Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo tiene autoridad porque es coherente, Él dice y hace; y porque toca la vida de la gente y la transforma.

Homilía i012014a, predicada en 20210112, con 5 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Creo que la palabra que atrapa nuestra atención en la lectura del evangelio de hoy es la palabra autoridad. Jesucristo tiene autoridad y se han hecho muchas reflexiones muy bellas sobre esto de la autoridad de Cristo. Por ejemplo, tiene autoridad porque Él es coherente. Él dice y hace. Su manera de vivir y lo que enseña están en perfecta coherencia. Esa es su autoridad. Esa autoridad también, porque Cristo toca la vida de la gente, transforma vidas.

Como decía Santa Teresa de Jesús: las palabras de Dios son obras. Su palabra tiene poder. De hecho, la palabra que aparece en griego y que traducimos por autoridad tiene más que ver con poder. Pero hoy quisiera compartir con ustedes una idea preciosa sobre esto de la autoridad. Una idea que tiene mucho que ver con el exorcismo que también se cuenta en el pasaje de hoy. ¿Cuál es esa idea? La idea es esta. Resulta que en una discusión que Cristo tuvo con algunas autoridades judías, autoridades, les decía: ¿Ustedes cómo van a buscar la gloria de Dios si están buscando la gloria unos de otros?

Hay discursos que son imprudentes, pero hay discursos también que tratan de ser tan prudentes, pero tan prudentes, que en realidad lo que temen es ofender a otras personas. Y precisamente vivimos en la época en que todo el mundo se ofende por todo. Todos están ofendidos. La gente nace y nace ofendida y luego crece y crece ofendida y todo le duele y todo le fastidia. Y me estás ofendiendo. Y supongo que ya en esta homilía, en esta breve homilía, pues aunque sea breve, ya tengo ofendida a una cantidad de gente. Todo el mundo vive ofendido.

Entonces, en una mentalidad, en un ambiente como este, en que todo el mundo vive ofendido poco a poco, las palabras, los discursos, las predicaciones se van volviendo tan tímidas pero tan tímidas, que al final se vuelven diluidas. Cobardes, inútiles, Inútiles completamente. ¿Por qué? Porque el Evangelio, cuando se llena de miedos y miedos. Porque hay que agradar a todos y porque no se puede ofender a nadie, ese Evangelio termina convirtiéndose no en el Evangelio de Cristo, sino en otra religión que ya la hemos mencionado varias veces y que pretende imponerse sobre nosotros los cristianos. Y esa religión se llama buenismo.

Es la religión que consiste en decir que todo consiste en ser buena persona. Sí, pero luego ve tú a entender que es buena persona. Porque claro, una buena persona, en el sentido estricto de la palabra, es una persona que es honrada, que es sincera. Es una persona que es justa y que dentro de su justicia lo primero que le da es la gloria y la alabanza de Dios. Eso sería ser buena persona, ser auténticamente buena persona. Pero cuando la gente habla de ser buena persona, lo que quieren es que entremos en esa especie de onda, de una manera de tolerancia, de permisividad, de relativismo que lo único que hace es servir a los intereses de ciertos centros de poder que quieren uniformarnos a todos. Ese es el buenismo.

Es decir, no te preocupes por la verdad, preocúpate por no caer mal. Ese es el buenismo. El credo del buenismo tiene solamente ese único artículo. No te preocupes por la verdad, preocúpate por no caer mal, por no caer mal, por no disgustar. Y ese, ese buenismo, de alguna manera ya estaba en la época de los escribas. Estaban tan atentos a no romper la interpretación, a no salirse del grupo, a no ser excluidos del grupo. Estaban tan interesados en eso que ya verás la gloria de Dios no importaba.

Entonces, la autoridad de Cristo es la autoridad de una voz que en primer lugar mira lo que es verdadero, lo que es bueno, lo que es santo. Lo digo todavía mejor: Mira al que es verdadero, al que es bueno, al que es santo. Una mirada que está puesta en Dios y que de Dios recibe esa certeza y esa fuerza y esa belleza. Eso que tenía y que tiene la palabra de Cristo, esa es la autoridad del Señor. Pidamos, pidamos a Dios que esta autoridad la tenga también la Iglesia, porque de arriba a abajo en la Iglesia se ha metido también mucho esto de no ofender, de no incomodar, de no lastimar, de no decir lo que puede ser inapropiado.

Entonces, si vamos a hablar con tal grupo, cuidado, voy a ofender a tales. A ver, aquí no puedo ofender a tal país. No puedo ofender a tal régimen. No puedo. ¡Ay, Dios mío! ¿Cuándo volverá la libertad? Que no significa grosería. Que no significa rudeza. Estoy hablando de la libertad de los hijos de Dios. Estoy hablando de la libertad para buscar la gloria del Señor. Esa es la autoridad de nuestro amado Señor Jesucristo.

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