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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo se ha humillado y ha padecido en la cruz para hacerse guía y para revelarnos la plenitud de la misericordia del Padre, abriéndonos un camino de confianza.
Homilía i013012a, predicada en 20190116, con 5 min. y 59 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada de la Carta a los Hebreos, en el capítulo segundo, nos presenta otra de las razones para asomarnos al misterio, para llegar a comprender un poquito el misterio de la humillación de Jesucristo, que es uno de los temas centrales de esta carta. Para que nos entendamos, los sacerdotes en el templo de Jerusalén tenían muy clara la idea del Dios santo, Kadosh, el Dios santo, Dios es santo. Recordemos aquella experiencia que nos cuenta el profeta Isaías en el capítulo sexto del libro que lleva su nombre. La gran experiencia que tiene este profeta en el templo, es la experiencia de la santidad inmensa, perfecta, luminosa, inmarcesible de Dios.
Y esa experiencia de Isaías o la experiencia de la gloria de Dios en el profeta Ezequiel, habla de un Dios que es completamente separado del pecado. El problema es cómo puede ese mismo Dios revelar su amor a nosotros en algo tan extraño, en algo tan supremamente raro como es el misterio de la Cruz. Que haya sacrificios que se ofrecen a Dios, eso es algo que podían entender los sacerdotes, pero que Dios mismo se haga sacrificio, que Dios convierta a su Hijo en sacrificio, eso es algo que está más allá de la mente del Antiguo Testamento y, por consiguiente, más allá de la mente de aquellos sacerdotes. Es algo que los rebasa, que lo supera completamente.
Pero no solo a ellos, también a nosotros, decía el gran obispo norteamericano Fulton Sheen, decía que no hay pregunta más difícil que ésta: ¿por qué está Él en la cruz? Es un error, es una locura, es impotencia, es un mito. No, es una realidad y si es una realidad, ¿por qué está él en la cruz? Entonces, hemos visto en la lectura de ayer también del capítulo segundo de la Carta a los Hebreos, que una primera explicación es que Cristo ha padecido la cruz como un modo de guiarnos, como un modo de conducirnos.
Algo así como la imagen del lodazal, decíamos que si un grupo de personas está en una isla selvática y llena de lodo, para sacarlos de ahí, tal vez la mejor manera no es a gritos, hay que acercarse, hay que ensuciarse. Y eso es un poco lo que ha hecho Cristo para mostrarnos el camino. En este texto del día de hoy aparece otra explicación, es la explicación de la misericordia, la explicación de la compasión. Fíjate lo que significa la palabra compasión, es el padecer con el otro. La verdadera compasión no es un sentimiento desde la distancia, sino una participación en el drama, en el dolor, en la frustración, en las consecuencias que está experimentando el otro.
El Papa Francisco decía alguna vez que la caridad que tira monedas, como la que se le tira al mendigo por la calle, esa caridad es relativamente sencilla, pero la misericordia se hace perfecta cuando, de algún modo, nos unimos a aquello que está padeciendo el que padece. Entonces, la misericordia de Dios se ha hecho perfecta en el aprendizaje de compasión que ha tenido Cristo. Cristo ahora puede compadecerse de nosotros, porque Él conoce, por así decirlo, desde dentro, el drama humano. Por supuesto, esto entraña una pregunta para la cristología: Bueno, ¿pero eso no podía conocerlo sabiendo que era Dios? Claro que sí.
De algún modo, lo que se necesitaba no era que Dios aprendiera algo, aunque de hecho eso es lo que presenta la Carta a los Hebreos. No es que Él aprendiera algo, lo que necesitaba es que nosotros viéramos al Hijo de Dios padeciendo con nosotros, como diría San Bernardo, esa es la revelación de la misericordia. La misericordia ya existía, nos dice San Bernardo, pero a través de la encarnación se ha llegado a la revelación de la misericordia. Y la revelación de la misericordia es la que hace posible que nosotros lleguemos a la confianza en la misericordia. Dicho de otra manera, cómo no voy a confiar, cómo no voy a esperar, cómo no voy a entregar mi vida a aquel que ha llegado a semejantes extremos.
Entonces, segunda respuesta de la carta a los Hebreos a la paradoja de la humillación de Cristo en la cruz, la primera era que Él es nuestro guía, la segunda es que con su camino, con su presencia entre nosotros, con su padecer en la cruz, Cristo nos ha revelado la plenitud de la misericordia del Padre y así ha abierto un camino de confianza para nosotros.

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