Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Organizar tu escala de valores en Dios es necesario para no ser esclavo de la ley ni tampoco de tu capricho.

Homilía i022013a, predicada en 20250121, con 7 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Creo que hoy es un buen día para hablar de una escala de valores, porque en este Evangelio, Cristo suelta aquella frase que después ha sido utilizada de maneras muy diferentes. La frase es el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. A ver, vamos al contexto. Los discípulos de Jesús tenían hambre. Realmente caminar con Jesús no siempre es fácil, requiere muchas renuncias, requiere bastante abnegación. Y bueno, tenían hambre, iban atravesando un sembrado y recogían algunos granos de las espigas y los iban comiendo. Ese acto de recoger granos de las espigas, se parece a lo que hace un campesino, un agricultor cuando cosecha, también tiene ahí que recoger granos de las espigas. Es decir, eso se parece a un trabajo.

Y ahí es donde viene la intervención de algunos fariseos que le dicen a Jesús y ¿por qué estos están trabajando? Es un día sábado, el día sábado no se debe trabajar. Es decir que para ellos aquellos discípulos estaban rompiendo la legislación, estaban rompiendo la ley sagrada del sábado. Una de las leyes más importantes del judaísmo, casi podríamos decir una especie de sello permanente que Dios dejó en el pueblo al que quiso elegir. El sábado tiene ese carácter como de pertenencia, como de algo muy propio del pueblo judío. Por eso también encontramos tantos conflictos entre los fariseos y Jesús. Siempre haciendo referencia al tema del sábado.

El argumento de Cristo es que si miramos en la Escritura nos encontramos con que el rey David, en tiempos de un cierto sacerdote llamado Abiatar. El rey David, que llevó una vida de grandes privaciones y que también tenía discípulos. Fíjate el paralelo David con sus amigos o seguidores. David, estando en esa situación de mucha hambre, entró en el templo y comió de los panes que eran presentados ante el Señor. Esos panes presentados ante Dios, solamente los debían comer los sacerdotes. Por supuesto, David no era sacerdote, pero se estaba muriendo de hambre, y lo mismo la gente que iba con él. Bueno, ese es el ejemplo que da Cristo. Y aquí es donde necesitamos luz del Espíritu Santo para entendernos. ¿Por qué? Porque el punto que se presenta es este. Hay una ley, en el caso de David, la ley era, esos panes solamente deben comerlo los sacerdotes. En el caso de los discípulos que atravesaban el sembrado, la ley dice; el sábado no se debe trabajar, hay una ley. Y la pregunta de fondo dentro de este tema es ¿qué autoriza que se rompa una ley? Es decir, ¿qué autoriza que se incumpla una determinada ley? Esa es la pregunta.

Y es aquí donde entra la famosa escala o escalera de valores. ¿Qué es lo que importa aquí? Voy a dar un ejemplo distinto. Supongamos el caso de una hija. Una mujer ya mayor que tiene que cuidar a su mamá. La mamá es, por supuesto, mucho mayor todavía. Es una anciana muy enferma, que además tiene algunas dificultades mentales y que no se puede dejar sola. Esta hija se encuentra con la situación de que llega el día domingo. Y el domingo sabemos que nosotros estamos llamados y obligados, obligados amorosamente, pero obligados a ir a la Santa Misa. La Misa del domingo es un precepto que está plenamente válido, pero ella no puede asistir a la Misa, porque no puede llevar a la mamá en el estado de postración de la mamá y tampoco puede dejarla sola. No puede ir a Misa. Entonces, ¿qué quieres tú ahí? Es ahí donde se necesita tener clara una escala de valores. Y la escala de valores es que los discípulos no tienen que morirse de hambre, simplemente por cumplir con el precepto de que no se trabaja en sábado. Además, imagínate qué tipo de trabajo era ese. Todo el trabajo consistía en desgranar algunas espigas para tener algo que echarle a la boca.

Entonces, ¿cuál es el criterio? El criterio fundamental está en tener claro qué es lo que va primero y qué es lo que va después. Que se mueran de hambre los discípulos de David o que se mueran de hambre los discípulos de Jesús, o que aunque no mueran, aunque padezcan un hambre atroz, simplemente porque es sábado. No. Pero esto nos lleva a la pregunta con la que deseo terminar esta reflexión. Y la pregunta no es si es lícito romper algunas leyes, algunas leyes, es lícito romperlas o incumplirlas. Pero la gran pregunta es ¿por qué? ¿Cuál es el motivo? Porque si un domingo, por ejemplo, esa misma señora que mencioné antes. Si un domingo ella está muy perezosa y está viendo una muy buena serie, por allá en su televisión y está preciosa esa serie y es una saga que realmente engancha y ella quiere seguir mirando otros programas y finalmente no fue a Misa. Ese no es un motivo para no ir a Misa.

La gran pregunta es ¿por qué? ¿Por qué hacemos lo que hacemos y por qué dejamos de hacer lo que dejamos de hacer? No es lo mismo faltar a Misa porque no había quien atendiera a mi madre, que está muy, muy grave y que no puedo dejar sola a no puedo ir a Misa porque estoy absolutamente enganchado o enganchada viendo una serie de televisión. No es lo mismo romper el sábado porque hay un hambre atroz y estamos a punto de desfallecer a yo quiero trabajar porque quiero hacer dinero también el día sábado, estamos hablando de la perspectiva de los judíos. Una auténtica escala de valores, se construye haciendo la pregunta ¿Por qué hago lo que hago y por qué dejo de hacer lo que dejo de hacer? Es decir, ¿Qué es lo que realmente estoy buscando? ¿ Es lo que realmente me interesa? Esa es la gran pregunta que tenemos que hacernos. Y esa gran pregunta es la que organiza la escala de valores.

¿Por qué hago lo que hago? Porque me vean, porque me aplaudan. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué dejo de hacer lo que dejo de hacer? ¿Por simple rebeldía, por pereza, por darle placer a mi cuerpo? Hazte la pregunta precisa, forma tu conciencia y luego, con una conciencia formada, pregúntate ante Dios ¿por qué haces o dejas de hacer lo que haces o dejas de hacer? Y entonces irás organizando tu escala de valores y no serás esclavo de la ley, pero tampoco serás esclavo de tu capricho. Es profundo, pero es muy necesario reflexionarlo. Que Dios te bendiga.

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