Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El ideal de Dios es que seamos de Él de una vez y para siempre, que le demos un sí resuelto, que reconozcamos que en el amor del sacrificio de Cristo está nuestro modelo de vida.

Homilía i033006a, predicada en 20210127, con 6 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, esta es la tercera semana en la que vamos leyendo para la primera lectura de la Santa Misa en muchos días, no todos, pero en muchos días vamos leyendo la Carta a los Hebreos. Debe ser muy importante esta carta para que la Iglesia le conceda tres semanas del tiempo ordinario y efectivamente lo es. El texto de hoy está tomado del capítulo décimo de esta Carta a los Hebreos, un capítulo en el que se hace el contraste entre los sacrificios que se ofrecían en el templo según la ley de Moisés, y el sacrificio que ofreció Jesucristo, fuera de Jerusalén, muriendo en la cruz. En ambos casos se trata de sacrificios, pero hay una gran diferencia, o mejor, hay muchas diferencias.

Y precisamente la Carta a los Hebreos quiere destacar esa diferencia que hay, porque es la manera de reconocer cuál es la alianza que nos cobija a nosotros, porque es que los sacrificios del templo de Jerusalén eran los sacrificios propios de esa alianza. Mientras que el sacrificio que ha traído vida y salvación a nosotros por ser precisamente expresión de un amor sin límites, ese es el sacrificio de Jesucristo en la cruz, ese es el sacrificio de Cristo. Entonces, ¿qué es lo que nos enseña la carta? Básicamente hace esta comparación, los sacrificios de la Antigua Alianza eran muchos, el sacrificio de Cristo es uno. Los sacrificios de la Antigua Alianza tenían que repetirse y repetirse. Y ¿qué indica esa repetición? Indica que eran sacrificios imperfectos.

Sacrificios imperfectos ¿en qué sentido? En el sentido de que en esos sacrificios no se alcanzaba lo que se quería. La pureza, la purificación, la verdadera unión con Dios no se alcanzaba y la prueba de que no se alcanzaba es que tocaba repetirlo. El sacrificio que no se repite es el sacrificio que es perfecto, es el sacrificio que sí logra su propósito y por eso, último contraste, los sacrificios de la antigua Alianza sucedían en el tiempo, en los días, en las horas, mientras que el sacrificio de Jesucristo sucede en la eternidad, porque Cristo presentó su sangre, su propia sangre, no sangre de otros, sino su propia sangre, cuando traspasando el umbral de la muerte, entró en la gloria del cielo.

Y no se nos olvide que cualquier templo, incluyendo el templo de Jerusalén, apenas es pálido, muy pálido reflejo de lo que es el verdadero santuario, la gloria del cielo. Entonces, fíjate, los sacrificios de la Antigua Alianza muchos, y el sacrificio de Cristo uno. Los de la Antigua Alianza imperfectos, el de Cristo perfecto. Los de la Antigua Alianza en el tiempo, el de Cristo en la eternidad. Es una enseñanza preciosa que nos ayuda a valorar más, a amar más, a admirar más lo que Cristo ha hecho por nosotros. Pero aquí hay un punto importante. Pero, ¿eso cómo lo aplicamos a nuestra vida? ¿O es solo para que nosotros aprendamos? Mira, hay por lo menos dos aplicaciones muy bellas de esta enseñanza a nuestra vida.

Primero, tú recordarás que hay algunos sacramentos que, se dice, imprimen carácter y son sacramentos que no se repiten, por ejemplo, el bautismo. El bautismo, que es nuestra asociación con el sacrificio de Cristo, no se repite. Así como el sacrificio de Cristo es único, el sacramento del bautismo no se repite. Si ha sido válido, ya es válido y es válido para siempre. Y el hecho de que la persona, como sucede en algunos países, con grosería, con ingratitud y con blasfemia, diga: Yo me quiero borrar el bautismo, no se lo puede borrar. Tú nunca serás bautizado, tú serás un bautizado apóstata, tú no puedes bautizarte. Eres un bautizado, un bautizado que escupió su fe, un bautizado que blasfema sobre su fe, pero eres un bautizado.

Lo mismo sucede con el sacramento de la Confirmación, lo mismo sucede con el sacramento del orden. No se puede borrar, no se puede borrar. Aún en el caso peor de la persona que rechaza su ordenación sacerdotal, ontológicamente, en su ser continúa siendo sacerdote. Será un sacerdote rebelde, un sacerdote hereje, un sacerdote cismático, un sacerdote apóstata, pero sigue siendo sacerdote, esa es una primera aplicación. Y la segunda aplicación, que es mucho más general, es la siguiente.

Mira, nosotros podemos ver que ese es el ideal de Dios que nosotros seamos de una vez y para siempre, que no estemos en este jueguito, en el que a veces estamos, de si me convierto, pero no me convierto, si creo, pero no creo, me acerco y me alejo. Eso hay que dejarlo para ese programa infantil que se llama o se llamaba Plaza Sésamo. Te acuerdas cómo en Plaza Sésamo querían enseñarnos, era un programa mucho más sano que lo que se transmitió después. Nos enseñaban lo que era cerca, lejos, cerca, lejos. Eso se deja para aprender, para aprender adverbios o para aprender conceptos. Pero Dios no quiere que seamos cerca, lejos. Dios quiere que tengamos un sí resuelto.

Y por eso también, por ejemplo, en el sacramento del matrimonio es para siempre, es hasta la muerte, es amar con todas las consecuencias. Entonces, enamorarnos del sacrificio de Cristo, enamorarnos del amor de Cristo ¿qué significa? Pues significa que nosotros reconocemos en ese amor, nuestro propio modelo de vida, de eso se trata, de que nosotros vivamos así. Así nos lo conceda el Señor, que es el único que puede darle constancia a nuestros corazones volubles.

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