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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la medida en que Cristo asume todas las miserias de la condición humana, menos el pecado, se hace guía apropiado para conducirnos a la plenitud a la que Dios nos llama.

Homilía i012012a, predicada en 20190115, con 5 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Uno de los aspectos más difíciles de comprender cuando nos acercamos al misterio de Jesucristo es esa combinación entre grandeza y humillación. Esa combinación entre santidad y sacrificio, esa combinación entre la pureza y la ignominia. Efectivamente, Cristo es grande, Cristo es santo, Cristo es puro. Pero, por otra parte, la manera como Él nos ha atraído hacia la salvación y la manera como nos ha traído la salvación, es sumamente difícil de comprender, porque estamos hablando del sacrificio de la cruz. Por eso podemos decir que la vida de Cristo y sobre todo la muerte de Cristo, son un verdadero desafío para la inteligencia. Es algo que, por decirlo de alguna manera, nadie se estaba esperando.

No era ese el Mesías que estaba esperando el pueblo hebreo y por supuesto no era el Mesías que estaban esperando los sacerdotes. Por eso esta carta a los Hebreos, la que escuchamos en la primera lectura de hoy, hace una profunda catequesis sobre cómo es posible que Cristo, que es superior a los ángeles, es también el mismo que ha padecido por nosotros. Cristo, que es el Inmaculado, el que está libre de todo pecado, sin embargo, padece por causa de nuestros pecados. ¿Cómo es posible que Él, que es el manantial de toda pureza, se vea, por decirlo de alguna manera, tan envuelto de la suciedad y la miseria del pecado del mundo? Eso es lo que trata de explicar. Es uno de los temas principales de la Carta a los Hebreos.

Y repito, no es algo fácil de entender. No es algo fácil de entender por una razón, porque uno está acostumbrado a que al que es bueno le va bien y el que es grande tiene con qué defenderse. Pero resulta que Cristo es el que es bueno por excelencia y resulta torturado, y Cristo es el poderoso y sin embargo, parece vencido, en el misterio de la cruz. A lo largo de sus páginas, la carta a los Hebreos nos ofrece distintas explicaciones. Por ejemplo, una de ellas es cómo este Cristo, repito, el que es superior a los ángeles, pues ha sido conducido por un camino de obediencia, que es también el camino nuestro.

Entonces, la palabra clave aquí es la palabra: guía. Es una de las explicaciones, no es la única, pero una de las explicaciones que da la carta a los hebreos de ese misterio de la grandeza y la pequeñez, la santidad y el sacrificio, etcétera. Una de las explicaciones es la que estoy diciendo ahora. Es decir, Cristo es el guía para nosotros. Se lo voy a plantear de esta manera. Imagínese usted un grupo de turistas que están perdidos en una isla, Una isla retirada, una isla completamente selvática. Si usted quiere rescatarlos de ahí, pues teóricamente usted podría hacerlo a base de gritos o a base de altavoces, pero ellos necesitan los que están extraviados en medio de esa selva, en medio de esos lodos, en medio de esos peligros. Ellos necesitan que les muestren el camino. ¿Dónde tengo que poner el pie? ¿Hacia dónde tengo que avanzar? Entonces, qué es lo que puede realmente salvar a estas personas, lo que puede salvarlos es que llegue alguien allá y que les vaya mostrando: Síganme a mí. Entonces él va caminando delante y nosotros vamos detrás. Esa es la primera explicación que da la carta a los Hebreos sobre esa tremenda paradoja de la humillación de Cristo.

Porque de eso es de lo que estamos hablando, la tremenda paradoja de la humillación del Señor. ¿Por qué se humilló tanto? Porque nuestra salvación requería de un guía, y ese guía tenía que ser cercano a nosotros. Por eso dice: el santificador y los santificados tienen el mismo origen. En la medida en que Cristo asume todas las miserias de nuestra condición humana menos el pecado. Cristo es el guía apropiado para conducirnos en medio de los laberintos y lodazales de este mundo, hasta la plenitud a la que Dios nos llama. Ahí va asomando el tamaño de su amor, ahí va asomando la grandeza de su obra.

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