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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Fariseos y herodianos, aunque opuestos entre sí, hacen alianza para acabar con Jesús, porque la simplicidad y verdad de Jesús desarman las mentiras y conveniencias de ellos.
Homilía i023004a, predicada en 20110119, con 17 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Estamos empezando el capítulo tercero del Evangelio de Marcos en esta lectura semi-continua que hacemos de los Evangelios sinópticos durante las ferias del tiempo ordinario. Es apenas el capítulo tercero y ya se habla de acabar con Cristo, es el capítulo tercero de 16 que tiene este Evangelio de Marcos, y ya está claro el propósito de frenar la obra del Señor y de eliminarlo a Él mismo. Con esto quiero decir que la oposición al Evangelio es algo que surge pronto dentro del conjunto de la misión del Señor. Una oposición que tiene cuál raíz, uno se puede preguntar, si Jesús lo que hace es repartir el bien, predicar lo que es santo y bueno, iluminar las conciencias, expulsar los demonios.
Entonces, ¿por qué tanta animadversión, por qué esta enemistad tan profunda, que efectivamente llegará hasta el punto de eliminar a Cristo? Pues resulta que el poder que trae Cristo entra en conflicto con los poderes establecidos. Un caso típico es el que tenemos en el Evangelio de hoy, fariseos y herodianos están de acuerdo en que hay que quitar a Cristo de en medio, porque Cristo les quita poder a ellos. Para ver qué es lo que está sucediendo hagámonos esta pregunta ¿cómo tratarían el caso del paralítico los fariseos, cómo lo tratarían los herodianos? Dice el texto que hemos leído: «Entró Jesús otra vez en la sinagoga. Había allí un hombre con parálisis en un brazo».
El tenor del texto nos hace suponer que este era un asistente habitual de la sinagoga, un hombre que estaba allí, con frecuencia se puede pensar. Y este hombre que está en la sinagoga ¿cómo podía ser tratado? ¿Qué diagnóstico podía recibir de los fariseos? Para los fariseos, la lógica estaba perfectamente clara, la enfermedad, lo mismo que los demás males que sufre la especie humana, tienen su origen en la desobediencia a la alianza. Podemos decir que para ellos la parálisis de este hombre era una demostración del estado pecaminoso de Israel.
En cierto sentido, ellos necesitaban que aparecieran esta clase de heridas y problemas y deficiencias en el tejido del pueblo de Israel, para que todo el mundo tomara conciencia de la situación de pecado. Es decir, el paralítico para ellos era una demostración, un ejemplo de que ellos estaban en lo correcto. Un ejemplo del estado de pecado en que se encontraba todo el pueblo y por eso el paralítico, en cierto sentido, les convenía con su parálisis, porque era una confirmación de la tesis que ellos tenían.
Mientras tanto, si llega Cristo, y sin apoyar las tesis y las afirmaciones de los fariseos, cura a este paralítico, pues entonces, son ellos los que quedan desautorizados, porque resulta que, si Jesús puede curar a este paralítico, entonces, no es la estricta observancia de la ley de Moisés lo que trae la salud, sino la invocación del Dios compasivo y misericordioso. Y si existe ese atajo para llegar a Dios, entonces la larga vuelta que hacían dar los fariseos, una vuelta de la que nadie regresaba porque era perderse en infinitas interpretaciones y observancias y tradiciones humanas, entonces era inútil. Es decir, Jesús está denunciando la crueldad y la inutilidad del estilo de los fariseos.
Y ¿quiénes eran los herodianos? Pues los herodianos eran gente práctica, un partido esencialmente político que sostenía que Herodes era el Mesías. El Mesías no, pero si por lo menos el rey. Y sostener que Herodes es el rey es una decisión práctica que sirve para tener un interlocutor con los romanos. Es decir, los herodianos ponen por delante el sentido práctico. A ellos no les interesa la ley, no les interesa la promesa hecha a David, a ellos no les interesa lo que Dios ha dicho o ha prometido. A ellos les interesa manejar la situación, son gente práctica y política.
Y por eso tiene mucha gracia que los fariseos hagan alianza con los herodianos, porque los fariseos se las daban de completa y perfecta observancia de la ley, mientras que a los herodianos no les importaban las Escrituras, no les importaban un pepino, porque lo que ellos querían era sencillamente mantener lo que estaba establecido y, sobre todo, mantener una relación relativamente pacífica y, en todo caso, provechosa para ellos con los romanos. En todo caso, los herodianos lo que necesitaban era que nadie cuestionará que Herodes es el rey. Y por eso, si aparece uno que tiene cara de Mesías, entonces ese es el verdadero rey.
Sigue siendo el mismo problema que aparece en la Epifanía, en la festividad y en las lecturas que tuvimos cuando la venida de estos sabios de Oriente, los que llamamos los Reyes Magos. Si los Reyes Magos dicen que ha nacido un rey para Israel, significa que el rey que está en el trono es un rey falso, tan sencillo como eso. Entonces, si Jesús es el Mesías, si Jesús es el que tiene poder sobre el demonio, sobre la ignorancia, sobre la oscuridad, sobre la enfermedad, entonces el rey es Jesús. Y entonces Herodes no es nada. Y efectivamente Herodes no era nada. Era un payaso cruel, impostor, que se había montado en ese trono.
De modo que los que se proclamaban como grandes servidores de la ley y la gente práctica que despreciaba la ley, hacen alianza el día de hoy para acabar con Cristo. Pero no hemos respondido quién era el paralítico a ojos de estos herodianos, pues no era nada. Es ¿qué? Una basura humana, es un estorbo del cual lo único que se espera es que pague sus impuestos y que no ponga problemas. Entonces, para los fariseos, el paralítico es la demostración de que ellos están en lo correcto. Y para los herodianos el paralítico es un estorbo que solo tiene algo bueno y es que paga impuestos. Eso es lo único que significa el paralítico. No les interesa ni el dolor, ni el problema, ni la dificultad ni el drama de este hombre, lo usan.
El fariseo utiliza al paralítico como una demostración, como un caso típico, y el herodiano utiliza al paralítico para que dé unas monedas y se acabó la historia. Es decir, para ellos no existe el paralítico, existe únicamente su beneficio. Llega Cristo con este atajo maravilloso del amor, de la gracia y la compasión de Dios y les desarma eso que estaba montado. El tinglado de los fariseos y el tinglado de los herodianos caen estrepitosamente con el mensaje extremadamente sencillo, profundo, bello, inspirador de Jesús. Y por eso, se dan cuenta que están siendo amenazados por Jesús y por eso quieren acabar con Jesús.
Ahora preguntémonos ¿qué clase de aplicación podrá tener esta lectura en nuestra vida? Pues también Jesús viene a nosotros con su mensaje de mansedumbre, de pureza, de alegría y de luz, y también viene a desarmar nuestros imperios. Entonces, los fariseos tenían ahí su montaje y Cristo se los desarmó, y los herodianos tenían el suyo, lo mismo que los saduceos, y lo mismo que todos los otros grupos de aquella época y Cristo se los desarmó.
Entonces, yo tengo que decirle a Cristo, ven a desarmar mis tinglados, ven a desarmar mis montajes. Esa es una enseñanza concreta, tenemos que decirle a Cristo no, simplemente ven a sanarme, ven a iluminarme, ven a perdonarme, sino también ven a corregirme, ven a quitar de mí lo que me sobra, ven a desarmar mis mentiras, ven a desarticular el montaje que yo he hecho para quedar yo como rey. Ven a quitar todo eso, Señor, de modo que seas tú el que reine. Ven a desarmar, Señor.
Recordemos aquella palabra que le dice Dios al profeta Jeremías: «Te he enviado para arrancar, y para plantar, para destruir y para construir». Y en total le dice 6 verbos, que no recuerdo exactamente ahora, al comienzo de Jeremías. Pero de los 6 verbos, 4 son de destrucción y 2 son de construcción, esa proporción sí la recuerdo bien. Es decir, que en buena parte, lo que tiene que hacer Dios llegando a nosotros es quitar, remover, arrancar, cauterizar, eso es lo que tiene que hacer en buena parte. Como decía en otro contexto Santo Tomás de Aquino, en buena parte lo que tiene que hacer la teología, decía él, Tomás, es quitar obstáculos, quitar mentiras, desarmar prejuicios, desmontar lo que está puesto, esta es obra de Dios.
Y esto tenemos que pedirle a Jesús: Ven a desmontar, ven a quitar, ven a arrancar, ven a arrasar si tienes que arrasar. No es usual que uno ore en esa dirección, a uno le gusta más el otro estilo: Ven a sanar, mimar, masajear y todo eso es grato al corazón. Pero resulta que Cristo tiene que hacer también lo otro: Ven a arrasar, quitar, ven a amputar, ven, quita todo eso, ven a desmontar. La segunda enseñanza que uno puede sacar de este Evangelio, entre muchas seguramente, es que, como ya dijimos, para los fariseos y los herodianos, el paralitico no existía, no existía. No lograban ver más allá de sus intereses, no lograban ver a la otra persona.
Este es un texto interesante porque con extraordinaria facilidad uno comete el único pecado kantiano. Para Kant, lo peor que uno puede hacer es tomar al ser humano como medio y no como fin. No quiero yo ponerme en las filas de la moral kantiana que tanto y tan justamente se ha cuestionado, pero sí creo que tiene razón este filósofo en esa afirmación que hace: ¿Cuál es mi trato con las personas? ¿Cuál es mi modo de relacionarme? En una cantidad enorme de ocasiones lo que uno hace es usar la gente de muchos modos, pequeños y grandes. Y también aquí tenemos que hacer una oración.
Así como le pedimos a Dios que arranque y que devaste y que arrase lo que no sea concorde con la llegada de su Reino, así también tenemos que pedir al Señor que ilumine esa clase de mentiras con las que uno parece estar sirviendo a las personas, pero está sirviendo en realidad el propio proyecto. A mí me parece que Francisco de Sales nos da una clave muy interesante en este sentido, con esa frase que dice: Tal vez Dios obtendrá más gloria de otros que de nosotros, la cual en traducción perfectamente libre significa, muchas veces Dios me querrá de paisaje. Y ahí es donde uno se da cuenta si está tomando a las personas como medios o como fines, porque evidentemente cuando otro es el que va a brillar y mi único encargo es ser paisaje, quedar atrás y aplaudir. Entonces, ahí el otro es el fin y no es simplemente un medio.
Entonces, con esto quiero decir que uno de los modos de examinar qué tanto tiene uno de herodiano, porque es posible que haya unos cuantos herodianos o unas cuantas herodianas por aquí merodeando. Uno de los modos de verificar el grado de herodianismo que uno pueda tener es hacerse esa pregunta: Estoy dispuesto a ser paisaje y que brille, y ahí se pone una rayita y uno va escribiendo el nombre de personas. Estoy dispuesto a ser paisaje y que brille el Padre tal, diría yo, por mi comunidad, estoy dispuesto a ser paisaje y que brille el Padre fulano, que brille Fray zutano, ¿estoy dispuesto a eso o siempre tengo que ser yo el que diga la palabra decisiva, siempre tengo que ser el protagonista?
Repito, con mucha frecuencia uno descubre que uno quiere ser protagonista, que uno quiere ser el que tiene la palabra definitiva. Uno tiene, uno quiere estar en el momento crucial y uno quiere a toda costa no perderse la escena principal en la cual todo cambia. Y somos tan chistosos los seres humanos que, yo creo que esto se aplica, incluso a una escala cósmica. Yo creo que toda esa gente que cree que el fin del mundo ya, ya, ya casi, es que esto es para ya, esto está que explota. Y el mundo está explotando más o menos desde que yo era niño, por una cosa o por la otra, que se va a acabar, que va a llegar, que se completaron no sé cuántos años, que el 666, luego el 667.
Bueno, todos esos números, ahora el próximo es el 2012. Yo estoy preparando una homilía para el 2013 que dirá, ve que no se acabó. En todo caso, yo creo que buena parte de esa idea que tiene la gente de que ahora sí se va a acabar el mundo, que hay cosas muy dramáticas, que nunca la Iglesia se vio en tanta situación. Qué esto que está pasando y son católicos de buena fe y son católicos súper tradicionales, que es el modernismo y la progresía y la izquierda se tragaron a la Iglesia y el humo de Satanás entró por todas partes. Y ahora si viene el colapso, el anticristo, el argamedón, o como se diga, Armagedón, el Armagedón llegó ahora.
Sí, todo eso es ganas de estar en primera fila y decir que nada sucedió sin que yo me lo perdiera. Es puro afán de protagonismo, es eso. Es creer que uno tiene que estar ahí o, como ya creía Hegel. Hegel creía que toda la historia de la humanidad preparó la llegada de él. He aquí que llegué y conmigo se completa el edificio que explica racionalmente el espíritu. Todos tenemos algo de Hegel, la humanidad estaba preparando la llegada mía, aquí estoy. Entonces, uno siente que es el protagonista, uno siente que uno es el fin. Y de ahí se parte para menospreciar las opiniones, los dolores, las esperanzas de los demás. Pidamos al Señor que quite lo que estorba y que nos dé luz para empezar a amar, empezar a amar a nuestros hermanos. Amén.

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