Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesucristo es el dueño y Señor de nuestras vidas, no dejemos que las vanidades y egoísmos le roben la gloria al Único que la merece.

Homilía i022008a, predicada en 20170117, con 6 min. y 58 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Segundo de San Marcos. Estamos en el Tiempo Ordinario y lo propio de este tiempo litúrgico es recorrer el camino de Cristo. Algo así como volvernos sus discípulos y sus seguidores, acompañando paso a paso lo que Él va viviendo. Y es importante destacar que muy pronto en el camino de Cristo aparece la oposición, aparece la calumnia, aparece la dificultad, la resistencia. Esto no llega tarde. Esto llega desde temprano en el servicio, en el ministerio de Cristo.

En el texto de ayer encontrábamos ya una primera controversia sobre el asunto del ayuno. Hoy nueva controversia también con los fariseos sobre el asunto del sábado. Lo que se demuestra con esto, es que esas controversias se van a seguir multiplicando, porque en el fondo no es tanto el interés ni por el ayuno ni por el sábado. El interés era mostrar que Cristo no podía venir de Dios, que Cristo era un camino falso, porque los fariseos se presentaban ante el pueblo como los anunciadores del camino verdadero. Camino que según ellos consistía en el cumplimiento estricto, diríamos obsesivo de la ley, lo cual les daba mucha autoridad, porque resulta que los únicos que sabían la recta interpretación de la ley eran ellos mismos, los fariseos. Entonces, todo su sistema de poder o de micropoder, todo ese sistema quedaba cuestionado y quedaba, podríamos decir, en riesgo si se admitía la autoridad de Cristo. Y por eso quieren desautorizar a Cristo con la clase de cuestionamientos que hemos visto hasta ahora y que van a seguir apareciendo a lo largo de todo el Evangelio.

¿Qué es lo que ellos discuten sobre el sábado? Los discípulos tenían hambre y entonces arrancaron unas espigas. Y ahí es donde está el problema. ¿Cómo se les ocurre arrancar espigas frotarlas en las manos para tratar de extraer los granos y comer eso? Estaban realmente en una situación de hambre y estaban haciendo ese trabajo. Y como están trabajando, entonces están violando el sábado y como están violando el sábado y Cristo es su Maestro, entonces Cristo no se somete al sábado, que es una institución sacrosanta en el judaísmo y como no se somete al sábado, Cristo no viene de Dios. Esa es la estructura de pensamiento de los fariseos. Todo empieza entonces, por el acto de arrancar unas espigas y frotarlas en las manos para no desfallecer de hambre.

Uno a la distancia, uno mirando desde la distancia esa clase de discusiones. Uno dice ¿Pero qué no había nada más importante que hacer en esos días para ponerse a discutir esas cosas? Repito, no es que en el fondo les interesara demasiado el tema del sábado así o de otra forma. Es más bien que necesitaban encontrar algo que pudiera servir para desacreditar a Jesucristo. Cristo cita un texto de la Escritura, que muestra la libertad con la que obra el rey David comiendo de los panes que estaban ofrecidos ante Dios, panes que según la ley únicamente debían ser consumidos por los sacerdotes. Así que Cristo les hace ver, dense cuenta ustedes que no puede uno atenerse solamente a una costumbre, cuando lo que está en juego es una necesidad tan grande. Y es ese conflicto entre la costumbre y la necesidad lo que aparece aquí y lo que Cristo viene a decir. Es decir, su modo de resolver el tema es No puede ser que la costumbre o la ley terminen yendo en contra de la necesidad legítima de aquellos que, como en el caso de David, o como en el caso de los apóstoles, desfallecen de hambre. No puede ser que vaya primero la costumbre que la necesidad legítima.

Insisto en la necesidad legítima, porque vivimos en un tiempo en donde también se quiere hablar de toda clase de necesidades. Una persona puede decir yo tengo una gran necesidad de amar a otras mujeres aparte de mi esposa. Hay que tener en cuenta que se trata de necesidad legítima, como se da aquí con el hambre. Y lo que Cristo está diciendo es que toda esta ley fue dada por Dios para nuestro bien. Si la ley se convierte en un arma para destruir o para desoír al necesitado, entonces eso no viene de Dios. En el fondo, las palabras de Cristo son una defensa de la gloria divina. Cristo está dando el verdadero sentido de la ley divina. No se trata de erigir unas costumbres o erigir unas leyes como un absoluto por sí mismo, sino se trata más bien de hacer un camino para que el ser humano alcance su plenitud. Por eso las palabras de Cristo son una defensa de la gloria de Dios. Y en esta, como en otras ocasiones, sus adversarios realmente no tienen que replicar. No tienen una respuesta, pero eso no significa que se detengan ahí.

Siento que este año tenemos que darle énfasis a ese tema. Los adversarios de Cristo no se iban a detener ahí. A ellos no les interesaba aprender teología. A ellos no les interesaba la gloria de Dios. En el fondo, tampoco les interesaba ni Moisés ni la ley. Lo que les interesaba era conservar su puesto dentro de aquella sociedad, conservar su supuesta autoridad, seguir siendo quienes eran. Y si Cristo estorba, pues quitamos a Cristo. Esto tiene que enseñarnos para saber poner en primer lugar a Jesucristo como Señor de nuestras vidas. No sea que nuestras vanidades y que la importancia que supuestamente tenemos ante los demás le roben la gloria al único que la merece.

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