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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué puede aprender un Dios que todo lo sabe?

Homilía i021005a, predicada en 20150119, con 4 min. y 31 seg.

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Transcripción:

Llamamos cristología a aquella parte de la teología que examina, que estudia con particular cercanía y afecto el misterio de nuestro Señor Jesucristo. Esa es la cristología. Y por eso es bien importante el pasaje que encontramos en la primera lectura de hoy, porque se refiere al misterio de Cristo. El capítulo quinto de la Carta a los Hebreos contiene esta frase sorprendente: Cristo, a pesar de ser hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Cada una de estas palabras podríamos decir que abre todo un capítulo dentro de lo que es la cristología.

Aprendió si Cristo es Dios verdadero, si Dios sabe todas las cosas, ¿cómo decimos que Cristo aprendió? algo parecido con respecto a la palabra sufrimiento. Si Cristo es Dios verdadero, si en Dios está la felicidad plena y Él mismo es feliz por encima de toda magnitud, ¿cómo puede llegar el sufrimiento y luego la obediencia? ¿No implica la obediencia una especie de inferioridad? No estaría esto diciendo que el hijo es inferior al Padre y que por consiguiente no es de la misma dignidad. O tal vez no merece exactamente la misma honra y gloria del Padre. Es un pasaje difícil, podríamos decir. Pero hay algo fundamental que debemos recordar: una especie de principio interpretativo en la teología que nos va a servir muchas veces. Es algo que proviene de los escritos de los Padres de la Iglesia.

Cuando nosotros contemplamos el misterio de la encarnación de Cristo, debemos siempre recordar que Cristo llegó a ser lo que no era, sin dejar de ser lo que sí era. Es decir, que la naturaleza humana de Cristo no cancela su naturaleza divina, pero tampoco su condición de Dios elimina la realidad de su ser humano. Este precisamente es el misterio de la encarnación. Cuando decimos que Cristo aprendió, nos estamos refiriendo a aquello que Cristo, en cuanto Dios jamás hubiera podido conocer. El pecado, por ejemplo, no puede afectar de ninguna manera a Dios. En cambio, en su naturaleza humana, Cristo sí podía ser impactado por el pecado, no cometiéndolo, sino sufriendo sus consecuencias. En las injusticias del mundo que Cristo conoció. Conoció también las repercusiones, las penas que conlleva el pecado. Lo conoció sin pecar.

Ese es el tipo de aprendizaje. Ese es el tipo de sufrimiento. Y por eso es también en esa condición humana en la que él va a manifestar la obediencia. Obediencia que no significa inferioridad de Cristo en cuanto verdadero Dios. Porque si lo examinamos bien, el gran principio rector de la obediencia es llegar a la perfecta concordia de voluntades. Si la voluntad humana de nuestro Señor Jesucristo llega a una fusión perfecta con la voluntad de Dios su Padre. Eso no significa una disminución de la condición de Cristo, porque precisamente estamos hablando de una concordia, de una unidad.

Estos son misterios muy grandes, pero hay que contemplarlos, no sencillamente por un deseo, llamémoslo intelectual, sino sobre todo para que descubramos cuánto, cuánto tenemos para agradecer.

¡Alabado sea Jesucristo!

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