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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Carta a los Hebreos fue escrita para reanimar a los cristianos en la fe.

Homilía i011002a, predicada en 19990111, con 6 min. y 37 seg.

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Transcripción:

La carta a los Hebreos es un mensaje para cristianos atribulados, desanimados, que empezaron bien y se fueron cansando. Por eso mismo es una carta que sirve para toda la Iglesia de todos los tiempos. Es un mensaje siempre actual, porque yo pienso que la mayoría de nosotros tenemos la experiencia de haber empezado bien. Incluso hemos empezado bien muchas veces. De pronto empezamos el año con ciertos propósitos. De pronto, después de una confesión, nos sentimos renovados. De pronto, después de un retiro espiritual, después de una oración intensa, después de una lectura provechosa, sentimos que ha habido un comienzo en nuestra vida, pero parece que está en el corazón humano la misma capacidad para empezar. Como hay capacidad para desanimarse, para decaer.

Por eso necesitamos acudir a esta carta a los Hebreos, una carta que de distintas maneras nos apremia a perseverar, a consolidarnos en la fe, a buscar ante todo y por encima de todo, a Jesucristo y a recibir antes que todo y primero que todo, a Jesucristo. Nadie podía hacer por nosotros lo que hizo Jesucristo. Nadie puede hacer por nosotros lo que puede Jesucristo. Y por eso esta carta a los Hebreos empieza declarando la primacía de Jesucristo por encima de los ángeles. En efecto, los santos ángeles hablan bien de la gloria de Jesucristo. Hablan bien. Pero si se ha perdido ese centro, si se ha perdido ese punto de referencia, los ángeles, como las demás criaturas, pueden convertirse más bien en una distancia, en una confusión, en un plazo. No son entonces una nube gloriosa, sino una nube de confusión.

Entonces el autor de la Carta a los Hebreos quiere despejar todas esas nubes y quiere que nos encontremos cara a cara con el Señor. Quiere que descubramos de una manera nueva qué fue lo que Jesucristo hizo por nosotros. Quiere que abramos los ojos del corazón, que vayamos por encima de las expresiones sensibles primeras para sumergirnos en la teología de la redención de Jesucristo. Lo que Jesús ha hecho por nosotros, la Palabra que tal vez más va a utilizar esta carta a los Hebreos para describir la obra de Jesús es sacerdote. Se trata de un nuevo sacerdocio. Jesucristo es el verdadero, el sumo y eterno sacerdote y lo que quiere el autor es que nosotros miremos al sacerdocio de Jesucristo, miremos a Cristo Sacerdote, contemplemos de una manera quizá menos sensible, pero más profunda, lo que Él ha hecho por nosotros, para que también sepamos a qué esperanza estamos llamados, para que sepamos qué recursos tenemos para que nos animemos ante el amor que hizo posible nuestra redención. Porque se sabe desde antiguo que lo que despierta el amor es saberse amado.

Entonces eso es lo que quiere esta carta, que nosotros nos sepamos, amados, que tengamos una comprensión nueva del amor de Dios manifiesta en la obra de nuestra redención, para que podamos también aprovechar de ese amor y no decaer. Cristo aparece al final. Cristo aparece al final, después de muchas edades, después de muchas voces aparece la Palabra de Jesucristo. Cristo aparece en continuidad con un pasado de promesas, pero a la vez como cumplimiento de todas ellas. Y así, este Jesús, que es el resumen de todo, el heredero de todo, compendia en su propia persona todo lo que Dios nos había dicho y todo lo que Dios tiene para decirnos.

Acerquémonos entonces a este Jesús. Pidamos a Dios que en estos días en que vamos a meditar la carta a los Hebreos, nuestro corazón reciba la gracia propia de esta lectura. Si esto fue escrito para reanimar a cristianos que necesitaban ese aliciente, ese alimento, esa luz. Si esa es la gracia propia de esta carta, pues que venga esa gracia para nosotros que se cumpla en nosotros lo que ahí se pide y que nosotros entonces, con una vida renovada, podamos también dar testimonio más alegre, más eficaz, más profundo, más extendido de todo lo que Jesús es para nosotros. Nos habla esta carta de la culminación de todos los sacrificios y del resumen de toda la historia en la redención de Jesucristo.

Ahora que nos disponemos a renovar sacramentalmente ese misterio de redención en Eucaristía, pidámosle a Dios que todos nuestros cansancios, que todas nuestras decaídas, depresiones, que todas nuestras, nuestras horas perdidas puedan de alguna manera molerse, hacerse trigo, hacerse hostia y unirse a la redención que se renueva en este altar. Como también se renueva en nuestros corazones al escuchar esta palabra.

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