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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesucristo es el fiel y compasivo, cercano a Dios y a los hombres, aquel que cuando nos sana nos envía a servir.
Homilía i013006a, predicada en 20110112, con 5 min. y 40 seg. 
Transcripción:
La Carta a los Hebreos es una hermosísima meditación sobre Jesucristo y sobre la alianza que se ha sellado en Cristo. La Carta a los Hebreos, al mismo tiempo, nos presenta a Jesús próximo a Dios, lo llama ya en el pasaje de hoy: el pontífice fiel, pero al mismo tiempo cercano a los hombres, y en ese sentido también, ha dicho el día de hoy: es compasivo. Yo creo que esas dos palabras pueden acompañar nuestro día de hoy y pueden acompañar nuestra vida religiosa y sacerdotal. Jesucristo fiel y compasivo.
A veces estas dos palabras parece que se opusieran, quizás en ocasiones la persona que es muy fiel se vuelve estricta, se vuelve un juez implacable de los demás que no alcanzan su medida. O quizás hay personas que, en medio de su mediocridad, son compasivos, pero más en el sentido de cómplices, porque admiten casi cualquier comportamiento, estando ellos mismos en medio de sus faltas, de sus defectos. La fidelidad que se vuelve dureza no le gusta a Dios y la compasión que se vuelve mediocridad, tampoco le gusta a Dios. El modelo nos lo da Jesucristo, una altísima fidelidad y una profunda y entrañable compasión, ese es un pensamiento que quizás nos puede servir hoy.
El otro pensamiento tomémoslo del Evangelio. Dos cosas llaman la atención, entre muchas. Una que ya, Pedro y Andrés, por una parte, que eran hermanos, y Santiago y Juan, los otros dos hermanos, habían tomado esa resolución de seguir el camino de Jesucristo y, sin embargo, vemos que ellos conservaban esa ancla, esa referencia, esa sede que era su casa. Y esto es interesante porque desde el punto de vista de la historia de Jesús de Nazaret, nos va dando como un mapa de lo que fue su misión. Jesús es al mismo tiempo un itinerante y alguien que tiene una sede, por ejemplo, esa casa donde estaba Pedro se convierte en la casa de Jesús.
Jesús, después de salir de Nazaret, viene a tener como una casa, por lo menos por un tiempo, ahí en Cafarnaún, y desde ahí tendrá su centro de operaciones. Es una observación tangencial que hago, repito, para que nos hagamos una idea de cómo fue la misión de Jesús, que, en realidad, se puede resumir en dos ciudades o en dos regiones Galilea y Judea, o también como una peregrinación, según hace Lucas, de Galilea hacia Jerusalén. Quizás más aplicación para nosotros tiene el segundo punto que quisiera compartirles. Cuando Jesús cura a la suegra de Pedro, el evangelista hábilmente une las dos acciones, la curación de Jesús y el levantarse de esta mujer.
No dice que Jesús la haya curado y que, estando ya sana, se levantó. Tampoco dice que ella se levantó y entonces Cristo la curó. Y además, el evangelista dice que levantándose, porque entiendo yo que ese es un participio en el texto griego, levantándose, se puso a servirles. De modo que las tres cosas parecen como unidas, Jesús que cura, la mujer que se levanta y la mujer que sirve. Y yo creo que ahí también hay una enseñanza implícita pero muy bella, y es cómo Cristo al mismo tiempo, nos cura y nos pone al servicio de los demás. Y casi se puede pensar que uno empieza a curarse cuando empieza a servir.
Así como uno empieza a enfermarse, cuando deja de servir, cuando uno vive para sí mismo, ya se enfermó, ya eso enferma. Y cuando uno empieza a servir, cuando uno sale de sí mismo en el nombre de Jesús, empieza a curarse. Como todos tenemos algo de que curarnos en nuestro cuerpo, en nuestra alma, pidamos a Jesús que nos levante y sintamos como la voz que nos levanta, es la misma voz que nos envía para que seamos servidores de nuestros hermanos.

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