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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El mismo Cristo cercanísimo a nosotros es celestial en grado sumo: por eso es puente.
Homilía i021004a, predicada en 20130121, con 4 min. y 44 seg. 
Transcripción:
En el comienzo de este tiempo ordinario para los años impares nos acompaña la carta a los Hebreos. Yo tengo la impresión de que este no es el libro más popular del Nuevo Testamento. Tengo la impresión de que no es el libro del que se predica más en la misa. Tengo la impresión de que es casi un libro desconocido para una gran parte de nuestro pueblo católico. Y por eso, porque temo que sea un libro desconocido, trato de darle un poco más de importancia en estas breves reflexiones para que entremos por otras avenidas, para que avancemos por otras calles dentro de esa inmensa ciudad de Dios que es la Palabra divina. Es que hay personas que en el gran banquete que nos ofrece Dios siempre escogen exactamente el mismo plato y dentro del mismo plato, la misma pieza, la misma parte de carne o de arroz, o de plátano, o de lo que les guste. Y no nos damos cuenta que una dieta balanceada también se necesita en la espiritualidad. También en nuestra fe necesitamos una dieta balanceada. Por qué una persona no debe alimentarse solo de dulces. Pero tampoco alimentamos a una persona solo con limón, ni alimentamos a la persona solo con agua o solo con harina, porque las necesidades de nuestro cuerpo son muy diversas y los distintos alimentos responden a distintas necesidades. Lo mismo sucede con el corazón. Lo mismo sucede con nuestra alma. Hay personas que se fascinan, por ejemplo, con que Cristo sana y salva, y Cristo sana, y Cristo sana. Si es verdad que sana, pero no te quedes únicamente en ese plato. Hay otros. Otros, en cambio, quedan fascinados con la majestad de Jesucristo y entonces solo quieren ver esos pasajes donde Él es el Rey Todopoderoso y es majestuoso y distante y celestial. Necesitamos este banquete variado. Necesitamos recorrer las calles de la ciudad de Dios. Seguramente tú tienes la Biblia en tu casa. Necesito que te comprometas en este año de la Fe, te comprometas a entrar por otras calles. Por supuesto, no utilices cualquier Biblia. Utiliza una buena Biblia católica, sigue las notas explicativas, sigue las introducciones, pero amplía tu fe. Hoy, por ejemplo, capítulo quinto de la Carta a los Hebreos, encontramos frases sorprendentes sobre Cristo. Se nos dice que Cristo aprendió sufriendo a obedecer. ¿Tú qué sientes cuando oyes esa frase que Cristo tuvo que aprender a obedecer? No significa que no quisiera. Simplemente se dice que tuvo que aprender a obedecer y que la escuela de su aprendizaje fue el sufrimiento. Es maravillosa la manera y es maravillosa la profundidad con que la Carta a los Hebreos nos describe a un Cristo que es tan impresionantemente cercano y a la vez tan impresionantemente celestial. Fíjate cómo en el pasaje de hoy aparece Cristo gimiendo, llorando, clamando, sufriendo. Pero luego aparece también ese mismo Cristo que es causa de perfección para los que le obedecen. Es el mismo Cristo del que se nos dijo en el capítulo cuarto que atravesó los cielos. Es una cosa impresionante. Es un lenguaje muy grande, muy vigoroso. Fíjate lo que nos dice el mismo Cristo que entra a mi corazón, que hasta cierto punto desgarra mi corazón para revelar mi verdad más honda. Ese mismo Cristo atraviesa el corazón de Dios, atraviesa hasta lo más alto de los cielos. Este es un lenguaje que tal vez no es el más usual para nosotros, pero es lenguaje que nos sirve, es lenguaje que nos revela qué quiere decir que el Señor ha venido para salvarnos, que el Señor ha venido para ser puente, como decía Santa Catalina. Y el que es puente tiene que estar firmemente unido a una y a otra orilla. Y así está Cristo, unido a nuestro drama y a nuestro dolor, y unido a la santidad, a la pureza, a la belleza del Padre Celestial.

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