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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En tiempos difíciles la tentación será siempre quedarse uno mirándose a sí mismo; la Carta a los Hebreos tiene una propuesta distinta.
Homilía i012010a, predicada en 20150113, con 8 min. y 47 seg. 
Transcripción:
Como nos va a acompañar la Carta a los Hebreos durante varias semanas, Conviene que demos una pequeña explicación de por qué escuchamos este documento y qué podemos esperar de él. ¿Por qué se llama así a los hebreos? La verdad es que desconocemos el autor de la carta y sabemos, en cambio, un poco más sobre los destinatarios. Indudablemente se trata de cristianos que se han convertido del judaísmo, muy probablemente personas de familia sacerdotal. Pensemos en la condición de aquellos levitas cuya vida giraba en torno al templo. Se convierten a Cristo, son expulsados de las sinagogas. Y en esa condición fácilmente están tentados de desesperanza, desánimo, tentados también de dar un paso atrás y deshacer la conversión. La Carta a los Hebreos quiere dar nueva fuerza a estos cristianos que seguramente, repito, pertenecían a las familias sacerdotales vinculadas al templo. Esto explica por qué en la Carta a los Hebreos hay tanta argumentación a partir del Antiguo Testamento. Lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento y que ellos consideraban como las Escrituras. El autor de la Carta a los Hebreos quiere a partir de estas reflexiones que estos levitas, familiarizados con los textos de la Escritura y familiarizados con las prácticas del templo, aprendan a mirar lo que fue su vida y lo que es su nueva vida a partir de Cristo. Entonces los destinatarios son convertidos del judaísmo, seguramente vinculados al templo de Jerusalén, y el propósito de la carta es fortalecerlos en momentos de dificultad y de desánimo. Esa exhortación es tanto más necesaria cuanto más dura es la persecución que han padecido, pero también cuanto más dura es la tentación del cansancio en la lucha por la fe. Porque una cosa es sostener una batalla intensa pero corta, y otra cosa es mantenerse en el fervor, mantenerse en la unidad. Cuando pasa y pasa el tiempo y las condiciones no mejoran. En efecto, el cristiano tiene estas dos luchas. Hay luchas que son intensas, pero breves. Hay otras que son menos fuertes, pero mucho más prolongadas, y por eso la fortaleza cristiana tiene esas dos dimensiones: la audacia para sostener un combate, pero sobre todo la resistencia para perseverar en la fe. Ese es el propósito general de la Carta a los Hebreos, en especial lo que tiene que ver con el cultivo de esa resistencia. En este sentido, también la Carta a los Hebreos va a ser útil para nosotros, porque con mucha frecuencia nuestra vida cristiana tiene que enfrentar dificultades semejantes. Quizás las persecuciones específicas y puntuales son pocas, pero en cambio, la resistencia, el día a día, el saber perseverar en el fervor, en el amor, en la fidelidad día a día, es algo que a todos nos cuesta. Y por eso la argumentación de la Carta a los Hebreos no debemos dejarla únicamente para el siglo primero, sino que hemos de buscar también hay recursos para nosotros. ¿Cuál es el estilo argumentativo de esta carta? Básicamente, lo que hace es dirigir nuestra atención, dirigir nuestra mirada hacia la persona de Jesucristo, ayudarnos a encontrar a Cristo en las Escrituras, ayudarnos a descubrir cómo en Cristo se da la plenitud de todo aquello que fue anunciado en las Escrituras. Pero el ejercicio fundamental, sin duda, es ver a Cristo volver la mirada a Cristo. Puede parecer algo muy elemental, pero la verdad es que cuando uno está desanimado, lo que más le hace daño es que uno se queda mirándose a sí mismo. Cuando uno está desanimado, uno se mira demasiado a sí mismo y luego mira el tamaño de las dificultades que tiene y luego mira el tamaño de los enemigos que tiene y luego mira lo distantes que están los buenos tiempos. Estas son las cuatro miradas que tiene la persona desanimada. Repito esas cuatro miradas porque creo que a todos nos ha sucedido. Uno se queda mirándose a sí mismo y lo poco que uno es y lo poco que uno puede y lo poco que uno avanza. Luego mira las dificultades, las muchas dificultades que tiene. Todo es tan complicado, todo es tan difícil, todo es tan arduo. Luego uno mira los enemigos de la fe y le parecen tan poderosos y le parecen tan resistentes. Y la arrogancia de ellos uno la toma por grandeza. Y después uno recuerda los buenos tiempos, pero los ve tan lejanos, los ve tan distantes que uno dice de allá, de allá no puedo sacar recursos, no puedo sacar fuerza para la situación presente. Ninguna de estas cuatro miradas ayuda a mejorar las cosas. Si uno se queda mirándose a sí mismo. Si uno queda mirando las dificultades, los enemigos y los buenos tiempos. Pero viejos tiempos. Ah, eso sí, eso sí, eran tiempos. Ahí sí había gente que valía la pena. Pero eso que tenemos ahora, esto realmente no sirve para nada. Esto no da la medida. Cuando uno se queda con ese ángulo, cuando uno se queda con esas miradas, no puede obtener la fuerza que necesita. La propuesta de la Carta a los Hebreos es mirar la Palabra, en la Palabra buscar a Cristo y mirar la liturgia y en la liturgia encontrar a Cristo. En los siguientes días vamos a ir encontrando otros textos de la Carta a los Hebreos. Lo de hoy era tomado del Salmo ocho. una especie de aplicación alegórica de lo que dice el Salmo ocho, una aplicación hecha a la persona de Cristo. Pero por ahora quedémonos con esta consigna. En el momento de dificultad, a mí no me van a dar nuevas fuerzas ninguna de esas cuatro miradas. Concentrarse uno en su problema y en lo que estoy sintiendo y lo que estoy viviendo. Concentrarse uno en las dificultades. Analizar a los enemigos de la fe. Ver la distancia de los buenos tiempos. Nada de eso va a dar fuerzas. El único que da fuerzas es Jesucristo. Encontrarlo en la Palabra, encontrarlo en la liturgia, encontrarlo en la asamblea. En todo buscar a Cristo. La mirada puesta en Cristo. De ahí brota la nueva fuerza. Nos lo va a seguir contando esta carta a los Hebreos.

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