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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Misterio de Cristo tiene un valor infinito y definitivo: porque en Él se da la revelación definitiva, porque Él estaba desde el principio y porque somos salvos solo en Él.

Homilía i011011a, predicada en 20250113, con 6 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Estamos iniciando hoy, mis hermanos, el tiempo litúrgico llamado Ordinario. Y la mejor manera de entender este nombre, que no significa de baja calidad ni de menor importancia. La mejor manera de entenderlo es asociando Ordinario con Orden, porque de eso se trata. En el Tiempo Ordinario, nosotros vamos ordenadamente siguiendo el misterio de Cristo. Siempre hago la misma comparación. Así como la tierra va dando esas vueltas alrededor del sol, así la iglesia va dando esas vueltas alrededor de Cristo, como queriendo verlo desde todos los ángulos, como queriendo aprender de cada una de sus palabras, de cada uno de sus milagros y también de todo lo que el Espíritu Santo regaló a los apóstoles y aquella primera generación de cristianos.

Hoy, por ejemplo, en la primera lectura, tomamos un texto de la carta a los Hebreos. Esto puede ser una sorpresa. Uno dice bueno, la carta a los Hebreos, ¿por qué la carta a los hebreos? Pues porque precisamente es una mirada intensa, una mirada muy, pero muy profunda al misterio de Cristo, especialmente el sacerdocio de Cristo. Porque esta carta a los Hebreos nos va a plantear, nos va a enseñar realmente cómo el sacrificio de Cristo tiene un valor infinito, un valor definitivo, y cómo ese sacrificio, tuvo un sacerdote, con la característica de que el sacerdote era y es el mismo Cristo. Así que hay que preparar los oídos, hay que preparar el corazón para esta enseñanza preciosa, esta enseñanza densa que nos va a traer la Carta a los Hebreos.

Ahora bien, el texto de hoy, que es del prólogo, podríamos decir del comienzo de la Carta a los Hebreos, trae tres enseñanzas. Ya en esa línea de profundizar en el misterio de Cristo. Básicamente nos enseña estas tres cosas. Que en Cristo se da la revelación definitiva. Que Cristo ya estaba desde el principio, es otra manera de hablar del misterio de la Encarnación. Y también que esa revelación y esa obra de Cristo que está desde el principio es superior a todos, concretamente es superior a la obra de cualquier potestad y de todos los ángeles. Ustedes saben que de tanto en tanto se meten esas falsas espiritualidades de los ángeles. Hay una manera correcta de venerar y de invocar a los santos ángeles. Por ejemplo, cuando pedimos la protección de San Miguel, de San Gabriel, de San Rafael, por ejemplo, cuando pedimos la compañía, la guía, la intercesión de nuestros ángeles custodios. Pero ustedes saben también que en muchas épocas y también en nuestra época, se mete como un desorden en esta devoción a los ángeles, un desorden que consiste básicamente en considerarlos como poderes que de alguna manera podemos manipular para nuestros intereses.

Entonces, las tres enseñanzas son: Primera, que en Cristo se da una revelación definitiva. ¿Dónde dice eso? La carta a los Hebreos. Lo dice con estas palabras, que en otro tiempo Dios habló por medio de los profetas, pero que en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo. Y este Hijo, que es la palabra definitiva del Padre, este Hijo que es la revelación definitiva del Padre, de alguna manera es la culminación de todo lo que venía anteriormente, pero además es la superación de todo ello. De modo que ningún profeta puede contarnos tanto de Dios como nos lo ha revelado Cristo. Ningún oráculo va a tener más importancia que el misterio de la Pasión del Señor, o que las sabias palabras de Cristo como están en los Evangelios. Cristo, repito, es la revelación definitiva. Y como decía un programa que fue muy popular aquí en Colombia, no me lo cambien. A Cristo, no me lo cambien por nada. Nosotros no vamos a cambiar a Cristo ni por otra religión, ni vamos a decir que todas las religiones son iguales, ni vamos a decir que da lo mismo una cosa que otra, ni vamos a decir que callémonos para no ofender a nadie. Nosotros no vamos a caer en eso, porque Cristo es la revelación definitiva.

Segundo, Cristo ya estaba desde el principio. Es impresionante lo que nos dice la carta a los Hebreos, que por medio de Cristo Dios iba realizando las edades del mundo. Esto se parece mucho a lo que encontramos, por ejemplo, en la carta de San Pablo a los Colosenses, allí donde se nos dice que por Cristo fueron hechas todas las cosas. Esto le da un lugar único a Cristo, y también es llamado Cristo, primogénito de toda la creación, lo cual según la enseñanza de San Atanasio, muy importante enseñanza, no debe ser entendido como que Cristo es criatura, sino que la sabiduría que es Cristo, está desde el principio en la creación.

Y tercero, debemos tener en cuenta que Cristo nos ha dado esta salvación, y esa salvación no nos la podía dar nadie más, y por eso la obra de Cristo y el ser mismo de Cristo está por encima de todos, incluso por encima de los ángeles. Por más que nos presenten nuevas eras, y por más que nos presenten devociones y por más que nos presenten, siempre debemos tener claro, que solo somos salvos en la persona de Jesucristo, solo somos salvos en Cristo. Y en la medida en que los santos, empezando por la Santísima Virgen María, en la medida en que los santos y los ángeles nos acercan al misterio de Jesucristo, en esa medida ellos son también expresión del amor de Cristo. Pero si nosotros deformamos la devoción a los santos y los convertimos como en dioses, o si nosotros deformamos la devoción a los ángeles y los convertimos como en especies de poderes que podemos utilizar según nuestro antojo, pues estamos muy equivocados, estamos gravísimamente equivocados.

Así que no olvidemos estas tres lecciones con las que se abre el tiempo litúrgico Ordinario, según la Carta a los Hebreos. Lecciones profundas, lecciones que nos invitan a sumergirnos en el amor y en el misterio de Jesucristo. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.

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