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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El vino nuevo es a la vez la novedad del Espíritu Santo que nos renueva y es la sangre preciosa de Cristo, fruto santísimo que se exprime hasta lo último en la cruz.
Homilía i021008a, predicada en 20190121, con 5 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado de San Marcos en el capítulo segundo. Como hemos comentado en otras oportunidades, el tiempo ordinario tiene esa característica para los días de entre semana. Empezamos el tiempo ordinario leyendo a San Marcos. Repito, en los días de entre semana. Luego leemos extensos pasajes de San Mateo y al final del año litúrgico. Ya llegando noviembre, casi tomamos algunos pasajes de San Lucas. Esta es la característica que tienen los Evangelios durante el tiempo ordinario. Observemos que esto nos está recordando lo que significa propiamente la palabra ordinario. Ordinario significa lo que lleva un orden. No se refiere a lo que a veces mencionamos con la palabra ordinario para decir que tiene poca calidad,no. Aquí se trata de un orden que llevamos. Y ese ordo, ese orden que nos presenta la Iglesia, básicamente nos ayuda a recorrer el misterio de Cristo a lo largo del año. La comparación que siempre utilizamos es así como la tierra girando alrededor del sol parece que lo mirara desde todo ángulo posible. Así también nosotros como iglesia, giramos en torno al misterio de Cristo y para eso utilizamos la potente luz, los potentes reflectores que son los evangelistas. Así que estamos con Marcos en el capítulo segundo. Lo que nos enseña el pasaje de hoy es básicamente que en Cristo está la novedad, pero también nos enseña que esta novedad no es fácil de captar. Al principio aquellos fariseos sienten que este Cristo es un personaje exótico, es un personaje extraño o probablemente rebelde o quizás arrogante. Todas estas especulaciones seguramente pasaron por la cabeza de los fariseos, porque ellos veían que Cristo no seguía, por decirlo de alguna manera, mecánicamente, maquinalmente, las costumbres de otros judíos. Así, por ejemplo, los discípulos de Juan Bautista y los discípulos de los fariseos estaban ayunando. Los discípulos de Cristo no. Cristo no sigue maquinalmente, por así decirlo, las costumbres de su tiempo. Con él llega una novedad. Esa novedad la describe Cristo con esa imagen preciosa del vino nuevo, el vino precioso símbolo de tantas realidades en la Sagrada Escritura. En este caso conviene que miremos al vino en dos claves. Por una parte, el vino es imagen del espíritu. Así, por ejemplo, nos dice el apóstol San Pablo. Lo dice a alguna comunidad y lo sentimos también para nosotros, dice San Pablo: Emborráchense, pero no de vino, que la ebriedad de ustedes sea ebriedad del Espíritu. Y esa ebriedad del Espíritu fue lo que se vivió en Pentecostés. Seguramente recuerdas que cuando cayó el Espíritu Santo sobre los apóstoles y empezaron a proclamar las grandezas de Dios en todo idioma que hay sobre la tierra, entonces la gente decía: Están borrachos. En cierto sentido sí. Estaban ebrios, pero no con una ebriedad que entrañe pecado, no con una ebriedad que entrañe esa clase de exceso, sino con otro tipo de ebriedad, la ebriedad del espíritu. Eso es lo que significa el vino o uno de los significados. El otro significado potente del vino es que es la sangre, es la sangre de la vid. Y es muy impactante esta imagen, porque la única manera de hacer vino nuevo es nuevamente tomando las frutas de la vid. Es decir, hay que exprimir nuevamente la vid y por eso esta nueva sangre es el equivalente, es el resultado de ese nuevo aplastar, ese nuevo oprimir, ese nuevo sacar la sangre a la viña. Y la Biblia nos dice muchas veces que la viña es el pueblo de Israel. Entonces esta sangre nueva, este nuevo derramamiento de sangre, es como el fruto precioso que da Israel. No habrá vino nuevo si no se exprime nuevamente Israel y se va a exprimir ese Israel se va a exprimir en la cruz, y el vino nuevo va a ser la sangre de Cristo, sangre que efectivamente recibimos y bebemos santamente en la Eucaristía. O sea que el vino nuevo es a la vez la novedad del Espíritu Santo, y el vino nuevo es el fruto de ese acto por el que se exprime hasta lo último la viña de Israel en la persona de Jesucristo, cosa que sucedió en la cruz. Sangre preciosa de Cristo, Espíritu Santo que nos renueva. Las dos cosas están en esta hermosísima enseñanza de Jesús.

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