Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al conocer día por día que Dios es fiel y al ir poniendo en Él cada vez más una esperanza robusta hace que tengamos un ancla en medio de las incertidumbres de esta vida.

Homilía i022010a, predicada en 20210119, con 6 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Seamos sinceros, mis hermanos. Estamos viviendo tiempos de gran incertidumbre. Permítanme recordar con ustedes las causas principales de esta incertidumbre. En primer lugar, yo creo que viene a nuestra mente el tema de la pandemia de COVID diecinueve. Creo que psicológicamente muchos de nosotros queríamos despedir al Año Dos mil veinte y sentir que con la memoria de ese año quedaba atrás también el tema de la pandemia. Dolorosamente, no es así. En muchos lugares se está viviendo una situación que se le llama rebrote, se le llama segunda ola, se le llama un nuevo pico de contagios y lamentablemente de fallecimientos. Y a medida que aumenta el número de fallecidos, también aumenta nuestra preocupación e incertidumbre, porque cada vez con más frecuencia las personas que nos van dejando son precisamente más cercanas a nosotros. Y eso duele y eso inquieta.

Junto a este tema tan doloroso de la enfermedad, del contagio y la muerte, está la incertidumbre económica. Tengamos presente que muchas personas, aunque las veas sanas en su cuerpo, aunque las veas sanas en su rostro y lo están físicamente hablando, se están muriendo de angustia por dentro por la situación económica. En Bogotá, no sé si en otros lugares, está la costumbre de sacar un paño de color rojo y ponerlo en la ventana. Un paño que significa, estamos pasando hambre. Porque por una parte se entiende, cuesta trabajo, pero se entiende el tema del confinamiento. Pero por otro lado, hay muchas personas que derivan su sustento de todo eso que el confinamiento impide. Especialmente los comerciantes de pequeño capital, muchas veces viven del día a día y por lo tanto sufren de una manera muy dolorosa. Por no hablar de los desempleados y por no hablar de las personas que adquirieron grandes deudas tratando de sacar un negocio que ahora no puede prosperar. Ese es otro motivo de angustia.

Y en otro sentido también tenemos angustia cuando miramos el panorama mundial y en tantos lugares nos sentimos o decepcionados o preocupados por nuestros líderes. Cuál será ese país en el que uno pueda ver con serenidad al gobierno y decir bueno, estamos en buenas manos. Y allí donde parece que estamos en buenas manos surge otra preocupación y es el asalto de fuerzas anárquicas que quieren derribar lo poco que queda de buenos gobiernos para instalarse también ellos en forma de distintas tiranías, sean de derecha o de izquierda. En estos tiempos de incertidumbre, se multiplican los diagnósticos psicológicos preocupantes; depresión, violencia, ansiedad. Y por eso creo que llega muy a tiempo la lectura de ese primer texto en la Misa de hoy, tomado de la Carta a los Hebreos. Que nos habla de cómo podemos ir encontrando un ancla. El ancla que hace que el barco en medio de la tormenta, en medio de las olas, en medio de la borrasca, pueda mantenerse centrado, pueda mantenerse firme, se mueve, se sacude, pero sin embargo permanece donde está. Y esto es vital, vital para que pueda sobrevivir un barco. Efectivamente, el barco llevado a cualquier parte puede fácilmente naufragar, golpearse contra un arrecife, encallar en un banco de arena.

Así que necesitamos esa ancla. Y la carta a los Hebreos nos presenta que esa ancla tiene dos ingredientes: De parte de Dios la absoluta fidelidad, de parte nuestra la absoluta esperanza. Esperanza en el Dios que se ha mostrado fiel. Fidelidad de parte de Dios, esperanza de parte del hombre. Esa combinación, esa amable combinación, es la que puede ayudarnos a entender que, suceda lo que suceda, como decía Santo Tomás Moro, suceda lo que suceda, será para bien, porque estoy en manos de Dios. Pero esas palabras no pueden quedar solamente en nuestros labios, como se dice no pueden ser de labios para afuera. Esas palabras tendrán asiento en nuestro corazón si vamos conociendo día por día que Dios es fiel y vamos poniendo en Él cada vez más una esperanza robusta, sólida, esa que hace que tengamos ancla en medio de las incertidumbres de esta vida.

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