Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fuente de vida está en el sacrificio perfecto de Nuestro Señor Jesucristo.

Homilía i023011a, predicada en 20210120, con 6 min. y 53 seg.

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Transcripción:

La Carta a los Hebreos es el documento del Nuevo Testamento que nos está acompañando en la primera lectura de la Santa Misa durante estos días, y no solo durante esta semana, prepárate, porque también la otra vamos a seguir con este sustancioso documento, realmente es de una riqueza muy grande. Además, es un documento muy original, realmente es, casi diríamos, el único libro de la Biblia que se refiere a Jesucristo como sacerdote. Y yo quiero que captemos un poco la originalidad y la belleza que hay en este modo de hablar de Jesús, nuestro Señor.

Mira que resulta extraño, sobre todo para los judíos resulta completamente extraño que se diga que Cristo es sacerdote, porque los judíos tenían una tribu de las 12 tribus de ellos, 12 tribus, tenían una, era la tribu sacerdotal, la tribu de Leví. Recuerda que esas tribus provienen de los nombres de los 12 hijos del patriarca Jacob, y uno de los hijos de Jacob se llamó Leví, mientras que otro de los hijos se llamó Judá.

Y resulta que lo propio de Leví, de ahí viene la palabra levita, es el ofrecer sacrificios, ofrecer sacrificios, pues primero acompañando a Moisés en la tienda de campaña en el desierto y después, acompañando a los descendientes de Aarón, el hermano de Moisés, en el templo de Jerusalén, esos eran los levitas. Lo propio de la tribu de Leví era el sacerdocio, eso era lo propio de ellos. Pero resulta que Jesús no es de la tribu de Leví. El sacerdocio en el Antiguo Testamento era algo hereditario, era algo que venía precisamente como en la sangre, se podía decir, no era algo vocacional, como es el sacerdocio, por ejemplo, en nuestra Santa Iglesia Católica.

Una persona puede sentir ese llamado y entonces entra a un seminario y hace un discernimiento. Y si la Iglesia así lo estima, pues ese hombre será ordenado sacerdote. Eso se llama sacerdocio vocacional, en el Antiguo Testamento el sacerdocio era hereditario, no era por vocación. Eso quiere decir que todos los varones de la tribu de Leví, por el solo hecho de haber nacido como descendientes de la tribu de Leví, ya tenían que ser considerados sacerdotes, es decir, tenían oficio sacerdotal. Entonces, esa es una diferencia. Y resulta que Jesús no es de la tribu de Leví. Jesús viene de la tribu de Judá, de donde viene el rey David, de la tribu de Judá.

Si tú miras, por ejemplo, en el Evangelio según San Mateo, capítulo primero, la manera como se abre el Evangelio de Mateo en ese capítulo, es precisamente contándonos la historia de los ascendientes de Jesús, es decir, de dónde viene Jesús. Y ahí aparece, por supuesto, Abrahán, Isaac, Jacob, Judá, y luego sigue por la línea de Judá hasta llegar a David, y luego sigue por la línea de David hasta llegar a José, el esposo de María, de la cual nació Jesucristo. O sea que Cristo está relacionado con la tribu de Judá, no con la tribu de Leví. Y por eso, es sumamente extraño, a primera vista, que la Carta a los Hebreos nos diga que Cristo es sacerdote. Eso tenía que sonar muy, pero muy extraño a los judíos de aquella época, ¿como así que sacerdote?

Pero es que la Carta a los Hebreos nos dice que el sacerdocio de Cristo es diferente. ¿Por qué? Porque el sacerdocio de los levitas era de ofrecer muchos sacrificios, el sacerdocio de Cristo es un solo sacrificio ¿cuál? El sacrificio del Calvario. La entrega radical, total, perfecta, que Él realizó de sí mismo, cuando murió por nosotros en la cruz. Luego, el sacerdocio de Leví era un sacerdocio imperfecto, esto lo destaca varias veces la Carta a los Hebreos, cómo en el sacerdocio levita había que repetir y repetir muchos sacrificios. Y lo que hay que repetir parece que no ha quedado bien hecho, ¿no?, por lo menos no es perfecto.

Así, por ejemplo, nosotros nos alimentamos, tenemos nuestros alimentos materiales, cierto, para nuestro cuerpo, alimentos corporales. Pero ninguno de esos alimentos es perfecto, porque yo como y después de unas horas vuelvo a tener hambre, ninguno de esos alimentos es el alimento que sacia perfectamente. Lo mismo pasa con los sacrificios. Los sacrificios de los levitas eran sacrificios imperfectos, mientras que el sacrificio de Jesucristo es el sacrificio perfecto, porque la víctima es perfecta, porque el sacerdote mismo, que es el mismo Cristo, es perfecto. Y por eso los sacrificios de los levitas, que eran sacrificios imperfectos, pues tenían que ser ineficaces.

¿En qué sentido? Pues si no es perfecto, el sacrificio no puede lograr la meta, solo puede mirar hacia la meta, solo puede ser como un boceto, como una especie de anticipación, como una especie, podríamos decir de figura, pero todavía no es la realidad. Es la distancia que hay entre los planos donde está, por ejemplo, una casa. Y entonces, te dicen: Mira, esta es su casa, pero tú no puedes vivir en ese papel, ese papel es apenas la figura. Entonces, la Carta a los Hebreos nos dice todo eso del Antiguo Testamento era como el boceto, como la figura, como el plano, pero ahí no se puede todavía vivir, ahí no está la fuente de vida. La fuente de vida está en Jesucristo, la fuente de vida está en el sacrificio perfecto de nuestro Señor.

Ese es el tamaño de enseñanza que nos da la Carta a los Hebreos, y yo creo que haremos bien asimilando esta enseñanza, saboreándola, disfrutándola.

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