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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El discípulo de Cristo muere por el otro, predica a un Dios hecho hombre que muriendo nos da la vida y entra en guerra a muerte contra el pecado y contra los ídolos de este mundo.
Homilía i023008a, predicada en 20170118, con 6 min. y 30 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo tercero, comienzo del capítulo tercero de San Marcos. Si pensamos en el conjunto de este Evangelio, nos encontramos más o menos sobre el 16 o 17% del texto, y esta cifra la doy para subrayar un hecho. El pasaje de hoy termina con una resolución, con una decisión que toman los fariseos: Hay que eliminar a Cristo, hay que acabarlo, hay que acabar con Él. Y esto me llama mucho la atención porque, te repito, estamos apenas en el 16-17% del Evangelio y ya hay una decisión de matar a Jesucristo. Qué podemos aprender de esta cifra que a mí me impacta, no sé si a ti, pero a mí me impacta mucho. Yo creo que por lo menos tres enseñanzas podemos tomar.
La primera de ellas es que nos demos cuenta que la muerte no le cae por sorpresa a Jesús. La muerte no le llega como algo que no se esperaba, como algo que sucede de un modo accidental, imprevisto. Todo lo contrario, ya llevamos varios días en los que están apareciendo las controversias con los fariseos y ya nos damos cuenta cómo Cristo ciertamente tiene una respuesta perfecta, plena, brillante, frente a los ataques de sus enemigos, pero es que lo que ellos están buscando no es aprender, a ellos no les interesa aprender Biblia o aprender teología. A ellos lo que les interesa es derrotar a Cristo para seguir con el lugar que creen ocupar dentro de la sociedad de ese tiempo.
Ellos se consideraban los maestros, los guías, personas con una gran autoridad para mostrarle al pueblo cuál era el camino hacia el Reino de Dios. Pero Cristo apareció y empezó a predicar el Reino de Dios, y la predicación de Cristo era muy distinta a la de ellos, y las multitudes dejaban a los fariseos por ir detrás de Cristo, y eso no se lo perdonaron jamás. Entonces, primera enseñanza, la muerte no llega como un imprevisto, no llega como una sorpresa, no llega como una especie de colapso inesperado, no. Llega como algo que había que esperar, había que saber que sucedería. Y esto es importante para nosotros, para que nosotros tengamos una visión realista de lo que es la vida cristiana.
Ser cristiano es ser discípulo de Cristo, ser discípulo de Cristo es entrar a pelear contra los ídolos. Y los que viven de los ídolos y los que están felices con los ídolos y los que creen que reciben mucho de esos ídolos nos van a odiar, a ver si lo aprendemos de una vez por todas, nos van a odiar. No se puede ser cristiano de otra manera. Un cristiano que busque una falsa paz, la falsa paz se llama Irenismo, un cristiano que busque una falsa paz es, en realidad, un traidor vestido de cristiano. Entonces, lo primero, la muerte se veía venir y se ve venir desde pronto.
Segundo, démonos cuenta lo que esto implica para la comprensión de la vida del Señor. Si desde tan temprano en los Evangelios aparece el tema de la muerte, pues por algo será. Será porque lo principal, lo más importante, lo central que hizo Cristo en nuestra vida, fue dar su vida. O sea que está muy bien el tema de los milagros, las sanaciones, eso está perfecto, los exorcismos, las liberaciones, está perfecto, la predicación de la justicia, eso está muy bien. Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, eso está pero demasiado bien. Y, sin embargo, el centro de la vida cristiana está en la cruz, el centro de la vida cristiana está en morir por el otro. Y ese centro de la vida cristiana es el que han practicado de un modo eminente y ejemplar los mártires, y es el que también nosotros debemos aprender.
La tercera consecuencia, brevemente, es que esto cambia la catequesis. Yo estoy sinceramente preocupado por la manera como a veces se presenta la catequesis, por ejemplo, a los niños o a los jóvenes. Lo que se nos presenta a veces sobre la primera comunión es que Cristo tenía una comida con unos amigos y entonces, pues allá comiendo con sus amigos, departiendo agradablemente con sus amigos, no es así, no es así, la última cena no fue eso. La última cena es la última cena es un drama terrible que desgarra el corazón de Cristo. Y la frase central en la Última Cena, por supuesto que es: Este es mi cuerpo que se entrega. Esta es mi sangre que se derrama. No es una comidita de amigos, es el drama del Dios hecho hombre que muriendo nos da vida.
Entonces, hay que mejorar la catequesis. Pido, pido respetuosamente, menos dibujos animados, menos caritas sonrientes y más predicación sobre el nivel de donación de Jesucristo. Lo mismo a veces en la Confirmación presentamos las cosas como que el Espíritu Santo te va a llenar de alegría, te va a llenar de paz, vas a ser soldado de Cristo, incluso hasta esa frase se dice, está bien, pero por favor, predica lo más claro, muestra que eso significa entrar en guerra a muerte contra el pecado y muestra que eso significa oponerse a muchas de las fuerzas que también hoy quieren arrebatarle el trono al Señor.
Desde la perspectiva de la donación de la vida y desde la perspectiva de la cruz, la vida cristiana adquiere su verdadera estatura. Y créeme, créeme, de eso necesitamos muchísimo hoy y vamos a necesitar mucho más mañana.

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