Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Acciones principales de Cristo en el Evangelio: predica sana y camina. ¿Se las permitimos en nuestras vidas, familias y comunidades?

Homilía i013009a, predicada en 20150114, con 4 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Hay tres verbos que podemos destacar en el Evangelio de hoy, si atendemos a las acciones de Cristo. Cristo predica, Cristo sana y Cristo camina, recorre las aldeas de Galilea, no se detiene, sana a multitudes de enfermos, predica el Evangelio de salvación. Estas tres acciones, estos tres verbos, nos están enseñando lo que podemos llamar el dinamismo del Evangelio, porque los podemos aplicar cada uno a su propia vida, los podemos aplicar a nuestras familias, los podemos aplicar a nuestras comunidades.

La predicación es la luz de la Palabra. La sanación, y aquí quiero incluir por esta vez también los exorcismos, es victoria sobre el mal, sobre el mal que nos ha atrapado en el pasado, sobre el mal que nos ha disminuido en el pasado. Y ese recorrer de Cristo, ese llenar toda Galilea, está indicando también algo muy hermoso, y es que su victoria es completa y su reinado no deja resquicio, no deja rendija, no deja espacio para el mal. Cristo ilumina con su Palabra, Cristo sana con su amor y Cristo lleva a término una obra plena, una obra completa en nuestra vida. Aplícate eso a tu propia vida, conoces la Palabra, la recibes, la acoges, la escuchas con todo tu ser, eso es recibir a Cristo.

Ahora pensemos en la sanación, te has puesto al alcance del Hijo de Dios para que haga su obra en ti, le has suplicado que sane las heridas, que la violencia, la injusticia, la agresividad de otros ha dejado en el alma. Le has pedido al Señor que sane las heridas que el maligno ha causado en tu vida, el pecado no se va sin dejar horrendas cicatrices y además una gran debilidad que nos hace proclives a recaer. Le has pedido al Señor con genuina humildad y perfecta confianza, con gran perseverancia y total esperanza, le has pedido que te sane de eso que en otro tiempo te atrapó.

Le has dado permiso a Cristo que recorra todo tu ser, eso significa no solamente tu cuerpo, sino que recorra tu mente, tus recuerdos, tus anhelos, tus proyectos, tus amistades, tu manera de descansar, tu entretenimiento, las cosas que te distraen. Realmente Cristo puede recorrer toda tu vida, así como en aquella época recorrió toda Galilea.

Y qué tal que le apliquemos este mismo test, que tal que apliquemos este mismo criterio, por ejemplo, a las parejas o a las familias, qué tal aplicar este mismo criterio a las comunidades, a nuestras parroquias, a nuestros grupos de oración, qué tal permitir a Cristo que Su Palabra, como dirá San Pablo: «Reine entre vosotros con toda su riqueza», qué tal permitirle a Cristo que derrame sobre nosotros la abundancia de su amor, como también dice San Pablo: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado», qué tal permitirle a Cristo que recorra la plenitud de la asamblea, mostrándole a cada uno de los miembros de esa comunidad, mostrándole sus dones irreemplazables, porque nadie sobra en nuestras comunidades.

Qué riqueza, qué hermosura la que tiene este Evangelio para permitirnos, para concedernos, alegrarnos en la fuerza del Evangelio, en la fecundidad inagotable que ha traído el Hijo de Dios a quien sea la gloria por los siglos. Amén.

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