Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El líder cristiano conoce el sufrimiento, la obediencia y busca llegar a la perfección ante Dios.

Homilía i021010a, predicada en 20210118, con 7 min. y 29 seg.

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Transcripción:

El lunes pasado iniciamos lo que se llama el tiempo ordinario, tiempo litúrgico ordinario, Como hemos explicado otras veces, Tiempo ordinario quiere decir el que lleva un ordo, el que lleva un orden. Y ese orden consiste básicamente en que las lecturas de la misa van llevando una secuencia. Por ejemplo, desde hace una semana, para la primera lectura venimos escuchando textos de la Carta a los Hebreos, uno de los documentos doctrinalmente más ricos, más sustanciosos que nos ofrece el Nuevo Testamento. Hoy, por ejemplo, la primera lectura fue tomada del capítulo quinto de esta Carta a los Hebreos, y vamos a seguir recorriendo paso a paso. Eso es llevar un orden. En ese sentido se llama tiempo ordinario.

Mientras tanto, los evangelios van siguiendo un orden también. Ese orden en este caso es el Evangelio según San Marcos. Empezamos con San Marcos y vamos a ir escuchando la mayor parte de ese evangelio de Marcos, menos la pasión y resurrección que se reserva para el tiempo de Semana Santa. Entonces llevamos un orden en la primera lectura, empezando por la Carta a los Hebreos. Luego vendrá otro documento, otro libro de la Biblia. Ese es el orden. Y lo mismo con el Evangelio. Empezamos con San Marcos, que lo vamos leyendo en pequeñas dosis, pequeñas dosis, hasta concluir todo lo que es el ministerio Público de Cristo.

Después, muchas semanas después, nos encontraremos con el Evangelio según San Mateo y seguiremos durante el tiempo ordinario por allá a partir de la semana diez. Me parece que es la décima semana vendrá San Mateo y después de muchas semanas con San Mateo, vendrá San Lucas. Eso es lo que se llama tiempo ordinario, el tiempo que lleva ese orden. Pero volvamos a la primera lectura de hoy, la de la Carta a los Hebreos. Como dije, es una carta. Es un libro de la Biblia que tiene mucha sustancia. A mí me hace pensar, no sé si sea una comparación un poquito infantil. A mí me hace pensar en esas, en esas sopas que tienen mucha sustancia, que son profundamente nutritivas, reconstituyentes, muy, muy alimenticias. Así es la carta a los Hebreos. Y por eso también uno necesita detenerse.

Las enseñanzas de la Carta a los Hebreos no son tan evidentes, no son tan fáciles de percibir. Uno tiene que pararse un poco y uno tiene, como sucede con las buenas comidas nutritivas, uno tiene que saborear y tiene que masticar un poco, tal vez para poder aprovechar al máximo ese ese elemento nutritivo que trae cada pasaje de la carta a los Hebreos. Hoy tenemos cuatro palabras claves la palabra sufrimiento, la palabra obediencia, la palabra perfección y la palabra liderazgo no aparecen exactamente con ese nombre, pero la idea está completa. Nos dice que Cristo aprendió sufriendo a obedecer y llegado a la consumación, es decir, a la perfección, se ha convertido en fuerza, en causa de salvación para los que le obedecen.

Es decir, que ahí encontramos las cuatro palabras: sufrimiento, obediencia, perfección y liderazgo. En nuestro mundo en muchos lugares se le quiere enseñar a la gente a ser líder. Ese es casi un estribillo repetido en muchas instituciones educativas. Seguramente tú conoces lo mismo que yo. Esas instituciones, colegios, escuelas que nos hablan precisamente de su proyecto educativo, de su ideal de educación y dicen nosotros formamos líderes. Líderes para el mundo de hoy, para que tu hijo, para que tu hija sea líder. Formar líderes, pues la Carta a los Hebreos también nos habla de cómo es la formación en el liderazgo. Pero tal vez lo que nos plantea la Carta a los Hebreos es bastante diferente de lo que solemos encontrar en los planteamientos de liderazgo en el mundo de hoy. Muchas veces el liderazgo que se plantea hoy con gran aparato de publicidad es el liderazgo basado en que tú crees en tu propio proyecto, en que nada te detiene, en qué eres capaz de ser sumamente inteligente. Como dicen en inglés smart, tienes que ser smart, que en muchos casos habría que traducir. Astuto la astucia, la fuerza, el creer en sí mismo, el pasar por encima de las dificultades, el no dejarte detener por nada ni por nadie. Ese es el lenguaje con el que suelen hablarnos hoy de liderazgo.

La carta a los Hebreos nos muestra cuál es el perfil del verdadero líder cristiano. Es una persona que conoce el sufrimiento. Y el sufrimiento tiene muchas dimensiones que son educativas, incluyendo el sufrimiento que proviene de la penitencia y que proviene de la mortificación y de la abnegación. Cosas de las que hoy casi no se habla.

Entonces es una persona que conoce el sufrimiento, es una persona que conoce la obediencia. Hoy se nos habla de líderes que no le obedecen a nadie. Es más o menos la historia del superhombre en la filosofía de Federico Nietzsche. El que no mira a nada ni a nadie, sino simplemente va por su ruta, va por su ruta, como dicen en España, a por lo suyo. Está buscando únicamente lo que le interesa. No mira a nadie, no atiende a nadie. La carta a los Hebreos nos presenta un panorama diferente y nos habla de una perfección, de llegar a una perfección.

Es decir, antes de pretender que otros te sigan, ¿Quién eres tú? ¿Quieres tener miles de seguidores en redes sociales? ¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu perfección ante Dios? ¿Cuál es tu perfección en conciencia? ¿Qué es lo que has logrado tú? Yo creo que nos pone a pensar esta carta a los hebreos y nos hace muchísimo bien. Estaremos de acuerdo, ¿no?

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