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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El sufrimiento consagra y perfecciona.
Homilía i012001a, predicada en 19970114, con 5 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Nos dice la carta a los Hebreos que Dios quiso perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de la salvación a Cristo nuestro Señor. Llama la atención esta expresión ¿Cómo así que el sufrimiento perfeccione? ¿Cómo es aquello de que el sufrimiento consagre? ¿Y que había que perfeccionar? ¿Y qué faltaba por consagrar en el Verbo de Dios hecho hombre? Pero, en efecto. Es el sufrimiento el que perfecciona y el sufrimiento el que consagra. Y por eso, pobre de la vida que no tiene sufrimientos. Pobre de la vida que no puede ser perfeccionada y que no puede ser consagrada. El sufrimiento consagra, el sufrimiento perfecciona. Porque solo con el sufrimiento perdemos algo de nosotros mismos y perder es la mejor oportunidad que nos da la vida para realmente dar. Cuando uno oye el verbo dar, lo que hace es quitarse algo que le sobraba, por ejemplo, unos centavos que no le hacían falta, un tiempo que no tenía en qué invertir. Perder es la verdadera ocasión para llegar a dar, porque el completo dar es darse y no aprende uno a darse sino cuando son tocados sus intereses, cuando son movidos sus esquemas. Y ese esquema que se me dañó, esa imagen que yo tenía de mí que se me derrumbó. Eso me duele. Pero bendito dolor, bendito dolor, bendito si es la ocasión de dar. Nosotros no adoramos el sufrimiento, adoramos el amor, pero el amor solo alcanza su plenitud dando. Y nadie da de corazón si no llega a perder y nadie pierde sino con sufrimiento. Nadie da de corazón si no es perdiendo. Porque hay un egoísmo radical en nuestra naturaleza humana, herida por el pecado. Cristo Jesús, con una naturaleza semejante a la nuestra, sin el pecado, pero con toda la debilidad de nuestro ser. Redime nuestra naturaleza desde dentro, redime al ser humano no poniéndose frente a él, sino poniéndose dentro de él y llevándolo dentro de sí. La primera naturaleza redimida es la naturaleza humana del mismo Cristo, y en ese sentido, Cristo es no sólo redentor, sino redimido. El primer salvado es el mismísimo Salvador. La primera naturaleza en la que vemos esta salvación es la naturaleza del Salvador, y por eso la carta a los Hebreos lo llama guía de la salvación, y por esa profunda Solidaridad con nuestra naturaleza. Su llanto puede limpiar nuestras lágrimas. Su cansancio puede aliviarnos. Y su muerte sabe resucitarnos. Bendito dolor de Cristo. Santísimo Amor del Redentor. Ven a consagrar también los días que se nos escapan. Ineluctables. Ven a tomar, Señor, nuestro tiempo, nuestro afán, nuestro dinero, nuestro corazón. Tómalo todo en nosotros. Y haz que también nosotros participemos de ti, ya que Tú quisiste participar en todo de nosotros. Bendito Jesús de Nazaret. Bendito Jesucristo, tu Hijo, nuestra esperanza. Tú, nuestra salvación. A ti la gloria por los siglos. Amén.

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