Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús nos sana porque le duele en el alma nuestro dolor.

Homilía i013001a, predicada en 19970115, con 8 min. y 24 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Un enfermo curado trae más enfermos. En una época, una institución para el turismo, Corporación del turismo no sé qué, aquí en Colombia, decía: Turista satisfecho trae más turistas. Pues así decimos nosotros: Enfermo curado trae más enfermos. Y por eso, pronto Jesús se ve rebosante de trabajo. Todavía hoy los acontecimientos que más congregan a la gente, son los acontecimientos de sanación, que se diga que viene un Padre que tiene carisma de sanación y que va a hacer unas oraciones en algún lugar y allá llegará el pueblo de Dios. Puede que haya novelería en algunos, pero puede que más bien se trate de que, efectivamente, hay muchísimos enfermos.

La población entera se agolpaba a la puerta, la población entera estaba enferma. Muchos enfermos, pocos médicos, muchos que quieran escuchar y pocos predicadores. Y Jesús se dedica a atender a los enfermos, parecen ser los predilectos dentro de su ministerio. A ellos les duelen las manos, los pies, los ojos, el cuerpo. A Jesús le duele el alma, le duele el corazón. Y hay una sanación cuando el dolor del otro se encuentra con mi dolor. La diferencia entre las sanaciones de Jesús y los milagros que cuentan las historietas de otras épocas y de esta época es que Jesús sana porque tiene dolor, porque le duelen las entrañas, porque le duele el corazón, porque le duele en el alma el dolor de la gente, por eso sana.

Y por eso Cristo en la Cruz, es ese perfecto médico, rebosante de dolor y rebosante de salud. Yo creo que uno le tendría desconfianza a un médico que llegara cojo donde uno y dijera: Cuénteme qué le duele, pero cuénteme duro, porque estoy como sordo. Uno le tendría como desconfianza a un médico así, ¿no? Pero, sin embargo, he aquí que Cristo es así, un médico enfermo. Enfermo de amor, enfermo de misericordia. Es un enfermo incurable, es un enfermo terminal. Estamos aquí en los comienzos del Evangelio de Marcos, capítulo primero, versículos 29 y siguientes, y ya Jesús es un enfermo terminal, ya tiene las mismas mañas que lo llevarían a la muerte. Así empezó, con estas mañitas, dedicándose y quemándose por la gente y atendiendo a todo el que se le presentara y perdonando y expulsando demonios, así empezó y de eso murió.

En realidad, el Evangelio entero es el relato de la enfermedad de Cristo. El Evangelio podría intitularse: ¿De qué murió Cristo? Y aquí se nos están presentando ya los primeros síntomas, ya empezó, ya empezó con que él tiene que curar, con que no tiene tiempo para sí mismo, con que él necesita amar, así como otros necesitamos ser amados. Hay en Cristo una imperiosa necesidad de comprender, así como en nosotros hay la necesidad de ser comprendidos. Él tiene la compulsión de perdonar, y más cuanto otros tenemos la compulsión de pecar. Él ansía comunicar fortaleza, y nosotros necesitamos que alguien sane nuestra debilidad, qué más diré, sino que este Cristo es todo y solo lo que necesitamos.

Y cómo se ve ya en ese agotamiento de ese día que verdaderamente sus heridas, sus heridas, nos han curado. Hay un significado alegórico, místico en ese versículo que dice: «Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos». Cuando se puso el sol de esta tierra, quedó brillando el sol de los cielos. Cuando se volvió noche en esta tierra, quedó solo Cristo, y a Él le corresponde ser luz y sol, ser gracia y ser gloria. Toda la población que había trabajado durante el día con la luz de este sol, toda esa población descansa en la noche iluminada por el nuevo Sol, por Jesucristo.

Sabiendo que es toda la población, ¿por qué no vamos también nosotros? ¿Quién será tan tonto, quién tan orgulloso, quién va a perder esta oportunidad? Si es toda la población la que se agolpa a sus puertas, pues que seamos también nosotros de esa población. Y por eso, para lograr una sanación se necesitan muy pocas cosas. Se necesita oír la Palabra porque Cristo dijo que había venido a predicar. Se necesita exponer la herida y se necesita hacer fila, creer y hacer fila. Hay muchas personas que reconocen que están heridas o enfermas, hay muchas personas que creen, hay muchas personas que saben que en Cristo está su salud y les queda faltando solo un detalle, hay que hacer fila, hay que entrar en el bulto, hay que mezclarse con la masa, hay que reconocer que estoy hecho de lo mismo que todos.

El día que uno reconoce que está hecho de lo mismo que todos, deja de escandalizarse de sus pecados y, lo que es mejor, deja de escandalizarse de los pecados de los demás. Pero ¿cómo fue posible que yo hiciera tal pecado? Por una razón muy sencilla, porque no era imposible, porque usted no estaba vacunado, porque usted podía cometer ese, y le digo más, puede cometer otros peores. Pero ¿cómo fui yo a caer? El milagro no es que haya caído, el milagro es que se esté levantando. Cuanto más presto entremos en el grupo de los que buscan salud en Cristo, cuanto más pronto nos enrolemos en esa milicia, cuanto más pronto nos mezclemos en esa masa, más pronto también Él podrá comunicarnos su salud y su bendición, más pronto podrá Él hacer su obra, su hermosa obra en nosotros.

Gracias Señor Jesucristo, porque a ti te duele el corazón y a mí me duele la vida y tu dolor de amor sana mi dolor de existencia. Tu angustia, tu prisa en perdonarme, sana mi prisa en ser perdonado.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM