Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Admiración por aquellos que se sienten y saben Amigos del Novio.

Homilía i021009a, predicada en 20200121, con 7 min. y 37 seg.

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Transcripción:

Hay una frase muy bella, muy inspirada de Santa Teresa, que tiene también un toque de humor. Creo que muchos de nosotros no estamos acostumbrados a comer un ave llamada perdiz. Por lo visto, si se sazona bien, queda un plato delicioso. Decía Santa Teresa de Jesús: Cuando es ayuno es ayuno, cuando es perdiz es perdiz. Y bueno, me acuerdo de esa frase en razón del Evangelio. Por supuesto que hemos oído. Porque en ese evangelio Cristo dice: ¿Cómo van a ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Es decir, ese tiempo no era tiempo de ayuno. Y el motivo de que no se ayunara no era un ave como la perdiz. El motivo para no ayunar en ese momento es que Cristo, el novio, está con ellos y ellos son los amigos del novio.

Y ahí es donde yo creo que tenemos que preguntarnos dos cosas; primera, ¿si somos amigos del novio? y segunda ¿si somos conscientes de cuando el novio está entre nosotros? Y son dos preguntas que resultan inesperadamente profundas, preguntas que nos pueden conducir y espero que así lo hagan, nos pueden conducir a un buen examen de conciencia. ¿Qué significa eso de ser amigo del novio? Pues tenemos el ejemplo, gracias a Dios, el ejemplo de San Juan Bautista, porque San Juan Bautista se definió a sí mismo como amigo del novio o amigo del esposo y por supuesto, la palabra novio, la palabra esposo se refiere a Jesucristo, que es esposo del alma y que es esposo de la Iglesia y que es esposo de la asamblea de Israel. Entonces San Juan Bautista se definió precisamente como amigo del novio, amigo del esposo.

Y cuando nosotros nos preguntamos ¿si nosotros mismos somos amigos del novio? pues de una manera muy práctica de resolver esa pregunta es si nosotros tenemos el camino, ese camino que lleva San Juan Bautista. Por supuesto que en materia de penitencia y en materia de renuncias, Juan Bautista va muy, pero muy adelante de todos nosotros, creo que nadie lo duda. Pero aunque no nos comparemos en eso, que creo que no tiene sentido hacer esa comparación, aunque no nos comparemos en eso, hay algo que es todavía más importante para ser amigo del novio, para ser amigo del esposo y es la calidad de la alegría. Si te das cuenta, San Juan Bautista solamente experimenta alegría, solamente experimenta plenitud cerca de Cristo, y eso es hermosísimo. Solo cerca de Cristo. De hecho, cuando ambos estaban en los vientres de sus respectivas mamás. Estoy refiriéndome, claro está, a la escena de la Visitación. En aquel momento Juan salta de gozo. Juan salta de gozo porque está cerca a Jesús. Yo me atrevería a definir el corazón de Juan Bautista como un corazón con una sola alegría, y la única alegría de Él se llama Jesucristo. Eso es ser amigo del novio, ser amigo del novio, ser amigo de Cristo es sentir alegría cuando Cristo está cerca, es sentir plenitud. Juan Bautista dijo en algún momento: Ahora mi alegría es plena. Que Él crezca, que Él crezca, que yo disminuya. Eso es ser amigo de Cristo. Eso es ser amigo del novio.

¿Qué tan cerca estamos de eso? ¿Qué tan cerca estamos de tener a Cristo en el centro de nuestra alegría? Pregunta importantísima. ¿Qué tanta alegría trae Cristo a mi vida? Y es que por ese camino también vamos a poder resolver la otra pregunta, porque la otra pregunta era. ¿Si nosotros detectamos la presencia del Señor? Aquel que tiene su alegría puesta en Cristo, por supuesto que detecta cuando Cristo falta, como pasa a los enamorados. Tú puedes mirar a un chico enamorado, y si él está lejos de su amada, pues su cara no es la misma.

Yo me acuerdo tanto de un joven italiano. Él católico. Me lo encontré a la puerta de la iglesia. Esta escena sucedió en Dublín, allá en Irlanda. Y lo vi tan decaído. Y entonces le pregunté. ¿Qué te sucede? Y me responde en italiano. Y me dice: Manca la ragazza. Hace falta la muchacha. No es lo mismo la vida con ella y sin ella. Eso es amar a Jesucristo. Eso es tener a Jesucristo en el corazón. Manca la ragazza, decía él, porque no, no entendía su vida sin ella.

Bueno, pues nosotros, nosotros tenemos que preguntarnos si de tal manera amamos a Cristo, que la falta de Cristo se siente, pero también la presencia de Cristo nos colma. Y por supuesto, el gran ejemplo siempre serán los santos. Santos como Juan Bautista y Santos, como tantos otros que de verdad se enamoraron, se enamoraron del Señor. Yo creo que si algo merecería una especie de envidia que no es buena, la envidia como pecado. Pero aquí me refiero más bien a eso que popularmente se llama envidia de la buena y que es simplemente admiración profunda y deseo de tener lo que el otro tiene. Pues en esa tónica admiremos a los que se enamoraron realmente de Cristo, los que saben cuando el novio está cerca y lo viven con intensidad y lo viven con amor.

La gloria para el Señor. Amén.

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