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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No se puede quitar el Misterio de la Cruz de la vida de Cristo sin negar a Cristo, y no se puede quitar el misterio de nuestro sufrimiento sin negar nuestra condición cristiana.
Homilía i012011a, predicada en 20170110, con 5 min. y 48 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo segundo de la Carta a los Hebreos. La carta a los Hebreos es un tesoro de enseñanzas que la mayor parte de nuestro pueblo católico simplemente desconoce. No es algo que sin embargo suceda solo en el catolicismo uno puede darse cuenta que también en otros aspectos, en otras áreas del cristianismo actual, hay gran ignorancia sobre las enseñanzas que van más allá de lo inmediato. Creo que uno de los peligros de nuestro tiempo es convertir a la religión en una especie de primeros auxilios emocionales o primeros auxilios existenciales y limitar entonces la acción de Dios solamente a que me resuelva el problema que tengo, me dé la sanación que necesito, me saque de este apuro, me conceda lo que me hace falta de manera que yo me sienta bendecido, sanado, próspero y feliz. Con mucha facilidad el cristianismo se transforma en algo como una religión de la prosperidad. Y es verdad que Dios nos hace prosperar, pero también es verdad que la idea de prosperidad que Dios tiene no, no coincide siempre con lo que el mundo estimaría como próspero. Por ejemplo, tomemos una parte del texto que hoy se proclama en la Santa Misa. Se habla de cómo Dios perfeccionó a través del sufrimiento a su Hijo y cómo la muerte de Cristo fue finalmente un bien para todos. Hablar del sufrimiento dentro del plan de Dios. Hablar de la muerte como cumplimiento de la voluntad de Dios es algo a lo que muchos no están acostumbrados. Dentro de una religión simplista o superficial de la prosperidad. El sufrimiento es algo que siempre estorba. Por eso hay una secta muy poderosa multimillonaria, que se llama: Pare de sufrir. Ese parar de sufrir ¿que está indicando? está indicando que se mira a Cristo, se mira a la gracia y al Evangelio simplemente como una especie de terapia o de parche en la vida que evitará que la persona tenga que experimentar sufrimiento. Pero dentro de ese enfoque, ¿cómo se puede asomar uno a la Carta a los Hebreos? ¿Qué sentido tiene este sufrimiento entonces, el sufrimiento de Cristo? Yo sé lo que algunos dirán. Ah, pero es que Él, Él sufrió, sufrió todo eso para que nosotros no tuviéramos que sufrir nada. Algo así como que nos invitaron a un restaurante costosísimo. Y entonces, pues resulta que no teníamos dinero, pero alguien se le ocurrió pagar la cuenta de todos y entonces todos disfrutamos del banquete y no tuvimos que pagar nada, solo gozar y nada pagar. Ese es el cristianismo.
Eso tampoco es cierto, porque dice el texto de hoy de la Carta a los Hebreos dice: que el que santifica y los que son santificados provienen del mismo origen. Y varias veces dentro de esta carta aparece como el sufrimiento de Cristo no es solamente la fuente de nuestra salvación, sino que también es el camino, el camino que tiene que recorrer el cristiano. Es que los de la religión de la prosperidad lenguaje que se entra también a veces un poco en el mundo católico. Los del lenguaje de la prosperidad no tienen nada que comentar. Cuando Cristo dice: Toma tu cruz cada día y sígueme. ¿Eso cómo se entiende entonces? O cuando dice: En el mundo tendréis luchas. Eso lo dice Cristo. Y cuando dice: Llegará un tiempo en el que aquellos que los persigan a ustedes creerán que le están dando la gloria a Dios. No, no se puede quitar. No se puede quitar el misterio de la cruz de la vida de Cristo sin negar a Cristo. Y no se puede quitar el misterio de nuestro sufrimiento sin negar nuestra condición cristiana. El camino no es buscar una religión de la prosperidad. El camino no es imaginar un cristianismo sin dolor. El camino es entender que aquel que era feliz y perfecto en sí mismo quiso perfeccionarse en los caminos del dolor, para que también los dolores que inevitablemente nos llegarán en él encuentren un sentido. No es sufrir por sufrir, es sufrir unidos a Cristo, es sufrir por amor a Él. No es el sufrimiento que buscamos, es el sufrimiento que nos busca. Pero si llega a nosotros ese dolor por ser fieles a Cristo, nosotros unidos a Cristo, en él tenemos la victoria.

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