Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El arrepentimiento sin la fe conduce a la desesperación y la fe sin arrepentimiento lleva a una idea vacía, a una mentira, a un engaño.

Homilía i011009a, predicada en 20210111, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

Estamos empezando, hermanos, el tiempo litúrgico que se llama Ordinario. Pero hay que tener cuidado, siempre lo advertimos. Hay que tener cuidado con esta palabra, porque en muchos sitios ordinario quiere decir lo que no tiene gran calidad. Y por supuesto, ese no es el sentido aquí. Ordinario viene del latín, de una raíz que es Ordo. Ordo es orden. De manera que el Tiempo Ordinario es el tiempo que tiene un orden, el tiempo ordenado, el tiempo que sigue un orden. ¿Cuál orden? Pues seguimos ordenadamente los Evangelios durante todo el Tiempo Ordinario, es decir, seguimos por orden el Evangelio acompañando el ministerio de Cristo.

Ayer estábamos celebrando el Bautismo del Señor y sabemos que después del bautismo y de su intensa oración y ayuno en el desierto, Cristo nuestro Señor inició su ministerio público. Empezó a predicar, empezó a regalarnos el don de sus milagros, empezó a concedernos el poder de sus exorcismos, de tal modo, que lo que hacemos durante el Tiempo Ordinario es seguir el orden de los Evangelios para acompañar a Jesucristo en todo ese recorrido, es decir, para acompañarlo en su ministerio público. ¿Por qué? Porque queremos ser discípulos de Cristo, porque queremos aprender de Él, porque queremos ser sanados por Él, porque queremos recibir lo que Él tiene para darnos. Y por supuesto, queremos compartirlo con nuestros hermanos. Por eso, nosotros estamos iniciando este tiempo ordenado, este tiempo que lleva el orden de los Evangelios, que lleva una secuencia y un orden para que seamos verdaderos discípulos de Cristo.

¿Y por dónde empieza esto de ser discípulo de Cristo? Empieza en los dos verbos que han aparecido el día de hoy, en la Misa de hoy, en el Evangelio de hoy. Esos dos verbos que están en boca de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esos dos verbos son arrepentirse y creer. Atención, mis hermanos, que los dos verbos son importantes; arrepentirse y creer. Si nos quedamos con el solo arrepentimiento, nos hundimos en nuestra tristeza, en nuestro fracaso, en nuestra depresión. El arrepentimiento sin la fe conduce a la desesperación. Pero una fe sin arrepentimiento, una supuesta fe sin arrepentimiento, es algo que se queda sin contenido. Es algo mentiroso. ¿Por qué? Porque mi fe es en Cristo, mi Salvador. ¿Pero de qué me va a salvar si yo no reconozco mis pecados? De manera que la fe sin arrepentimiento se convierte en una idea vacía, en un cascarón muerto. Esa fe es una mentira mental. Entonces, el arrepentimiento sin la fe me lleva a la desesperación y la fe, la supuesta fe sin arrepentimiento me lleva a una idea vacía, a una mentira, a un engaño. Necesitamos las dos cosas, reconocer que somos pecadores. Todos lo somos. Reconocer nuestro pecado y creer que Cristo es capaz de vencer ese pecado. Es capaz de tener victoria sobre nuestro pecado. Pero no separemos esos dos. También aquí vale, que lo que Dios ha unido, no lo debe separar el hombre.

En la predicación, en su testimonio, en su ministerio, Cristo mostró muy bien, el arrepentimiento va unido a la fe. Arrepentíos y creed. Pues eso vamos a hacer, porque este año queremos ser mejores discípulos de Jesucristo.

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