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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El sufrimiento de Cristo le hace cercano a nuestros propios caminos, por los que aprendemos la sensatez, la humildad, la solidaridad y la compasión.

Homilía i012008a, predicada en 20130115, con 4 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Tal vez la frase más extraña en las lecturas de hoy es la que encontramos en la carta a los Hebreos, de donde se toma la primera lectura. Es del capítulo segundo. Esta frase: que Cristo padeció la muerte para bien de todos. Y dice otras cosas. Por ejemplo, dice que: Dios perfeccionó por medio del sufrimiento a su Hijo. Realmente son frases de un peso. Son frases de una densidad enorme. ¿Cómo así que tenía que ser perfeccionado el Hijo de Dios? ¿Y cómo así que el sufrimiento perfecciona?

Tal vez lo más interesante y lo más útil es empezar por esta segunda pregunta ¿Cómo así que el sufrimiento perfecciona? Pues la verdad es que cuando una persona todo lo ha tenido y lo ha tenido fácil. Cuando una persona todo lo ha recibido, decimos en bandeja de plata. Suele volverse egoísta, suele volverse dura para juzgar a otros, suele volverse indiferente frente al sufrimiento ajeno, suele pensar únicamente en sus propias metas o en su propio provecho. Eso nos parece indicar que el sufrimiento tiene un cierto lugar, llamémoslo positivo dentro de la vida humana. Porque vemos que cuando se da el sufrimiento, las personas llegan a reconocer su límite. El sufrimiento suele traer humildad, sensatez, sabiduría, solidaridad. Pero el sufrimiento no produce eso de una manera mágica.

Se necesita como una base, se necesita como una materia prima sobre la cual se pueda trabajar. Y esa materia prima, esa materia que luego va a ser perfeccionada, pues tiene que tener una cierta bondad. Eso es lo que ha sucedido en Jesucristo. En Jesucristo Dios nos ha ofrecido su bondad. Pero como dice el Evangelio según San Lucas: Cristo crecía en edad, en sabiduría y en gracia. Es decir, que la bondad del Señor con el paso del tiempo se hace más evidente, se hace más plena, se hace más perfecta, siguiendo los mismos caminos por los que nosotros aprendemos. ¿Qué es valioso? Los mismos caminos por los que nosotros aprendemos a conectar profundamente con el dolor de los hermanos. O sea que en el fondo, lo que nos está diciendo la carta a los Hebreos es: que Cristo no solamente recibió nuestra naturaleza, como decir que tenía sangre humana o huesos humanos, tejido humano, piel humana. No es un asunto de pura fisiología. El misterio de la encarnación y el misterio de la presencia de Dios en nuestra historia implica que Él ha seguido nuestros caminos, así como nosotros aprendemos. Así también Él quiso aprender así como nosotros sufrimos, así Él se unió a nuestro sufrimiento.

Y así como el sufrimiento suele perfeccionarnos porque nos hace más humildes y más sensatos, y más solidarios y más compasivos, así también Él recorrió ese camino. Eso es lo que significa la encarnación. No es simplemente el tener una persona con piel humana, con huesos humanos, con carne humana. No, no es solamente eso. La encarnación es tener alguien que ha recorrido nuestros caminos, que sabe lo que es el dolor, que sabe lo que es la privación, que sabe lo que es la indiferencia, que sabe lo que es la agresividad, la violencia injusta.

Él sabe lo nuestro, lo lleva impreso en su carne. Por eso, por eso nos conviene su ministerio. Por eso su sacerdocio es tan elocuente y perfecto para nosotros.

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