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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay un contraste en las lecturas de hoy. El Evangelio nos presenta la grandeza de Cristo mientras que la Carta a los Hebreos nos habla de cómo Cristo fue "perfeccionado" por el sufrimiento. Sucede, sin embargo, que el sufrir adquiere sentido cuando la intención es santa y generosa.

Homilía i012006a, predicada en 20110111, con 4 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Podemos decir que hay un contraste bien interesante entre las dos lecturas de la misa de hoy. Una está tomada de la Carta a los Hebreos capítulo dos, y la otra está tomada del capítulo primero del Evangelio según San Marcos. En el Evangelio de Marcos aparece podemos decir la grandeza de Cristo. Este es el Cristo que tiene poder de milagros. Es el Cristo que tiene poder para expulsar los demonios. Es el Cristo que enseña con autoridad. Pero en la Carta a los Hebreos, cuando se habla del misterio de Cristo, se nos dice que Cristo ha sido coronado de gloria y honor por haber padecido.

Y hay una frase muy misteriosa que, sin embargo, tiene un gran contenido para nuestra vida cristiana. Leemos ahí que se nos dice: Dios perfeccionó con el sufrimiento a su hijo. Es una frase bastante extraña porque creo que la mayor parte de nosotros miramos el sufrimiento únicamente como una pérdida. Si no pérdida de otra cosa, por lo menos pérdida de tiempo. Pero en el capítulo segundo de la Carta a los Hebreos se dice que el sufrimiento es camino y es camino de perfección. Y uno se pregunta ¿cuál es la perfección que aparece en el sufrimiento? Por eso, repito, hay ese contraste entre las dos lecturas de hoy. Porque en el Evangelio Cristo aparece, podríamos decir fuerte, vigoroso, vencedor. Mientras que la Carta a los Hebreos nos recuerda que la perfección de Cristo pasó por el camino del sufrimiento, del padecer, y casi diría uno de la derrota, porque por lo menos a ojos muy humanos.

El pasaje de la Cruz es sin duda una derrota. ¿Cómo se compaginan estas dos cosas? Pues es que hay que distinguir entre unos sufrimientos y otros. No es que el sufrimiento por sí mismo traiga perfección. La perfección del sufrimiento tiene que ver con la intención, con el propósito, con la meta. Incluso lo podemos relacionar con un ejemplo sencillo si vemos a un futbolista agotado después de una jornada, después de un gran encuentro, quizás definiendo la Copa del Mundo, pues este hombre ha tenido que exigir a su cuerpo el máximo. Hay un sufrimiento, pero ese sufrimiento tenía una intención y esa intención era la victoria. Entonces es la intención la que le da un significado al el sufrimiento.

En el caso de Jesucristo, esa intención aparece clara en dos claves. Y una es la obediencia al Padre Celestial y otra es la salvación de todos nosotros. Es decir, el padecer de Cristo adquiere sentido porque es un homenaje de amor obediente al Padre y porque es un homenaje, un homenaje no, sino una oferta de amor redentor a nosotros. Porque Cristo está adorando al Padre con amor obediente, y porque Cristo está extendiendo su compasión a nosotros. Por eso ha llegado al extremo del sufrimiento, como un médico que en tiempos de guerra tuviera que atender demasiados enfermos hasta quedar exhausto, o como el pastor que tiene que recorrer caminos escabrosos buscando la oveja perdida. Así Cristo con su sufrimiento, no ha hecho otra cosa sino manifestar su grandeza.

Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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