|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los "hebreos" de esta Carta son, con toda probabilidad, levitas judíos convertidos a la fe en Cristo, y por eso atacados duramente desde muchos frentes.
Homilía i011010a, predicada en 20210111, con 23 min. y 11 seg. 
Transcripción:
Hermanos, como decíamos al comienzo de la Santa Misa, durante estos días, unas tres semanas. La primera lectura de la Misa va a ser tomada de la Carta a los Hebreos. Esto vale para los días de entre semana, de lunes a sábado. Los domingos, como sabemos, tienen su propio ritmo. Los domingos van a llevar otro sistema. Pero muchos de ustedes, precisamente si están conectados en este momento, son personas que aman la Eucaristía. Yo bendigo a Dios por cada uno de ustedes. Ustedes son personas que aman la Palabra de Dios y por eso es bueno saber cuál es el esquema que se va a seguir en la lectura de la Palabra de Dios. Estoy convencido que si nosotros llegamos como oyentes atentos, la Palabra puede penetrar y hacer su obra más profundamente en nosotros.
Entonces, fíjate, estamos empezando el tiempo litúrgico llamado Ordinario, y en la primera lectura nos encontramos y nos vamos a encontrar, repito, durante tres semanas con la Carta a los Hebreos. Por qué esta carta a los Hebreos, con respecto al Evangelio que se lee entre semana. Siempre estamos hablando de la distribución de las lecturas en la liturgia entre semana. Con respecto a los evangelios, es más fácil de entender lo que pasa. Nos dimos cuenta que el texto que se leyó fue el comienzo del Evangelio según San Marcos. Eso es fácil de ver. Y luego mañana se va a leer lo que sigue en el Evangelio de Marcos, por ejemplo, hoy se leyó lo que viene después del bautismo, porque ayer tuvimos la fiesta del bautismo. Entonces, hoy se leyó Marcos Uno versículos Catorce a Veinte. Mañana martes se va a leer versículos del Veintiuno al Veintiocho, el miércoles del Veintinueve al Treinta y nueve, el jueves del Cuarenta al Cuarenta y cinco. Es fácil ver que el sistema de las lecturas del Evangelio entre semana es lo que se llama lectura continua. Vamos tomando pasajes del Evangelio, vamos leyendo en este caso a San Marcos, pasaje por pasaje con unas pequeñas excepciones.
Y le cuento que ese ejercicio de leer así a San Marcos, lo vamos a tener durante muchas semanas por allá, muchas semanas después, a la altura de la semana número diez del Tiempo Ordinario, que va a venir después de Pentecostés. O sea, eso ya es prácticamente la mitad del año civil. Por allá, a esas alturas empezaremos a hacer el mismo ejercicio con San Mateo, partiendo de las Bienaventuranzas. Entonces, empezaremos Mateo Cinco y vamos leyendo poquito a poquito pasajes, pasajes de San Mateo, omitiendo algunos que son muy iguales, muy parecidos, prácticamente repetición de marcos. Y después de que hayamos leído todo esto es tiempo ordinario y todo esto es lecturas de entre semana. Después de que hayamos leído bastante de San Mateo, llegamos prácticamente hasta el borde de la Pasión de Cristo. La pasión de Cristo no se lee en el Tiempo Ordinario, porque todos sabemos que la Pasión de Cristo se lee en Semana Santa. Después de que terminemos la lectura de San Mateo, sigue el Tiempo Ordinario y entonces, ¿qué vamos a hacer? al leer a San Lucas. Y seguiremos con Lucas, Lucas y más Lucas hasta terminar por allá a fines de noviembre, la lectura de Lucas, y ya empezará otro año litúrgico.
Estas pequeñas explicaciones litúrgicas hacen o yo espero que hagan, que te sientas en casa, que cuando vayas a la Misa sepas en dónde estamos. Es como cuando uno va a visitar, qué sé yo, una finca o una casa y le dicen mira, aquí tenemos la sala y aquí tenemos la despensa y aquí tenemos la cocina y ahí esa puerta va a dar al patio. Uno tiene que conocer la Biblia y conocer su liturgia así. Y así tenemos que amarla. Bueno, eso en cuanto a los evangelios. Esos son más fáciles de entender en ese sentido. Pero alguno preguntará. Porque yo sé que ustedes son gente muy inteligente. ¿Y San Juan? Porque mire, se lee Marcos, se lee Mateo y se lee Lucas. ¿Qué pasó con San Juan? San Juan se lee en dos grandes periodos. Se lee en el tiempo litúrgico de Navidad, que va desde la Nochebuena hasta el Bautismo del Señor, y se lee también abundantemente en el tiempo de la Pascua. Los evangelios del tiempo de la Pascua, en su mayoría, son de San Juan. Ese es el modo como nuestra Madre la Iglesia ha distribuido las lecturas de los Evangelios. Y vuelvo a decir entre semana. ¿Y sabes por qué lo destacó tanto? Porque es bueno que sepamos todo lo que se está perdiendo, mucha gente. Mucha gente que no va a Misa entre semana. Bueno, muchos no pueden. Muchos les queda difícil. Pero veámoslo entonces de un modo positivo. Mira todo lo que nosotros ganamos asistiendo a la Misa entre semana. Realmente le hacemos un recorrido, yo diría exhaustivo, a los cuatro evangelios. Es una maravilla.
Pero nosotros volvemos a nuestra carta a los Hebreos. Esta carta a los Hebreos se utiliza como primera lectura en los años impares. Porque en los años pares, las lecturas del tiempo ordinario, es decir, lo que viene después del Bautismo del Señor, empiezan con el primer libro de Samuel. Es decir, que en los años impares empezamos con el misterio de Cristo Sacerdote. Es una contemplación de Jesucristo. Es una atención dedicada a Jesucristo, la que nosotros estamos ofreciendo aquí, en la Carta a los Hebreos. Mientras que en los años pares empieza con el primer libro de Samuel y lo que se hace es recorrer poco a poco la historia de los reyes y profetas de Judá y de Israel. Entonces, esta Carta a los Hebreos es como un comienzo. Por eso se pone al comienzo del Tiempo Ordinario. ¿Un comienzo de qué? Un comienzo de contemplación. Un comienzo de mirada amorosa y atenta, de mirada amorosa, atenta y sostenida a Jesucristo. Porque nosotros vamos a la Misa ¿a qué? a escuchar a Jesucristo. Vamos a la Misa ¿a qué? a orarle a Cristo. A alimentarnos de Cristo, a que Cristo toque y transforme nuestras vidas. Cristo es nuestro centro. Cristo es nuestro amor. Cristo es nuestra esperanza. Entonces, el año litúrgico empieza mirando hacia Jesucristo a través de unos lentes muy profundos que son los lentes de la Carta a los Hebreos. Impresionante. Y en las predicaciones que Dios nos conceda durante estos días, nos vamos a encontrar precisamente algo de esa abundancia que está en la carta a los Hebreos. Es algo impresionante.
Bueno, ¿qué vamos a hacer hoy? Porque no podemos explicar toda la carta hoy. Vamos a comentar un poco por qué esta carta tiene tanta riqueza. Es tan abundante la riqueza que ya dije la Iglesia quiere que nosotros empecemos el año litúrgico con pie firme, con una gran contemplación del misterio de Cristo. Empecemos por el nombre, ¿por qué esta carta se llama Carta a los Hebreos? ¿Quiénes eran los hebreos? Pues mira, sucede que cuando empezó la predicación del Evangelio en Jerusalén, muchas personas se convirtieron. No todas, pero muchas se convirtieron. Recibieron a Jesucristo como Señor, recibieron el bautismo que los une a la Pascua de Cristo, se acogieron a la enseñanza de los apóstoles, empezaron a compartir su vida y sus bienes en comunidad. Maravilloso, algo bendito. Y hay un pasaje en el libro de los Hechos de los Apóstoles que me llama mucho la atención y que tiene que ver con esta lectura. Resulta que hablando de las conversiones y de cómo la gente, cómo el Evangelio se iba extendiendo más y más. Hay un momento en el que San Lucas, que es el autor del libro de los Hechos de los Apóstoles, dice, y esto me parece simpático por mi propia vocación. Dice incluso muchos sacerdotes estaban aceptando la fe. Como quien dice, los huesos más duros de roer, los sacerdotes. Hasta los sacerdotes se estaban convirtiendo. Eso nos dice San Lucas en los Hechos de los Apóstoles. Los sacerdotes a los que hace alusión Lucas son los sacerdotes que servían en el templo de Jerusalén. Y la expresión que utiliza Lucas es apropiada. Incluso los sacerdotes se estaban convirtiendo. Porque no es mentira que las conversiones más difíciles eran las de los sacerdotes, y hay razones objetivas para explicar por qué.
Resulta que, como todos sabemos, los grandes conspiradores para lograr la muerte de Jesucristo fueron los sumos sacerdotes que se habían convertido en una mafia. Había uno que era el que aparecía, el que figuraba que se llamaba Caifás, y ese era yerno de otro, que era el verdadero poder detrás del trono que se llamaba Anás. Anás fue el arquitecto de la muerte de Cristo. Yo pronuncio estas palabras y le pido a Dios que tenga misericordia de su alma, porque Anás diseñó la muerte de Cristo y la logró. Entonces, era una mafia donde estaba Anás y Caifás, y era una mafia, que por supuesto estaba completamente en contra de la predicación de los apóstoles. Los primeros encarcelamientos de los apóstoles, los de Pedro y Juan, fueron obra de estos sumos sacerdotes. No contentos con eso, ganaron para su causa a Herodes y Herodes por darles gusto a ellos, decapitó. Según nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles. Decapitó al primer apóstol ¿Cuál fue el primer apóstol mártir? Ustedes tienen que saber eso. Imposible que no lo sepa. El primer apóstol mártir fue Santiago, precisamente el que se menciona en el Evangelio de hoy. Entonces, es evidente que si las cabezas de esa jerarquía sacerdotal judía, si las cabezas habían sido los arquitectos y los autores intelectuales de la muerte del Mesías, que un sacerdote de menor rango, claro está, pero que un sacerdote se convirtiera a ese Cristo que era tan detestado por Anás y Caifás y las demás cabezas. Era algo muy difícil. Pero el poder del Evangelio fue tan grande que se abrió paso también entre la casta sacerdotal.
La segunda razón por la que era muy difícil que se dieran conversiones de los sacerdotes judíos es porque estos sacerdotes vivían del templo. Eso quiere decir que cuando un sacerdote, sacerdote según la ley de Moisés. ¿Qué significa sacerdote? significaba en aquella época, varón descendiente de Aarón, que a su vez era descendiente de Leví, el hijo de Jacob. Los descendientes de Aarón eran llamados sacerdotes. El resto de los descendientes de Leví eran llamados los levitas. Bueno, entonces, ¿qué pasaba con estos sacerdotes? Que el sacerdote que se convertía lo perdía todo. Eso no le pasaba necesariamente a los otros que se convertían a Cristo. Pero el sacerdote que se convertía a Cristo lo perdía todo, porque como ellos vivían del templo. Obviamente, lo primero que hacían, aquellas cabezas de la jerarquía sacerdotal judía, era expulsarlos. Era excomulgarlos, tú para afuera. ¿Y qué significa ser expulsado de la sinagoga? Significaba que esos sacerdotes se quedaban sin sustento económico, se quedaban sin vida social, les confiscaban muchas veces los bienes bajo argumento de que todo lo habían recibido del templo. Y como tú renunciaste al templo, te quitamos todo. Eran desprovistos de sus bienes más básicos, eran tratados con desprecio y humillación pública. Sus hijos eran escarnecidos en todas partes, no tenían sustento económico en ningún lado. Es decir que para que aquellos sacerdotes llegaran a darle un sí resuelto a Jesucristo. ¡Madre mía! Se necesitaba mucho. No era nada fácil. Y sin embargo, sucedieron esas conversiones.
Entonces, ¿Quiénes son estos hebreos? Porque estamos tratando de ubicarnos en la Carta a los Hebreos. ¿Quiénes son estos hebreos? Según todos los estudios a los que yo he podido acceder, estos hebreos eran precisamente de esos sacerdotes que se habían convertido a Cristo, y que después de tener un puesto de honor, porque ser sacerdote implicaba un honor en aquel tiempo, y todavía hoy muchas personas tratan con amor a los sacerdotes, ya con el sacerdocio que nos ha dado Cristo, el sacerdocio ministerial que nos ha dado Cristo. Aunque hay otras personas que igual lo maltratan a uno y lo maldicen simplemente por ser sacerdote. Pero en todo caso, volvamos a ellos. Ellos, después de tener una posición de alcurnia, una posición destacada y de ser respetados por tanta gente, pasaban a ser la basura tratados como escoria, tratados como si fueran lo peor. Los apóstatas, los falsos, es decir, algo realmente espantoso. Entonces, estos sacerdotes convertidos a Cristo, son con toda probabilidad los hebreos de los que aquí se habla. Y por eso el gran tema de la carta a los Hebreos va a ser la respuesta a esta pregunta. Por si acaso usted está tomando nota, que hay gente que toma nota en las homilías. A mí me parece muy respetable eso, por si acaso usted está tomando nota.
El gran tema de la carta a los Hebreos es el sacerdocio de Cristo, porque si hay una palabra que nadie le quería aplicar a Cristo. Era la palabra sacerdote. Imagínate, si el sacerdote, si los sacerdotes fueron los que llevaron a la muerte a Cristo. Si los sacerdotes, es decir, la casta de los saduceos. ¿Por qué se llamaban saduceos? Porque se declaraban. Eso está por demostrarse. Se declaraban sucesores, descendientes de Sadoc, el sumo sacerdote del tiempo de David, que permaneció fiel al rey David en todo momento. Por eso se llamaban saduceos. Entonces, si los saduceos eran tan terriblemente adversos a Jesucristo, llamar a Cristo sacerdote era algo que no se le ocurría a nadie. Y en efecto, a nadie se le ocurrió. No aparece, que se le llame a Cristo sacerdote en ninguna otra parte, prácticamente en ninguna otra parte, sino aquí en la Carta a los Hebreos.
¿De quién es esta carta a los Hebreos? Durante algún tiempo, algunos pensaron, nunca fue opinión única. Algunos pensaron que este documento podría venir del apóstol San Pablo. Y tú te encontrarás en libros cristianos antiguos, cristianos católicos obviamente, te encontrarás que se habla de la carta a los Hebreos como si fuera del apóstol San Pablo. Nunca esa opinión fue unánime en la Iglesia Católica. Hay otras opiniones. Realmente el autor nunca se identifica. Pablo, en cambio, siempre se identificaba Pablo, apóstol de Cristo, etcétera etcétera. Entonces, ¿qué podemos decir? Pues no sabemos el autor. Esta es de las cosas que a uno le maravilla. Uno de los documentos más preciosos de la Biblia y no tenemos idea de quién es el autor. Es posible, sugieren algunos, que el autor sea un judío convertido al cristianismo que fue amigo de Pablo y que recibió mucha instrucción de Pablo. Un hombre llamado Apolo. Es posible que el autor de la Carta a los Hebreos, sea este hombre llamado Apolo. Que era sumamente versado en las Escrituras, que ya creía en Cristo cuando se encontró con Pablo y que recibió del apóstol San Pablo una formación personalizada. Pero eso no lo podemos resolver y en cierto sentido no es lo más importante.
Terminemos esta breve reflexión comentando por qué es un regalo de Dios la Carta a los Hebreos. Por algo le estoy dedicando tanto tiempo a esta presentación. Te puedes imaginar el nivel de frustración, de decaimiento, de desánimo, de, podríamos decir, de falta de fuerzas que estaban experimentando estos que la Biblia llama Hebreos. Imagínate lo que es empezar a creer en Cristo y empezar a recibir palo por un lado y por otro, quedarte sin trabajo, ver a tus hijos pasando hambre y siendo humillados. Ver que tus mejores amigos, los de toda la vida, te maldicen y te maltratan. Ser excluido y expulsado de tu casa. Era demasiado lo que estaban sufriendo. Y en medio de todo ese sufrimiento, el autor de la Carta a los Hebreos empieza, como se dice popularmente, a tomar el toro por los cuernos y empieza entonces con la idea más revolucionaria del siglo primero. No solamente podemos decir que Cristo es sacerdote, sino que Él es el gran sacerdote. Él es el verdadero sacerdote. Él es sacerdote que todos esos sacerdotes del templo de Jerusalén. Él es el sumo, el más alto y eterno Sacerdote. Ese es el mensaje que les da esta comunidad de antiguos sacerdotes del judaísmo convertidos a Jesucristo. El mensaje que les da es no se avergüencen de su fe, no decaigan en su esperanza, no se dejen agrietar, no se dispersen. Es un momento duro el que están viviendo, pero es el momento para proclamar que Jesús es Señor.
Y ahora entiendes por qué yo le hago tanto énfasis a esta carta a los Hebreos. Porque estoy seguro que muchos de ustedes, amados hermanos, están viviendo algo así. Por muchas circunstancias, entre las cuales indudablemente se cuenta la pandemia. Por muchas circunstancias, circunstancias de pobreza, circunstancias de exclusión, circunstancias de burla. Grandes autoridades se burlan ante los medios de comunicación de la fe cristiana. No se me olvida aquel el gobernador de un estado, de los Estados Unidos de América, que decía la oración no tuvo nada que ver con el control de la pandemia en este estado, así negando a Dios. Entonces, nosotros los que creemos en Dios, nosotros los que amamos a Cristo y que estamos padeciendo como todo el mundo, estamos padeciendo las circunstancias, la soledad, la presión psicológica, la incertidumbre en tantas cosas. Nosotros necesitamos palabras como las que nos está dando y nos va a dar la Carta a los Hebreos.
Por eso yo te invito a que ni siquiera te quedes solamente con lo que nos ofrece la liturgia en la Santa Misa. Yo te invito a que te acerques a este texto con fe, que hagas tu lectura personal, que hagas tu meditación. Es un documento que tiene, como se dice popularmente, otro nivel. Se necesita un poquito de tiempo y ayudarse con una buena Biblia con notas. Pero mira, es mensaje jugoso, mensaje sustancioso. Es ese mensaje que tal vez te puede dar la fuerza, que tal vez puede darte la esperanza que tú puedes estar necesitando en este momento. Y te digo una cosa, te estoy hablando desde la experiencia, porque me ha dado tanta fuerza a mí la carta a los Hebreos. Puedo decir con toda certeza. Me ha enseñado otro modo de contemplar la grandeza de lo que Cristo hizo por nosotros y, por consiguiente, la grandeza de lo que podemos esperar de nuestro amado Señor. Sigamos esta celebración recordando finalmente que lo que sucede en el altar, lo que sucede en este altar, no es otra cosa, mis hermanos, sino la unión con lo que sucedió en el Calvario. La unión con aquello que hizo de Cristo el Sumo y Eterno Sacerdote. A Él sea la gloria y la alabanza por los siglos. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|