Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Eucaristía es el único sacrificio, el definitivo, el que no hay que repetir, el que nos abrió la puerta de la salvación y nos llevará a la perfección en Cristo.

Homilía i033008a, predicada en 20250129, con 6 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Llevamos varias semanas escuchando textos de la Carta a los Hebreos. Es un documento que, siempre digo lo mismo, necesita ser más conocido porque le da raíz, le da profundidad, le da belleza a nuestra fe cristiana. La Carta a los Hebreos es un documento que fue escrito, por supuesto, en el siglo I y fue escrito para cristianos que necesitaban un nuevo impulso. Podríamos decir que, golpeados por las persecuciones, por las humillaciones, por la exclusión, incluso por la pobreza, todo ello debido a que eran judíos que practicaban la ley y practicaban el sacerdocio judío y cuando empezaron a creer en Cristo, se vieron despojados de todo, de todo.

Bueno, pues estos convertidos que están pasando una crisis fuerte de fe, necesitan un refuerzo. Y es una de las varias razones por las que yo amo profundamente la Carta a los Hebreos, porque yo hago esta pregunta ¿quién de nosotros no necesita, de vez en cuando, ese refuerzo, esa voz convencida, profunda, ardiente, que nos dé un nuevo impulso? Y eso exactamente es la Carta a los Hebreos.

No de una manera superficial, es decir, no es que simplemente nos diga cosas bonitas, no, es de una manera profunda, porque se hunde en la realidad del culto que había en el Antiguo Testamento para mostrarnos la superioridad del culto del Nuevo Testamento. Dicho de otra manera, nos ayuda a entender que si los sacrificios del Antiguo Testamento ciertamente tenían un papel y tenían un propósito, infinitamente mejor el sacrificio del Nuevo Testamento, es decir, aquello que Cristo ha hecho por nosotros, aquello que ha acontecido en la cruz.

Y esa es una de las varias maneras de entender la Carta a los Hebreos. Es como una larga meditación sobre el sacrificio de la Cruz. Es, podríamos decir, una lectura de la Cruz. Uno de los aspectos de esa lectura es lo que aparece precisamente en el texto de hoy, porque en el texto de hoy lo que se nos dice es que el sacrificio de Cristo es definitivo, no tiene que repetirse. Los sacrificios de la antigua Alianza tenían que estarse repitiendo, repitiendo y repitiendo No, este no, el sacrificio de Cristo es definitivo, número uno. Y el sacrificio de Cristo es capaz de llevarnos a la perfección. Los cristianos aprendieron pronto estas lecciones.

Esta es la razón por la que ya desde los primeros tiempos comprendieron que el sacramento del bautismo no se podía repetir, es un sacramento que no se repite ¿por qué? Porque el bautismo nos une a ese único sacrificio perfecto de Cristo. Un bautismo que se repitiera, sería como decir que no valió. Y si no valió la primera vez, qué garantiza que valga la segunda, o la tercera, o la número diez. Entonces, el bautismo no se repite, porque el bautismo es unión con el único sacrificio pascual, el perfecto sacrificio de Cristo. Y por eso es muy importante, es uno de los frutos de la Carta a los Hebreos, que nosotros valoremos, valoremos lo que es nuestro bautismo, ser de Cristo.

Pero viene la otra idea que también aparece en el texto de hoy, y es que nosotros, a través de ese sacrificio único de Cristo, somos convocados, óyeme bien, somos convocados ¿para qué? Para llegar a la perfección. O sea que el mismo sacrificio que nos abre la puerta de la salvación, nos lleva a la plenitud de la salvación. Y esto sí que se nota muy particularmente en la Eucaristía, que no es otra cosa sino la presencia de ese único sacrificio. Nosotros decimos: se celebraron tantas misas, tantas misas. En realidad, solo hay una misa, en realidad solo hay una Eucaristía, porque en realidad solo hay un sacrificio.

Y por eso, por lo que, porque decimos que hay un solo sacrificio, pues nosotros estamos profundamente convencidos de que este único sacrificio es el que nos abre la puerta y es el que nos lleva hasta la plenitud. Y por eso, tú puedes pensar en un santo, hace poco recordábamos a un santo Tomás de Aquino. Tú puedes recordar un santo Tomás de Aquino. La primera vez que él recibió la comunión, con toda seguridad en su infancia. Y luego cómo la Eucaristía, unión con el único sacrificio de Cristo, le acompaña toda la vida. Y cuando está muriendo, a sus 49 años de edad, en la abadía de Fossanova, cuando está muriendo, entonces, ¿qué es lo último que recibe Tomás? La misma Eucaristía, la misma unión con el único sacrificio.

La Eucaristía, unión con el único sacrificio, te abre puerta de salvación, te conduce durante toda tu vida y te espera al final, a la hora de la muerte. Dios permita que cada uno de nosotros tenga una muerte santa. Que estemos lúcidos y podamos reconocer la presencia real de Cristo, al recibir por última vez el Santísimo Sacramento. Esa es una aplicación de este texto de la Carta a los Hebreos, el único sacrificio, el definitivo, el que no hay que repetir, nos abrió la puerta de la salvación y nos llevará a la perfección en Cristo. Así sea.

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