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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Qué de lo que te gusta y sirve le puedes ofrecer a Dios?
Homilía i023013a, predicada en 20230118, con 8 min. y 21 seg. 
Transcripción:
El libro del Génesis tiene una cantidad de personajes muy llamativos. ¿Quién no se acuerda, por ejemplo, de Matusalén? Matusalén, según el libro del Génesis, vivió casi mil años, novecientos y tanto, es un personaje muy especial. Noé, el del Arca, pues imagínate otro personaje muy, llamémoslo así, único. Entre todos esos personajes hay que recordar también a Abraham, por supuesto, hay uno que se menciona hoy en la primera lectura de la Carta a los Hebreos, ese personaje se llama Melquisedec.
Y ¿qué es lo que tiene de particular Melquisedec? Pues, hay dos cosas. Primera, que Abraham, que en sí mismo, pues ya te imaginas la importancia que tiene, Abraham le ofreció diezmo de su victoria en alguna batalla que tuvo, le ofreció diezmo de su victoria a Melquisedec. O sea, tú piensa quién es Abrahán y piensa que Abraham le dio diezmo a Melquisedec, y esto hace de Melquisedec un personaje muy misterioso y a la vez muy encumbrado, muy alto, Melquisedec. Además, como cuenta el texto de la Carta a los Hebreos, Melquisedec aparece sin padre, sin madre, sin descendencia, según la carne.
Y por eso, la Carta a los Hebreos compara a Cristo con Melquisedec, porque Cristo aparece con una genealogía, claro, en esta tierra, por ejemplo, la tienes en el capítulo primero de San Mateo, pero Cristo realmente viene de lo alto. Así, por ejemplo, en Lucas capítulo primero, nos encontramos que Zacarías nos habla del sol que nace de lo alto, Cristo viene de lo alto, el origen de Cristo es misterioso, y además Cristo no tiene descendencia según la carne. Pero lo más impresionante, esa es una particularidad de Melquisedec, que Abrahán le ofreció el diezmo de todo lo que había ganado.
Pero la otra particularidad no es menor. La otra particularidad es que Melquisedec ofrecía un sacrificio extraño. Los sacrificios en esta cultura antigua, eran siempre sacrificios con derramamiento de sangre, se sacrificaban víctimas, por ejemplo, cabritos o bueyes o tórtolas o corderos. Pero Melquisedec hace una ofrenda de pan y vino, una ofrenda que se parece tanto a lo que sucede en el altar, pan y vino. Esa era la ofrenda de Melquisedec y es muy extraña esa ofrenda, ofrecía pan y vino. ¿Qué podía significar en ese legendario personaje, en la cabeza de ese legendario personaje, qué podía significar ofrecer pan y vino?
Bueno, nosotros no ofrecemos pan natural, sino ese pan es el cuerpo de Cristo y no ofrecemos vino como la simple bebida, ese vino por la consagración es la sangre de Cristo. Pero lo impresionante es que Melquisedec ofrecía pan y vino, es difícil tratar de entender esta ofrenda de Melquisedec, pero yo les voy a compartir la única explicación que conozco. Resulta que el pan es, tal vez, el alimento más universal en la humanidad, y el vino es una bebida muy común, tal vez no es la más común de todas, pero es una bebida muy, pero muy común para acompañar las comidas. O sea que el pan y el vino son comida humana.
Y al ofrecer pan y vino, Melquisedec estaba ofreciendo de lo que él comía. Es decir, él estaba comiendo con la divinidad, él estaba comulgando con la divinidad. Y por eso, en el sacrificio de Melquisedec hay, repito, ese misterio, porque al ofrecer la víctima se derrama, por ejemplo, sangre. Pero aquellos pueblos no consumían la sangre, de hecho, tú lees en la ley de Moisés que se dice la sangre se derrama en sacrificio, pero la sangre no se consume. Y todavía en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando el Concilio de Jerusalén se les manda a los cristianos de aquel tiempo que no consuman las víctimas con huellas de sangre. O sea que la sangre, la sangre, no, la sangre no se consume.
En cambio, Melquisedec ofrecía algo que él podía comer. El sacrificio de Melquisedec era entrar en una cena con Dios, era comer con Dios. Y esto, esto nos indica algo muy profundo, porque nos indica algo sobre la manera de agradar a Dios. Dale de lo tuyo, de lo que a ti te gusta y vamos a dar dos o tres ejemplos rápidos. Por ejemplo, a ti te gusta mucho utilizar tu celular y pasas mucho tiempo con tu celular. Qué tal si tú le ofreces un poco de eso que a ti te gusta, se lo ofreces a Dios. Entonces, un tiempo en el que te privas de usar tu celular porque quieres tener ese tiempo con Dios, le estás dando de lo que a ti te gusta, de lo que a ti te sirve.
Supongamos que te gusta comprarte ropa fina. Pero imagínate que un día, en vez de comprarte ese polo, como dicen en muchos lugares, ese pantalón de marca, esos, esas zapatillas finas, tú dices, yo voy a utilizar esto para el servicio de Dios y le das de lo que a ti te gusta, de lo que tú consumes. Piensa lo que eso significa. O qué tal, y este es mi último ejemplo, a muchos de nosotros nos gusta dar y recibir abrazos, y nosotros abrazamos a las personas que nos gustan, que queremos, que sabemos que nos quieren. Qué tal servir a Dios en la persona de aquellos más necesitados, esos que nunca reciben un abrazo, qué tal un abrazo, qué tal dar de los abrazos que a ti te gusta recibir.
Melquisedec dio de lo que a él le gustaba y a él le servía, Melquisedec dio una parte de él. Piensa lo que eso significa y piensa qué de lo que a ti te gusta y a ti te sirve le puedes dar a Dios para seguir el camino de Melquisedec. Amen.

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