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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La solidaridad bien entendida es un modo precioso de describir la vida de Jesús; Él no solo visita nuestra realidad sino que la experimenta, la vive, la sufre, carga con el peso de la tragedia de otros.

Homilía i013016a, predicada en 20230111, con 7 min. y 29 seg.

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Transcripción:

Hermanos, la primera lectura de hoy está tomada de la Carta a los Hebreos, en el capítulo segundo. Y creo que hay dos palabras tan profundas que nos ayudan a acercarnos al mensaje de esta primera lectura. Una es la palabra participación y otra es la palabra solidaridad. Si te das cuenta, están bien conectadas estas dos palabras. Cuando nosotros hablamos de participación estamos indicando que alguien tuvo parte o tomó parte. De hecho, participar en español viene de una palabra en latín que significa «partem capere», es decir, tomar parte, tener una porción de algo, recibir algo, participar.

Y es que Cristo tomó parte en nuestra historia. Cristo, nos dice este texto de la Carta a los Hebreos, asumió nuestra carne y nuestra sangre. Pero además, Cristo también asumió nuestro dolor y Cristo también asumió nuestra muerte. Entonces, ¿de qué participó Cristo? Cristo participó de nuestra naturaleza, porque es verdadero hombre como nosotros, también es verdadero Dios como el Padre. Cristo es verdadero hombre como nosotros, participó de nuestra naturaleza. Cristo participó de nuestro dolor y Cristo participó de nuestra muerte. Y precisamente, a través de su muerte nos liberó de la tiranía del demonio, nos dice este texto de la Carta a los Hebreos.

Y qué impresionante lo que se dice hoy sobre el diablo, porque dice que el diablo mantenía bajo esclavitud a todos los que estaban bajo el dominio del miedo a la muerte, el miedo a morir, el miedo, en cierto sentido, el miedo al absurdo. Ese es un tema muy profundo que lo hemos comentado también en otra ocasión, ese modo de tiranía del demonio, que es una cosa impresionante. Pero, yo quiero centrarme hoy en esta palabra participación. Cristo, que participó de nuestra realidad, repito, de nuestra naturaleza, de nuestro dolor y de nuestra muerte. Cristo participó de nuestra historia. Podemos decir, Cristo se untó de nosotros.

A mí me encanta una expresión que utilizó el Papa Francisco en su carta: El gozo del Evangelio, Evangelii Gaudium. Y, por cierto, no hace mucho dijo el Papa Francisco que ese era su documento preferido, Evangelii Gaudium. Bueno, dice ahí el Papa que Dios no tiene asco de nosotros, Dios no tiene asco. Dios se ha untado de nuestra humanidad, Dios se ha untado de nuestro dolor, Dios ha conocido, podríamos decir por experiencia ha conocido nuestra tragedia, incluso la gran tragedia de tragedias que es la muerte, la participación. Pero uno puede participar de un modo puramente exterior, ¿en qué sentido?

En que si, por ejemplo, muchas personas van en un bus y ese bus, lamentablemente en un barranco, en un abismo, se va al fondo, pues todos ellos participan de esa tragedia, pero seguramente no es algo que ninguno de ellos quería, participan de una tragedia que no era lo que ellos buscaban. Pues bien, la solidaridad, entendida del modo más profundo, está indicando esa participación, que es un auténtico compartir, es el compartir una misma suerte. Es el acercarse, es el aproximarse, es el salir de sí mismo y, en cierto sentido, cargar sobre sí la realidad del prójimo, la realidad del otro. Esa es la auténtica solidaridad.

La solidaridad es una palabra que quizás la asociamos mucho con movimientos políticos y con ese tipo de realidades, pero la verdad es que la solidaridad bien entendida, repito, es un modo muy precioso de describir lo que fue la vida de Cristo. Como Cristo no simplemente visita, no simplemente se asoma a nuestra realidad, sino que la experimenta, la vive, la sufre. Es difícil encontrar la comparación adecuada, pero tal vez algunos santos nos ayudan a entender esto. Yo quiero mencionar, por ejemplo, a San Pedro Nolasco, el fundador de los mercedarios. La Orden de la Merced, fundada en el siglo XIII, tenía como propósito la redención de los cautivos.

¿A qué se referían ellos? Yo creo que este ejemplo es muy bello, porque además la gran inspiración de Pedro Nolasco, pues fue nuestro Señor Jesucristo. En aquellos tiempos de conflicto muy vivo entre cristianos y musulmanes, pues sucedía a veces que piratas, ya fueran piratas marítimos o terrestres, piratas secuestraban a cristianos para luego pedir una gran recompensa, para pedir dinero, básicamente para para pedir ese dinero que era su negocio, eso era lo que ellos querían. Y se le ocurre a este santo, se le ocurre un modo de luchar contra esa práctica, pero prepárate para oír algo impresionante, no sé si lo hayas escuchado antes.

Lo que quería Pedro Nolasco y lo que quiere originalmente la Orden de la Merced, es intercambiar, es decir, que los religiosos de la Merced se ofrecían para ir a cárcel, ir a cautiverio, soportar esa cárcel para liberar a una persona, como quien dice, tienen preso a alguien, entonces, para que ustedes lo liberen, yo voy a ir a reemplazarlo. Esa es la imagen viva de Cristo, esa es la imagen viva de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Ese es un buen modo de describir el grado de solidaridad de Cristo. Te repito, es como cargar, oye esto, como cargar el peso de la tragedia de otro. Qué hermoso, qué hermoso es Cristo, qué hermosa su misión, qué grande lo que ha hecho por nosotros y qué grande, sin duda, lo que inspira a sus santos.

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