Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

(1) La perfección dle sacrificio de Cristo es lo que hace que no tenga que repetirse. (2) Sus milagros son señales del Reino, no fruto de energía mental.

Homilía i023006a, predicada en 20130123, con 9 min. y 39 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

La Carta a los Hebreos está dirigida a una comunidad en la que había un número sustancial de convertidos del judaísmo y muy posiblemente levitas, que habían servido en el templo de Jerusalén. Por supuesto, al convertirse a Jesucristo, estos levitas lo habían perdido todo, habían perdido su fuente de ingresos, habían perdido su lugar en la sociedad, habían sido expulsados y humillados porque los habían sacado de esa manera de las sinagogas, incluso muchos de ellos habrían perdido también su círculo de amigos. Todas esas pérdidas, ellos las sobrellevaron al principio con bastante entusiasmo, con muy buen corazón, con alma generosa.

Pero después, con el paso del tiempo, cuando llega el día a día, cuando llega la rutina, ya las cosas son más pesadas y es ahí donde esta carta quiere ayudarles a encontrar un fundamento nuevo para su vida y también una nueva fuerza para seguir el camino. Por eso, la Carta a los Hebreos es a la vez un documento doctrinalmente denso y lleno de exhortaciones para tomar ánimo, para afirmarse en la fe, para continuar el camino. Una cosa que encontramos, por ejemplo, en el pasaje de hoy, es un recurso teológico y literario muy interesante. Obviamente, lo que esta gente, los de esta comunidad, sentían como más duro era haber perdido su sacerdocio, que era el del Antiguo Testamento.

Pero el autor viene en cierto modo a desmitificar ese sacerdocio, o mejor, a ponerlo en su justa medida. Está muy bien todo lo del templo de Jerusalén, eso tenía un lugar, eso servía de figura para lo que tenía que realizar Jesucristo. Pero era solo figura, era anuncio, era comienzo, la realidad venía después. Con ese lenguaje queda más fácil entender que la pérdida de ese sacerdocio, según la ley de Moisés, no es tanta pérdida. Si uno puede adherirse al sacrificio de Cristo, si uno puede unirse a ese Cristo que traspasa la cortina del templo, es decir, que siendo atravesado en su propia carne, entra en el santuario del cielo. Pero además de esa explicación, está ésta otra un poco más misteriosa, más literaria, la de Melquisedec.

Si vamos a hablar de sacerdocios, es como si dijera el autor de esta carta, si vamos a hablar de sacerdocios, pues más grandes el sacerdocio de Melquisedec, porque no depende de genealogías y en ese sentido no termina. Y más grande es el sacerdocio de Melquisedec, porque todo el pueblo de Dios viene de Abraham y Abraham le dio el diezmo de todo lo que había conseguido, le dio el diezmo a Melquisedec. O sea que Abraham reconoce la grandeza de Melquisedec. Por supuesto, es muy poco lo que se sabe, por no decir casi nulo, lo que se sabe de ese personaje.

Pero, esa manera de hablar de este documento ayuda a que los destinatarios de la carta se den cuenta el carácter providencial y al mismo tiempo provisional que tenía el sacerdocio de la ley de Moisés. Y ese es el propósito de lo que está allí, que se descubra en dónde está el verdadero sacerdocio y que todo lo demás se vea relativo frente a ese absoluto de Cristo. Todo lo demás se ve preparatorio frente a esa realidad de Cristo, todo lo demás es providencia de Dios y camino que va hacia ese sacrificio, el verdadero, el eterno sacrificio de Cristo.

Vamos a aprovechar para decir una palabra sobre el Santo Evangelio, porque tiene mucho interés pastoral por el tema de las curaciones tipo nueva era y tipo una obra que se llama: Un Curso de Milagros. Esa obra yo creo que ha hecho muchísimo daño, en varias librerías se encuentra y ese estilo y ese lenguaje están en muchas partes. Yo, digamos que, conozco lo suficiente de esa obra, no la he leído completa ni pienso leerla completa, pero hay algo esencial que está ahí y es la idea de que las curaciones son el fruto de una energía mental, una especie de magnetismo y que Cristo concentraba su energía para lograr esas curaciones.

La hipótesis central de la obra Curso de Milagros y de muchas otras de ese estilo en el contexto y en la filosofía de la Nueva Era, la idea central es que la energía de Cristo y el estilo de Cristo todo el mundo lo puede aprender y que todos podemos hacer curaciones porque finalmente hay una fuerza y esa energía en nosotros. Y es muy interesante que ofrece, el libro ofrece ciertas pautas, cierto proceso para aprender uno a hacer milagros y entonces, pues básicamente lo que va a aparecer es al estilo del hinduismo, del budismo. Todo empieza por ese relajarse, por ese dejar la mente en blanco y luego concentrarse en un punto y aprender a recoger la energía mental.

El pasaje de hoy es muy importante porque nos muestra que las curaciones de Cristo, las de Cristo, no son eso. Yo creo que es importante en nuestra predicación hacer ver a la gente que las curaciones del Señor no son fruto de una reconcentración mental, haya o no haya ese tipo de energías, porque eso es, ese es un tema que es distinto. Que en el cerebro hay ondas electromagnéticas, nadie lo duda, la intensidad de esas señales es supremamente pequeña, es apenas detectable cuando le ponen a uno esos electrodos, cuando como, cuando se va a hacer un encefalograma. Pero uno no tiene que entrar en la discusión de si hay mucha energía o poca energía en el cerebro o si hay ondas o no hay ondas electromagnéticas.

Lo que uno tiene que hacer desde el punto de vista pastoral es destacar que los milagros de Cristo no son fruto del camino que muestra una obra como El Curso de Milagros. Lo que presenta esa obra es relajación, concentración y aplicación. La persona se relaja, se sosiega, luego concentra su energía en un punto y luego manda esa energía para curar a la otra persona. Eso no es lo que hace Cristo y el pasaje más elocuente para mostrar eso es el de hoy, y por eso, esto tocaba decirlo hoy. Porque resulta que cuando Cristo va a hacer la curación, ustedes y yo lo acabamos de oír, le dice a este señor, el que tenía su mano paralítica o su brazo paralítico, le dice: Pontea ahí en medio. Y luego hace un interrogatorio, hace una pregunta inteligente a las personas que están ahí.

Jesús no está absorto en su meditación zen, Jesús no está absorto concentrando su energía. Jesús está interactuando con la gente, y tanto interactúa que las palabras que dice antes del milagro son, las palabras que dice el evangelista antes de que Cristo haga el milagro son: «Echando en torno una mirada de ira». Cristo no está relajado, Cristo no está concentrando ninguna fuerza, ninguna energía. Cristo no está enviando ningún magnetismo. Cristo está anunciando el Reino de Dios, Cristo está mostrando un Dios que es compasivo, Cristo está mostrando al Dios vivo y no lo está mostrando en virtud de una concentración mental.

Entonces, este pasaje es muy útil para hacer ver a nuestros hermanos en la fe, hacer ver que los milagros de Cristo son fundamentalmente señales del Reino y presencia maravillosa del Dios que nos ama, son revelación del Dios amor. No son revelación de las capacidades cerebrales o de la gimnasia que se haga con la mente para ver qué consigue uno. Lograr que se establezca esa diferencia hace mucho bien para que nuestra gente no se confunda con toda esa literatura de Nueva Era. Así que son dos temas distintos que había que compartir. Primero, la grandeza y lo definitivo del sacerdocio de Cristo. Segundo, el carácter de sus señales y milagros como presencia del Reino de Dios y de nuestro Padre amoroso.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM