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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En este Tiempo Ordinario contemplamos la vida y obra de Jesucristo para nuestra salvación.
Homilía i012016a, predicada en 20230110, con 7 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos, iniciamos hoy el Tiempo Ordinario después de las hermosas, conmovedoras celebraciones del Tiempo de Navidad. Llegamos a este tiempo que tiene ese nombre. Yo digo un nombre un poco despistador, el Tiempo Ordinario. Básicamente, ¿qué quiere decir Tiempo Ordinario? Para nosotros, la palabra ordinario hace referencia a lo que es muy común o incluso de baja calidad, como se dice, por ejemplo, una tela ordinaria. Pero el Tiempo Ordinario no es un tiempo de baja calidad, claro que no, ni tampoco es un tiempo común, más bien es el tiempo que sigue un ordo. Es el tiempo que sigue un orden. Ese es el origen que tiene esta expresión Tiempo Ordinario.
Y ese orden que nosotros seguimos es el orden de los Evangelios. Es decir, que en los domingos, por ejemplo, vamos a tomar textos, en este caso el textos de San Mateo, porque estamos en el ciclo A, vamos a tomar textos de San Mateo y vamos a ir recorriendo la vida de Cristo. Es decir, tomamos un orden para seguir la vida de Cristo, seguimos la vida de Cristo por orden. Eso para los domingos, siempre con San Mateo en este año. El año siguiente, el año entrante será según San Marcos y después será según San Lucas. Es lo que se llaman los tres ciclos dominicales: ciclo A, ciclo B y ciclo C. Bueno, eso en cuanto a los domingos y los otros días, los días entre semana, es decir, de lunes a sábado ¿qué? Pues ahí también tenemos un orden y ese orden empieza por San Marcos. Por eso la lectura del Evangelio de hoy. Y vamos a leer prácticamente seguido por orden, vamos a seguir el Evangelio según San Marcos, excepto la parte de la pasión que se reserva siempre para Semana Santa. Vamos después a pasar al Evangelio según San Mateo y después vamos a pasar al Evangelio según San Lucas. Todo eso para las lecturas de entre semana en el tiempo ordinario.
Aparte del tiempo litúrgico llamado Ordinario, sabemos que existen estos otros cuatro tiempos que van por parejas. Acabamos de pasar una pareja de esos tiempos litúrgicos, Adviento que va con Navidad. El Adviento prepara y la Navidad celebra. Y lo mismo sucede con Cuaresma y Pascua. La Cuaresma prepara y la Pascua celebra. El Adviento prepara la llegada de Cristo y la Navidad celebra la llegada de ese Cristo en nuestra carne, el Hijo de Dios en nuestra carne. En Cuaresma y Pascua. Preparamos la salida de Cristo, que será a través de la dolorosa pasión, pero que culmina en la gloria de la resurrección. Entonces, en Cuaresma preparamos nuestro corazón para contemplar esa salida de Cristo, y luego en Pascua, celebramos el triunfo del Señor, es decir, que ha salido ciertamente de nuestra tierra y en cierto sentido ha salido de nuestra historia. Pero no para abandonarnos, sino más bien para marcar un rumbo para la Iglesia. Esa es la otra pareja, que es la pareja de Cuaresma y Pascua. Entonces tenemos Adviento y Navidad por una parte, y tenemos Cuaresma y Pascua por otra parte. Esos cuatro tiempos litúrgicos son llamados tiempos litúrgicos fuertes y tienen ese énfasis. Los dos primeros Adviento y Navidad, la llegada. Cuaresma y Pascua, la salida.
¿Y en el tiempo ordinario qué estudiamos? Estudiamos, digo yo, porque en realidad eso es lo que hacemos. Estudiar en el verbo, estudiar en la Palabra de Dios. ¿Qué es lo que estudiamos? Estudiamos el recorrido de Cristo, miramos el recorrido de Cristo, su ministerio público, sus palabras, sus milagros, sus exorcismos. Y mirándolo a Él, no solamente agradecemos su ministerio, sino también aprendemos nosotros a vivir, como se dice en cristiano. De eso es de lo que se trata. Ahora bien, eso en cuanto a los Evangelios. Pero ¿qué diriamos de la primera lectura o la primera lectura en el Tiempo Ordinario? Pues tiene distintas, distintas expresiones, distintos momentos, y es mucho más difícil hacer un resumen de cómo funciona la primera lectura. Pero por lo menos podemos hablar de cómo empieza la primera lectura.
La primera lectura en los años impares, como este año en el que nos encontramos. Empieza en el Tiempo Ordinario con la Carta a los Hebreos. Por eso hoy tuvimos un texto del Capítulo Segundo de la Carta a los Hebreos. ¿Y para qué leemos la carta a los Hebreos? Es que la Carta a los Hebreos es una escuela de contemplación del ministerio de Cristo. La carta a los Hebreos lo que nos presenta es la gran obra de la salvación lograda en Cristo y por Cristo, esa obra de salvación que es nuestra salvación. Ahí estamos viendo lo que significa en nosotros ser salvados. De eso es de lo que se trata. Y lo presenta todo con la imagen tan elocuente, tan bella, tan fecunda de Cristo, sumo y eterno Sacerdote. Esa es la carta a los Hebreos. Eso es para los años impares.
En los años pares, cuando llega el Tiempo Ordinario, la primera lectura, se toma del primer libro de Samuel, que nos introduce en toda la historia de los reyes y profetas del Antiguo Testamento. De nuevo mirando hacia Cristo, que es el Rey de reyes y que es el profeta definitivo, en cuanto es la revelación definitiva de Dios. Estas explicaciones litúrgicas que hay que repetirlas y hay que saborearlas, yo creo que nos ayudan a apreciar lo que tenemos en nuestra Iglesia Católica y nos ayudan también a aprovechar mejor nuestra nuestra asistencia a la Santa Misa, para mejor alimentarnos de la Palabra Divina.
Así que ya sabes lo que tenemos por delante. Es un gran banquete. Es un texto absolutamente precioso lo que vamos a tener cada día y así preparado por nuestra Iglesia, es para nuestro alimento y salvación. Que Dios te bendiga y aunque no se acostumbre mucho decirlo, yo lo voy a decir. Feliz tiempo ordinario.

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