Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Como un barco en puerto seguro, el cristiano tiene su ancla; pero ésta no va hacia abajo sino hacia arriba, hacia el Cielo.

Homilía i022007a, predicada en 20150120, con 4 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Para apreciar mejor las lecturas que la Iglesia nos propone. Muchas veces resulta útil ver cuál es el contexto de cada libro. Por ejemplo, en la primera lectura, durante estos días nos ha venido acompañando la carta a los Hebreos. ¿Por qué se llama así? ¿Qué tiene que ver con nosotros? Pienso que la inmensa mayoría de nosotros no somos hebreos, ni de nacimiento ni de raza.

¿Qué hace un documento así en el Nuevo Testamento y qué puede hacer en nuestra vida? La Carta a los Hebreos es un mensaje de fortaleza y de esperanza que fue enviado a una comunidad cristiana de gente que se había convertido a partir del judaísmo. Esas personas que muy probablemente estaban vinculadas al templo de Jerusalén. Esas personas tuvieron que padecer gravísimas y muy dolorosas humillaciones. Tuvieron que pasar por verdaderas privaciones. Lo que sucede es que cuando éstos, que seguramente eran de familias sacerdotales, se convirtieron a Cristo, por supuesto, fueron expulsados de las sinagogas.

Y tú sabes que para un sacerdote en el Antiguo Testamento, ese sacerdocio es al mismo tiempo su medio de sustento, es su vínculo con su propia familia y es su vínculo con la sociedad. De manera que ser expulsado de la sinagoga era algo así como perderlo todo de un solo golpe. Estos trabajos que tuvieron que padecer al principio, ellos los asumieron con una gran generosidad de espíritu. Pero una cosa es ser generoso por un instante y otra cosa es permanecer padeciendo las consecuencias de ser excluido. Y a esto último resultaba demasiado pesado para algunos de ellos. Ya realmente no sabían qué hacer. En esas condiciones, la Carta a los Hebreos, es decir, a estos judíos que se habían convertido al cristianismo, es como un canto de esperanza. Y eso se nota muy claramente en el texto de hoy.

Con qué palabras tan suaves y tan hermosas, el autor de la Carta a los Hebreos exhorta a estos convertidos a que no decaigan, y les da razones sólidas, diciéndoles ante todo que Dios no es injusto y que Dios sí es fiel. De manera que la justicia de Dios y su fidelidad son la garantía de que podemos tener esperanza Y utiliza una imagen que yo creo que ya sirve no solamente para ellos, para aquella comunidad, sino que sirve también para nosotros. Esa imagen es la de un ancla. Así como un barco que está bien anclado, ya no queda sometido al vaivén de las olas. Así también el cristiano que tiene su ancla. Pero el ancla no va hacia abajo, el ancla va hacia arriba, el ancla va hacia lo alto de los cielos. El cristiano que está anclado en los cielos sabe que su esperanza no va a quedar defraudada. Sabe que su alegría tiene un sustento en la realidad. Y esa realidad no es otra que el sacrificio bendito de nuestro Señor Jesucristo.

Esas son las lecciones perdurables de la carta a los Hebreos, lecciones que no se quedan en el siglo primero, sino que pueden hacernos inmenso bien a todos nosotros. ¡Alabado sea Jesucristo!

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