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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿En qué se basa la Carta a los Hebreos para llamar "sacerdote" a Cristo?
Homilía i023007a, predicada en 20150121, con 5 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Una de las características realmente únicas de la Carta a los Hebreos es que nos presenta la figura de Cristo describiéndolo como un sacerdote. Esta es una manera quizás un poco extraña de hablar de nuestro Señor, porque sabemos que en el Antiguo Testamento había solamente una tribu de las 12 tribus de Jacob, había solamente una tribu que era la de los sacerdotes, la tribu de Leví. Y resulta que otro de los hijos de Jacob se llamó Judá. Y resulta que, según la carne y la sangre, Cristo no está conectado con la tribu de Leví, sino con la tribu de Judá, la misma tribu de la que desciende el rey David. De modo que Cristo no pertenecía a familia sacerdotal y resulta que el sacerdocio era heredado por familias en el Antiguo Testamento.
Por eso la misma Carta a los Hebreos, que nos va acompañando en la primera lectura de estos días, dice que si se tratara de la carne y de la sangre, Cristo ni siquiera sería sacerdote. Efectivamente, no podría serlo porque no pertenecía a la tribu sacerdotal, no pertenecía a la tribu de Leví. Otra razón por la que es un poco extraño oír hablar de Cristo como sacerdote es porque, si miramos en los santos Evangelios, encontramos que de los grandes opositores que tuvo Jesucristo fueron los sacerdotes. Caifás era el sumo sacerdote en tiempos de la Pasión de Cristo. Anás, que era suegro de Caifás, había sido sumo sacerdote, pertenecía a familia sacerdotal y fue, podríamos decir, quien maquinó principalmente la manera de deshacerse de Jesús de Nazaret.
Así que realmente los sacerdotes, y especialmente los sumos sacerdotes, no quedan nada bien en los santos Evangelios. Lo que encontramos ahí, más bien, es que su propio sacerdocio es un obstáculo, en cierta manera, obstáculo no por el sacerdocio mismo, sino porque ellos se habían adherido a los privilegios propios de su casta sacerdotal y adheridos a esos privilegios vieron en Cristo solamente una amenaza. Tanto se enemistaron con este profeta de Nazaret que decidieron eliminarlo. Y en cierto sentido, lo consiguieron. Por supuesto, ellos no podían suponer lo que iba a suceder o no podían creerlo, mejor. No podían creer que Cristo se levantaría glorioso de la tumba y de esa manera echaría al traste los planes de destrucción que ellos habían maquinado contra Cristo.
Siendo así las cosas, todo esto sorprende cuando llegamos a la carta a los Hebreos y vemos que nos habla de Cristo como sumo Sacerdote. O sea, por favor, dimensionemos lo que significa presentar este lenguaje, especialmente frente a la primera comunidad cristiana que tenía que tener muy claras todas estas cosas que antes he dicho, sobre el linaje de Cristo y sobre quiénes habían sido sus principales enemigos. Pero la Carta a los Hebreos tiene muy buenas razones para hablar como habla. La principal de esas razones es sencillamente está, que el sacrificio de nuestro Señor en la cruz, que su ofrenda en la cruz es un sacrificio por el perdón de los pecados.
Fíjate cómo en cada Eucaristía lo recordamos: «Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros». Y decimos, dice el sacerdote en persona de Cristo: «Este es el cáliz de mi sangre, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados». Ese es un sacrificio. De manera que si hubo sacrificios en el templo de Jerusalén, esos sacrificios solamente pueden ser vistos como figura, como preparación, como un boceto, pero la realidad del sacrificio que perdona los pecados, eso es lo que encontramos en la cruz. Y si llamamos sacerdotes a aquellos que ofrecían ese acto de degollar a aquellos animales, cómo no vamos a considerar sacerdote a Cristo, cuando se ofrece a sí mismo, cuando se da a sí mismo por el perdón de nuestros pecados.
Por eso, si es verdad que aquellos sacerdotes del Antiguo Testamento cayeron en gravísimas faltas y fueron indignos a su vocación, eso no elimina la palabra sacerdote. Hay uno que se llama Jesús, que nos muestra el verdadero rostro, nos muestra lo que significa ser sacerdote, y a Él tenemos que mirar para ofrecer cada uno de nosotros nuestras vidas y para entender que también nosotros somos llamados a convertirnos en ofrenda para la gloria de Dios Padre.

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