Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Santificar las fiestas es poner una pausa en toda esa obsesión por la productividad y el lucro para apreciar lo que Dios te ha dado, celebrando su majestad y su gloria; viviendo en comunión con Él y con tus hermanos.

Homilía i023014a, predicada en 20250122, con 7 min. y 6 seg.

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Transcripción:

El tercer mandamiento de la ley de Dios nos enseña a santificar las fiestas. Y ¿qué significa santificar las fiestas? Para los judíos, el día santo era fundamentalmente el sábado y también tenían una serie de fiestas, el día del Yom Kippur, tenían, por supuesto, la fiesta de la Pascua, la fiesta de las tiendas. Eso era para los judíos. Para nosotros, pues nosotros tenemos la Pascua, la Pascua de Cristo y tenemos el domingo. ¿Qué significa santificar la fiesta? Lo podemos aprender muy bien a partir del Evangelio de hoy.

Y ¿qué es lo que aprendemos? A ver, la escena es que Cristo está en una sinagoga el día sábado y hay un hombre que tiene la mano paralítica. Cristo va a curar a este hombre. Para los fariseos, curar es trabajar y trabajar está prohibido el sábado. Por lo tanto, si Cristo va a curar, quiere decir que Cristo va a desobedecer el sábado, ¿por qué eso era importante para los fariseos? Porque los fariseos desconfiaban de Cristo, los fariseos no le creían a Cristo, los fariseos miraban con suspicacia a Cristo y por eso, buscaban de mil maneras tener de qué acusarlo.

Una de las acusaciones más graves que hubieran podido hacer, era precisamente, este hombre irrespeta la ley del sábado, por lo tanto, desprecia lo que nos dejó Moisés, por lo tanto, no viene de Dios. Hay que quitar a ese falso profeta, según ellos, ese falso profeta que sería Cristo, hay que quitarlo y nosotros somos los que sí sabemos enseñar. Nosotros somos los que sí conocemos realmente cómo es que debe vivirse la ley y cómo debe obedecerse a Dios. Ese era el plan, ese era el esquema mental de los fariseos. Entonces, para ellos lo que estaba prohibido era trabajar, eso era lo que estaba prohibido. Y si Cristo, pues va a ser una curación, una curación es trabajar.

Ahí es donde tiene que entrar, ahí es donde tiene que entrar nuestra verdadera claridad sobre qué es descansar en Dios, qué es santificar las fiestas, qué es celebrar el amor de Dios y la libertad que Dios nos trae. Ese es el punto que a nosotros nos interesa, exactamente eso. Eso es lo que nos interesa. Seamos todavía más concretos, si para los fariseos curar era trabajar. ¿Qué es curar para Cristo? ¿Qué es una curación para Cristo? Yo creo que con esa pregunta vamos a entender mucho. Para los fariseos, curar es trabajar, eso está claro. Bueno, y para Jesús, ¿qué es? ¿Curar qué es para Jesús?

El texto mismo lo explica, curar es liberar y eso implica amor al prójimo. Pero todavía hay algo más bello, curar es manifestar la gloria divina y, por consiguiente, lejos de haber una oposición entre la curación y el día sábado, ningún día mejor, dentro del esquema judío, ningún día mejor para la curación que el sábado, porque el sábado es el día para que brille la gloria de Dios y para que nosotros le demos la gloria al Señor. El sábado es el día para eso, el sábado es el día para que Dios se luzca y nosotros le celebremos y nos gocemos en Él, entremos en comunión con su inmenso amor, con su inmensa misericordia, y le demos la gloria y la alabanza. Ese es el sentido.

Entonces, santificar las fiestas no es simplemente parar de trabajar, o como algunos judíos ultra-ortodoxos en nuestro tiempo interpretan el sábado, porque ellos siguen con el sábado. Entonces, ellos entran en consideraciones de que si se puede utilizar la luz eléctrica o no, ellos entran en consideraciones de cuántos pasos se puede caminar o a qué distancia se puede ir de la casa, ese tipo de cosas. No, esa no es la esencia. La esencia de santificar la fiesta, la esencia de celebrar el Día del Señor es recibir su bendición, apreciarla y celebrarla, recibir y celebrar las obras de Dios, gozarnos en Él para entrar en comunión con Él.

Y esto no me lo estoy inventando. Mira, por ejemplo, lo que explica el mismo libro del Deuteronomio sobre lo que es una fiesta en honor de Yahvé: «Y te regocijarás tú y tu hijo, y tu hija, y el esclavo que está en tu casa y el forastero que está en tu ciudad, te regocijarás con el Señor». Entonces, lo fundamental del santificar las fiestas es que sea un día para apreciar lo que Dios me ha dado, para agradecerlo y celebrarlo, es el día para que Dios se luzca. Nunca se luce más que cuando hay liberación, liberación del poder del demonio, liberación del poder del pecado, liberación de la enfermedad, liberación de la injusticia. Eso es santificar las fiestas.

Entonces, santificar las fiestas es entrar en una especial comunión con el Señor, dándole gracias, alabándolo, celebrándolo y uniéndonos a Él, eso es lo que significa santificar las fiestas. Apreciar, agradecer, celebrar, proclamar la gloria, eso es lo propio. Qué mal, qué mal que lo estaban entendiendo aquellos fariseos cuando pensaban que simplemente era asunto de contar pasos y de que este trabajo se vale y este no se vale y ese tipo de cosas. Es poner una pausa en toda esa obsesión por la productividad y por el lucro. Ponle una pausa a todo eso y aprecia lo que Dios te ha dado, celebra la majestad de Dios, celebra la gloria de Dios, vive en comunión con el Señor. Recuerda tu dignidad y proclama quién es Dios en tu vida. Amén.

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