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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús se hace nuestro hermano porque sabe de sufrimiento, humillación, carencia y consecuencia del pecado; nos arropa, nos consuela y nos transforma con su compasión.

Homilía i013011a, predicada en 20170111, con 4 min. y 26 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy ha sido tomada del capítulo segundo de la Carta a los Hebreos. Insisto, un documento que todos los cristianos, pero especialmente nosotros católicos, tenemos el deber de conocer mucho mejor. Como lo dice la misma Carta a los Hebreos, esto es alimento sólido, no quedarnos únicamente en la superficie, no quedarnos simplemente en un cristianismo que consiste en parches y parches para arreglar mi vida y que yo siga viviendo como a mí me gusta.

La Carta a los Hebreos es alimento sólido y la solidez se muestra precisamente en un lenguaje que a veces nos exige. La Carta a los Hebreos es uno de los documentos más profundos del Nuevo Testamento, porque corresponde a lo que podríamos decir una reflexión bíblica y teológica sobre el sacrificio de Cristo ofrecida a una comunidad que está en padecimiento. Fíjate cómo en Navidad, acaba de terminar el tiempo litúrgico de Navidad, hablábamos de la encarnación. Hablábamos, por supuesto, es lo propio de Navidad, de cómo Dios se ha hecho hombre y se ha hecho hermano nuestro.

Si uno lo piensa bien, el sufrimiento tiene que ver precisamente con esa manera de ser hermano, porque cómo sentir hermano nuestro a uno que está tan distante o que estuviera tan distante de lo que nosotros pasamos. Lo sentimos carne de nuestra carne, lo sentimos nuestro porque ha querido recorrer nuestro propio camino. Precisamente en el tiempo de Navidad, uno de los mensajes, uno de los trinos o de los tuits del Papa Francisco, hablaba de esto, cómo gracias a la encarnación, el Hijo de Dios recorre nuestros caminos y recorriendo nuestros caminos se hace camino nuestro, nos enseña a caminar, de manera que el dolor no sea simplemente disgusto y el obstáculo no sea simplemente un tropiezo.

El que nos enseña a recorrer las sendas de la dificultad, de la persecución, de la carencia o de la tentación de un modo distinto, el que nos enseña se llama Jesucristo, es Cristo el que nos da esa enseñanza. O sea que lo sentimos nuestro, o sea que lo descubrimos hermano, precisamente porque padece junto con nosotros, porque está junto con nosotros, porque hace camino a nuestro lado, por eso lo sentimos hermano, hermano nuestro, bendito hermano nuestro. Acerquémonos al Señor Jesucristo con esta convicción.

No es solamente que Él tenga una anatomía humana como la nuestra. No es solamente que sus músculos o su piel, su cabello, sus ojos sean en todo parecidos a los nuestros. Es que las humillaciones que a veces nos llegan, las carencias, las fragilidades y sobre todo la dureza de las consecuencias del pecado, eso sí que lo conoce Jesús. Y ese conocimiento íntimo, experiencial que él no podía tener sin la encarnación, ese conocimiento es el que le hace más hermano nuestro y es el que hace que nosotros podamos experimentar su compasión, no como un decreto extrínseco a su propio ser, sino como una realidad preciosa que nos arropa, que nos consuela y que nos transforma.

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