiere ahorcarnos, quiere asfixiarnos con esa clase de propuestas. Vuélvete malo y te va bien. Y frente a eso, entonces hay otra victoria, que es la victoria de resistir, como hicieron aquellos jóvenes en el libro de Daniel cuando les dijo el rey impío que los iba a quemar y decía los iba a tirar al horno ardiente. Y entonces dice: ¿Y qué Dios los podrá librar de mi mano? El tipo se creía un Dios? No? Y los muchachos estos le responden y dicen Dios tiene poder para sacarnos de tus manos. Pero aunque Dios nos deje morir, no vamos a cometer idolatría. No vamos a darle culto a la estatua, no vamos a renegar de Dios. Ahí están los dos actos. Dios tiene poder para librarnos, pero aunque no nos librará, tampoco vamos a vender nuestra fe.

Entonces hoy aprendemos que fortalecer la fe es esas dos cosas: estar ocupado en el bien, no retroceder frente a las pretensiones arrogantes del pecado, no retroceder frente a la vulgaridad, frente al doble sentido, frente a la mentira, frente a la arrogancia. Nosotros no retrocedemos, nosotros avanzamos. Tenemos que mirar a cada persona, a cada persona que parece estar dándole la espalda a Dios. Tenemos que verla como un objetivo, como alguien a quien hay que conquistar para Dios. Pero claro, hay que conquistarlo con las armas del Espíritu, porque así como el espíritu del mal de muchas maneras obra en los pecadores, nosotros necesitamos las herramientas del Espíritu Santo de Dios.

Por eso San Pablo dice en su carta a los Efesios: Nuestra guerra no es contra la carne y la sangre. Este no es un asunto simplemente de inteligencia humana. Aquí se necesita la estrategia y la obra de Dios. Se necesita la unción del Espíritu que muestre cuál es la ocasión, cuál es el momento, cómo hay que llegar, qué hay que decir, pero de parte nuestra, eso lo hará Dios, pero de parte nuestra tiene que haber la disposición de no rendirse. Tiene que haber la disposición de hacer más y más extensos los dominios del bien y de lo bueno. Y esto se llama combate espiritual, y entonces hay que estar en combate espiritual. Uno no puede resignarse.

Hay una cantidad de gente que se resigna, una cantidad de papás que los hijos viven arrejuntados, amancebados o como se quiera decir, pero ya se resignaron. Y entonces se resignaron, quiere decir que empiezan a tratar a los hijos como si fueran casados y le reciben al hijo con la amante o moza o concubina, o como se le quiera llamar, o a la hija con el amante o moza o lo que tenga. Y ya después de pelear unas cuantas veces, ya se cansan y ya admiten las cosas así. Un cristiano no puede admitir las cosas así. Nosotros no fuimos creados para retroceder, sino para avanzar. Por eso es tan completamente absurdo que hay una cantidad de gente que le está pidiendo a la iglesia que retroceda. Es decir, que simplifique, que simplifique la moral, que retroceda, que la disminuya.

Entonces, cómo la gente parece que no puede con la enseñanza sobre los anticonceptivos, entonces retrocedamos y entreguemos esas armas. Y como parece que no se puede con el aborto, pues retrocedamos. Y cómo la gente se divorcia, pues retrocedamos. Y como ahora se casan unos con unos y unas con unas, entonces retrocedamos. Nuestro cristianismo no es de retroceder, nuestro cristianismo es de avanzar para el que conoce el poder de Dios. Porque es que el matrimonio va a ser difícil siempre y la vida religiosa va a ser difícil siempre. Y el sacerdocio va a ser difícil siempre, siempre. No existe una vida sacerdotal fácil, ni existe un matrimonio que sea coser y cantar. Siempre va a haber dificultad, pero nosotros estamos criados para eso, para mirar la dificultad a los ojos y avanzar y avanzar. Uno no tiene que retroceder, hay que avanzar.

Y cuando lleguen las heridas y cuando lleguen las propuestas de que traicionemos nuestra fe, entonces tenemos que decirlo de los muchachos. Yo sé que Dios me puede sacar de esta, pero aunque no me sacara, yo no voy a traicionar mi fe con esta clase de resoluciones. Uno empieza a vivir realmente de la fe, vivir de la fe, que esa sea la vida de uno, especialmente como predicadores, especialmente como sacerdotes, como misioneros. Nosotros no podemos retroceder. Tenemos que buscar la fuente de gracia. Buscar la fuente de fuerza. Está claro que no se puede. El ser humano solo no puede. Jesús lo dijo cuando el asunto del celibato y le dicen los apóstoles Pues si así son las cosas, mejor es no casarse.

Y Jesús dijo: No todos entienden este lenguaje. Y en otra ocasión dijo Allá en Mateo diecinueve dijo. Dijeron los apóstoles: ¿Pero entonces quién puede salvarse? Y Jesús responde: Para los hombres es imposible, pero Dios todo lo puede. Es decir, entendamos. Y con esto termino, entendamos que el orden de la fe empieza en lo imposible. Ahí es donde uno empieza. Ese es el ABC de la fe, lo imposible. Y efectivamente, es imposible ser fiel, es imposible ser sincero, es imposible ser humilde, es imposible amar a todo el mundo. Eso uno no puede. La carne y la sangre no dan para eso. Pero el orden de la fe desde el principio se sitúa en el terreno de lo imposible para el hombre. Y ahí es donde se recibe la fuerza del Espíritu.

Y uno empieza a ver que sí es posible. Es posible con el Señor. Resumen: El mal tiene sus estrategias, las estrategias del mal. Es tratar a toda costa que al bueno le vaya mal y que al malo le vaya bien. Ese fue el punto primero. Punto segundo. Pero el bien también tiene sus estrategias y las estrategias del bien son no retroceder. Y aunque me vaya mal, perseverar. Y tercero, la fe empieza en el orden de lo imposible, para hacerlo posible tú no necesitabas fe. Para gozar que me gané la lotería. ¿Necesito fe? No creo. El muchacho que está súper enamorado de su jovencita y la jovencita lo acepta. Y entonces le corresponde ¿se necesita fe para eso? Pero si esa muchachita se casó con ella. Y la muchachita le salió un cáncer y la muchachita se le va a morir y le deja tres niños chiquitos. ¿Necesita fe? Sí.

Entonces la fe se sitúa en el orden de lo que es imposible para el ser humano. Pero imposible no quiere decir irracional. Imposible quiere decir suprarracional. No está en contra de la razón, está más allá de la razón. Sigamos con esta celebración de fe. Al comulgar, muchos de ustedes, la mayoría, espero que todos comulguen. Al comulgar estamos recibiendo el sacramento de nuestra fe. Estamos comiendo un imposible. Dios se hizo hombre. Dios se queda con nosotros en la Eucaristía. Dios nos da su cuerpo y su sangre. Eso es imposible. Nosotros nos comemos el imposible para que el imposible viva en nosotros y haga posible lo que nosotros no podíamos.

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