Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios perfeccionó a Jesucristo por medio del sufrimiento para nuestra salvación porque Alguien tenía que reparar por el pecado, porque su sufrimiento lo hace cercano a nosotros y para evitar que nos alejemos del Él por el placer y la comodidad.

Homilía i012018a, predicada en 20250114, con 8 min. y 40 seg.

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Transcripción:

Si hay una frase de la carta a los Hebreos que siempre me ha impactado, es la que aparece en la primera lectura de la Santa Misa de hoy. Y voy a explicar,porque hay dos motivos que suscitan esta extrañeza, este asombro más que extrañeza. Asombro en mí. La frase es que Dios quiso perfeccionar por medio del sufrimiento a su Hijo para que fuera nuestro Salvador. Dios quiso perfeccionar por medio del sufrimiento a su Hijo para que fuera nuestro Salvador.

Lo primero que inmediatamente capta nuestra atención es aquello de que Dios quiso sufrimiento para su Hijo. Una teología superficial, puramente sensitiva, mundana, no tolera aquello de que Dios haya querido sufrimiento para su Hijo, y nos sacan imágenes espantosas. ¿Cómo puede ser Dios un torturador? ¿Cómo puede ser Dios aquel que somete al sufrimiento a su hijo? ¿Qué clase de Dios es ese? Mira, depende de cómo entiendas tú la palabra sufrimiento. Si tú te quedas únicamente en el que el sufrimiento es un momento de dolor, o de incomodidad, o de un padecer. Y te quedas solamente en eso, es incomprensible el sufrimiento.

Estaríamos hablando, por ejemplo, de un papá que se goza, qué se yo, torturando a sus hijos. No tiene sentido. Pero piensa, por ejemplo, un papá que corrige a un hijo o piensa en un papá que ve que es necesario ponerle una vacuna al hijo y esa vacuna que es inyectada tal vez lo va a hacer llorar. O piensa, por ejemplo, en un entrenador que le exige a esa persona que está entrenando, a esa muchacha o a ese muchacho que está entrenando, le exige que dé más. Dime qué entrenador le va a decir a la persona a la que está entrenando, esfuérzate pero no mucho. Si ya sientes un poquito de cansancio en las piernas, ya no corras más. Si te sientes muy agitado, ya no corras más. Si sientes que estás sudando mucho, ya no corras más, ya no hagas más. No, hay que llevar a la gente a una cierta exigencia. Y hay un dicho en inglés, que hoy lo repiten muchos atletas y lo repite mucho la gente en los gimnasios, y es No pain, no gain. Como quien dice, si no hay dolor-pain, tampoco hay ganancia-gain. Entonces, el sufrimiento. Tenemos que quitarnos esa idea de que todo sufrimiento es de un torturador o de un sádico. Por favor, no. Ya no más, esa tontería. El sufrimiento puede perfeccionar. Por ahí empezamos. Dios quiso que su hijo fuera perfeccionado por medio del sufrimiento.

Pero ahora viene la segunda parte. Cómo así que perfeccionado por medio del sufrimiento. Uno puede suponer que un atleta necesita ese sufrimiento, el sufrimiento de levantarse todos los días a las cuatro de la mañana para salir a trotar diez kilómetros, veinte kilómetros. No sé, todo lo que hacen los atletas. Uno puede decir eso porque los atletas son imperfectos y tienen que crecer en su desempeño, en su desempeño deportivo. Pero uno también puede decir pero ¿Qué sentido tiene hablar de sufrimiento en el caso de alguien que ya es perfecto? Porque claramente el Hijo de Dios es perfecto. Muy buena pregunta. Efectivamente, en sí mismo, el Hijo de Dios es perfecto y no tenía que perfeccionarse. Pero ese Hijo de Dios encarnado, es decir Cristo. Este Cristo precioso que es Dios verdadero y es hombre verdadero, tenía una misión. Y esa misión, esa misión, es la que requería una perfección en la misión.

Que Cristo era perfecto en sí mismo, lo dice la misma carta a los Hebreos. Lo vamos a escuchar en unos pocos días. Lo dice tal cual. Dice que Cristo estaba separado del número de los pecadores, que Cristo es perfecto, moralmente perfecto, éticamente perfecto, espiritualmente perfecto. Nadie lo niega. Pero, en cuanto a la misión, en cuanto a ese llamado a la misión, tenemos que reconocer que el Cristo, por ejemplo, que hace poco estábamos venerando en un pesebre, ese Cristo todavía no podía realizar toda la misión, así como bebé, tenía que crecer ¿cierto? Y su crecimiento no tenía que ser sólo físico, porque, por ejemplo, San Lucas nos dice que Cristo crecía en edad, en sabiduría y en gracia. Entonces, a esa perfección es a la que apuntan las palabras de la Carta a los Hebreos. Es la perfección en la misión, de eso es de lo que se trata.

Y para llegar a esa misión. Y aquí llegamos al tercer punto, Cristo es el Salvador del mundo. Para llegar a esa misión, ciertamente el sufrimiento era necesario por lo menos de tres maneras. Primero, porque la misión de la salvación significa que la reparación del daño del pecado alguien tenía que hacerla. Y en su infinita ternura y misericordia, Dios Padre quiso que esa misión la cumpliera su propio Hijo. Y el Hijo, por obediencia al Padre y amor a nosotros lo hizo. Entonces, el sufrimiento es el que lleva a plenitud de esa misión. Porque si fueron los placeres y las comodidades y las rebeldías las que nos apartaron de Dios, entonces va a ser la penitencia y va a ser el sacrificio y va a ser la obediencia lo que nos retorne a Dios. Y eso lo hizo el Hijo. Entonces, el sufrimiento era necesario para su misión en ese sentido.

En segundo lugar, ese sufrimiento era necesario, porque muchos de nosotros experimentamos sufrimientos de muchas naturalezas; sufrimiento por la enfermedad, sufrimiento por la soledad, sufrimiento por el cansancio. Pasamos por muchas clases de sufrimiento, y si nosotros tenemos muchas clases de sufrimiento, pues difícilmente podíamos sentir cercano y salvador nuestro a alguien que no pasará por ninguna tribulación. Alguien que nunca tuviera ningún problema. El sufrimiento de Cristo, indudablemente lo hace cercano a nosotros, y eso lo ve uno continuamente en la religiosidad popular. Porque uno se da cuenta, que en aquellos santuarios donde se recuerda el sufrimiento de Cristo, hay una gran afluencia de personas que lo sienten cercano. Por mencionar solo dos lugares que son muy conocidos aquí en Colombia. Si nosotros pensamos en El Señor de los Milagros en la ciudad de Buga, ese es un Cristo crucificado y es un Cristo que muestra todo ese dolor. Y además tenemos el santuario del Señor Caído en Monserrate, aquí en la vecindad de Bogotá, y ahí nos damos cuenta cómo hay una tremenda afluencia de personas, que sienten muy cercano a este Cristo.

Por otra parte, el sufrimiento también nos estaba enseñando. No solo era que nosotros sintiéramos cercano a Cristo, sino también nos está enseñando a desconfiar del camino del placer. Y esto también es salvación para nosotros. Desconfiar del camino del placer. No es que el placer sea perverso por sí mismo, pero hay que tener una sana, una sana distancia, hay que tener una sana precaución, hay que tener un discernimiento y sabiduría con respecto al placer para no equivocarnos, porque precisamente el placer se nos puede convertir en ídolo y nos puede apartar de Dios. Y eso también lo muestra el sufrimiento. Y seguramente hay otros argumentos. Entonces, quedémonos con esa preciosa frase. Dios Padre perfeccionó por medio del sufrimiento a su Hijo Jesucristo para nuestra salvación. Y esto solo hace que nosotros sintamos una gratitud sin límites y sintamos un amor sin límites, y sintamos una alabanza sin límites hacia el Padre Celestial que lo dispuso todo. Y hacia el Hijo Redentor, que con amor y obediencia, siguió esa senda estrecha para darle la gloria a Dios Padre y para nuestra salvación. Amén.

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