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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Cómo oír de manera correcta y creativa la Palabra de Dios?
Homilía i011001a, predicada en 19970113, con 31 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Iniciamos hoy el tiempo ordinario. Como sabemos, este nombre no le ayuda mucho al pobre tiempo ordinario, porque queda siendo un tiempo como común. De pronto algunos podríamos tener la sensación de que bueno, ya todo vuelve a la normalidad. Se acabaron las ferias y fiestas y ya llegó lo común. Llegó el tiempo ordinario. Llegó el tiempo ordinario y esto quiere decir que llegó un tiempo como sin brillo, porque ordinario es como sin brillo. Ordinario también se utiliza en castellano a veces para decir algo que es como de mala calidad o Incluso algo que es vulgar decir a una persona decir de una persona que es muy ordinaria. Evidentemente no es ningún elogio. Llegó el tiempo ordinario. En latín es más bonito llegó el tempus per annum el tiempo durante el año. Tiempo durante el año esperando. Es el tiempo durante el año del Señor. Y yo oí una explicación que me pareció muy bonita y que ahora la comparto con ustedes. Decía así: En los tiempos de Adviento y de Navidad, de Cuaresma y de Pascua, celebramos aspectos particulares, desde luego que muy importantes de los misterios de Cristo. El tiempo durante el año, voy a tratar de no decir tiempo ordinario porque no le ayuda ese nombre. El tiempo durante el año litúrgico, ese tiempo durante el año ya no se concentra en un misterio particular, sino que se celebra, como en toda su amplitud, el misterio de Jesucristo. O sea que nosotros, en el año litúrgico, celebramos durante ciertos tiempos misterios particulares y durante el resto del año litúrgico. Durante el año celebramos al misterio de Cristo. Esto quiere decir que a partir de hoy estamos celebrando el misterio de Cristo en su conjunto, en su integralidad, en su plenitud. Vamos a celebrar el conjunto del misterio de Cristo, y para eso la Iglesia nos prepara con dos ritmos distintos. Cuando la gente va a los gimnasios, entonces la ponen a hacer lo que llaman rutinas. Una rutina es el diminutivo de una ruta, un caminito pequeñito, una rutina es un conjunto de ejercicios. Entonces usted para que baje esa verdura, entonces primero haga tantos ejercicios aquí y luego pase a esta otra máquina y hace no sé qué luego pasa aquí, eso se llama una rutina. Esa es una rutina dentro de un gimnasio. Dentro de este gimnasio del Espíritu, que es la liturgia de la Iglesia. Nosotros tenemos dos rutinas que nos mantienen en continua actividad. Aquí el que espabila pierde, el que resbala, cae. Esto tiene dos rutinas. Qué son, la rutina dominical, el ritmo de los domingos y el ritmo de las ferias. A los cuales se añade una tercera rutina, que es el ritmo de las memorias de los santos. De manera que para una persona que esté atenta. Para una persona que esté lúcida. Hay ejercicios de todo género, ejercicios para adquirir fuerza, ejercicios para adquirir destreza y ejercicios para adquirir velocidad. Preparémonos porque estamos a tiempo. Está empezando el tiempo durante el año, estamos a tiempo, estamos al tiempo. Y este año sí lo vamos a vivir completamente en la presencia del misterio de Cristo para eso estamos y queremos celebrar la integralidad del misterio de Cristo. No es un tiempo cualquiera, no es un tiempo ordinario ni vulgar, no es un tiempo sin brillo. Es el misterio de Cristo el que vamos a celebrar. Nos entramos al gimnasio del Espíritu y tenemos tres rutinas, dos básicas y una complementaria. Está la rutina de las ferias, está la rutina de los domingos y está la rutina de la memoria, de las memorias. Pero mire usted que la palabra rutina no suena bien en los asuntos espirituales. De pronto alguna persona puede decir: Pero es que la liturgia es rutinaria. Bueno, pues aquí estamos, atacando el problema de frente. La liturgia no es rutinaria, tiene rutinas como las tiene un gimnasio. ¿Cómo así que los cristianos nos cansamos de las rutinas de la liturgia y los deportistas no se cansan de las rutinas del gimnasio? Y estas sí son, repita exactamente lo mismo. Haga veinte nominales aquí. Cuando se le empiecen a brotar los ojos, pase a la otra máquina donde tiene donde tiene que levantar unas pesas, no. Y la persona levanta las pesas y ya uno siente que ya las levantó. No. Ahora déjelas otra vez caer. Eso es mucho más cruel que la liturgia. Levanto y levanto una pesa y cuando ya la logra levantar, ahora bájela y levántela. Entonces la liturgia de la Iglesia no es rutinaria, pero sí tiene rutinas que son ejercicios, ejercicios, ejercicios espirituales. Los ejercicios espirituales no empiezan cuando se llama al Padre predicador, Padre que sí puede venir aquí a hacer los ejercicios espirituales. Entonces el Padre dice bueno: yo sí puedo ir a hacer ejercicios espirituales, pero lo importante es que ustedes también hagan los ejercicios espirituales. Entonces los ejercicios espirituales no empiezan cuando se llama al Padre. Ahora sí van a empezar los ejercicios, no. Nosotros vivimos en continuo entrenamiento, somos como soldados o como espías de Cristo. Somos gente que está como en una especie de milicia y nosotros estamos en continuo entrenamiento porque tenemos que defendernos a derecha y a izquierda. De día y de noche no se sabe en qué momento vendrá el ataque. Además, tampoco se sabe en qué momento volverá el Señor y por eso nosotros estamos en continuo entrenamiento y tenemos tres rutinas que son las ferias, los domingos y las memorias. El ritmo de las ferias es un ritmo bienal de a dos años. Tenemos el año impar como este en que nos encontramos y tenemos el año par. Ese es el ritmo bienal de las ferias, los días entre semana y tenemos el ritmo dominical, que es un ritmo trienal. Esto quiere decir que nosotros vamos, nosotros vamos entrelazando los domingos con las ferias y solo cada seis años se repite el mismo ciclo de domingo con el mismo ciclo de la ferias. Sería un problema matemático interesante averiguar cada cuánto coinciden exactamente dos años, porque para eso se necesita que sean dos años, que empiecen en el mismo día de la semana y que además, si el uno es bisiesto, el otro también lo sea de lo contrario. Pero ese problema matemático se lo dejamos a alguien que tenga que hacer ese ejercicio. Nosotros, por nuestra parte, podemos asegurar que las tres rutinas no vuelven a coincidir exactamente en el mismo orden, sino cada ciertos años, que son bastantes. Por otra parte. Por otra parte, pues nosotros nos encontramos aquí iniciando la rutina de las ferias en el año impar, entonces vamos a empezar a escuchar y ya lo hicimos hoy la carta a los Hebreos, vamos a empezar por la carta a los Hebreos. Eso es un ritmo fuerte. El otro ritmo, el otro ritmo que se tiene a veces es el ritmo propio del libro del Génesis. Entonces, mire, por ejemplo, esta edición, si uno la maneja con cuidado uno, uno puede ver. Entonces mire, en el lunes de la primera semana de los años impares se empieza con la carta a los Hebreos. Pero si uno mira el lunes de la primera semana de los años pares, entonces se encuentra con que se empieza con el Génesis. En los años impares se empieza con la carta a los Hebreos, pero yo ahorita me equivoqué en los años pares empieza con el primer libro de Samuel. Y se empieza con el primer libro de Samuel porque es el inicio de la dinastía en el pueblo de Israel. Ambas son introducciones al misterio de Cristo en la rutina de las ferias. La primera lectura es la que va cambiando. Entonces, por ejemplo, en el año impar empezó Hebreos y en el año par primero de Samuel el Evangelio si se repite, el Evangelio si se repite cada año en las ferias. Esto creo que lo hemos comentado en otras ocasiones. Se empieza leyendo el Evangelio de Marcos y por eso hoy escuchamos del capítulo primero del Evangelio según San Marcos. Se empieza con Marcos y luego se sigue con Mateo y luego se sigue con Lucas. Esas son las lecturas que nosotros escuchamos en las ferias del tiempo ordinario. Por eso hemos oído hoy este capítulo primero del Evangelio según San Marcos versículos del catorce al veinte. Yo quiero destacar solo un pensamiento de este Evangelio, y es la primera frase la que está en el capítulo primero, versículo catorce. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el evangelio de Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia. Dediquemos un instante a la consideración de esas palabras tan extrañas. Mire, arrestaron a Juan. Jesús se pone a predicar. ¿Y qué era Juan? Un predicador. Vaya, calculando a partir de ahí lo que nos está diciendo el Evangelio. Porque si usted es de las personas que va a oír la Palabra de Dios, como ah, ese es el de los pescadores, ahorita seguro que en la comunión van a cantar: Tú has venido a la orilla... Esto hace que uno no le saque suficiente provecho a la Palabra de Dios, porque uno se queda con el tema. Uno se queda con el tema y el sacerdote casi siempre predica sobre el tema. El tema, ¿que es? cómo decir la idea central del relato. Lo malo de este sistema es que ya la gente sabe que canto tiene que cantar. Ya el sacerdote sabe que tiene que decir y ya uno sabe qué tiene que pensar. Y entonces ahí es donde empieza a sentirse ya no la rutina, sino lo rutinario, ya no el gimnasio donde nos entrenamos para servir a Cristo. Nosotros, que somos como milicia suya, sino ya uno empieza a sentir, es lo rutinario. Entonces ya el Padre tiene preparado un sermón sobre Cristo como pescador de hombres y ya la gente sabe qué va a decir el padre y ya se sabe qué se va a cantar. Y entonces eso se convierte como en la fotocopia de la celebración del año pasado, mejor dicho, de hace dos años, porque es el ciclo bienal. Entonces el año entrante o sino en el siguiente estará otra vez el padre. Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Se va a llegar la comunión. Tú has... Entonces ya la gente sabe, ya la gente sabe cuál es el tema. Como aquí se trata. Como aquí se trata de que este es el gimnasio. Es que esa es la espiritualidad: que yo quisiera infundir, si Dios me diera gracia. Yo no sé si esto será santificar a la Asamblea, pero yo sí quisiera como infundir esa espiritualidad. Como este es un gimnasio, mientras nosotros estemos con los temas ahí no tendremos nada que hacer, porque entonces lo que va a suceder es que un día de estos, sobre todo de las personas que asisten mucho a misa, entonces ya sacan un elenco de los temas, ¿cierto? Usted ya podría escribir son treinta y cuatro semanas del tiempo ordinario por seis series. Pues eso da que como doscientos cuatro una cosa parecida, seis por cuatro, veinticuatro y ciento ochenta doscientos cuatro. Usted podría sacar doscientos cuatro temas, no. Entonces yo, usted sabe bueno, ahorita póngale, creo que ahorita de aquí un ratico viene la predicación de que el Espíritu del Señor está sobre mí. Entonces el Padre va a hablar de esto y entonces ya sabemos qué es lo que va a decir. Eso no tiene ninguna gracia. Y precisamente los sacramentos son para que tengan gracia. Los sacramentos tienen que tener gracia, porque si no, cómo. Entonces lo que yo le quiero comentar es dos cosas: una para esta lectura y otra para todas las lecturas, pero empiezo por la de todas las lecturas. ¿Cómo oír de manera creativa, de manera inteligente? ¿Cómo oír con espiritualidad y gimnasio la Palabra de Dios? Porque si no nos come vivos, la rutina vivos y la rutina es para que usted la venza a ella como en el gimnasio, no es para que la rutina lo venza usted. Claro que en esto tenemos mucha responsabilidad a los sacerdotes, porque claro, para un sacerdote es más cómodo tener una predicación armada y repetirla, sacar la fotocopia, la predicación respectiva. Entonces yo podría en un momento dado poner el casete, ¿cierto? De acuerdo con esa proporción, entonces yo podría poner el casete. Hermana llegó otra vez este esta lectura, escuchemos, escuchemos aquí este casete. Y el año entrante les pasa una película con la misa. Y estuvo la repetición. Entonces, primera enseñanza. Para oír de manera creativa. Busque en la palabra de Dios la palabra en la que usted no se ha fijado. Busque, busque. Por ejemplo, como es tan importante este de los pescadores y a uno se le va ahí mismo la atención, cierto, porque uno se da por la ley del menor esfuerzo y lo que ya conoce, usted no cayó en la cuenta. Seguramente yo me atrevo a retarla. Usted no cayó en la cuenta seguramente de este detalle. Mire, cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el evangelio de Dios. ¿Usted no le parece muy curioso eso? Cuando arrestaron a Juan, fue el arresto de Juan el que inició la predicación de Cristo. Ahí hay motivo para una meditación. No todo es tú has... ¡no! Ese no es el único tema. Si usted se queda con ese tema, pues eso le queda la fotocopia de la fotocopia y la repetición. Entonces, para oír de manera creativa la Palabra de Dios, usted tiene que ser como un cazador. Donde menos se piensa salta la liebre. Entonces usted tiene que estar así como en atención a ver ¿en qué momento y de qué manera va a aparecer un pensamiento? El pensamiento de mi Señor, la inspiración que tal vez yo necesito ello. Entonces uno tiene que oír activamente. Uno está atento a esa palabra que antes no había observado. Y a usted no le parece todavía más interesante ¿que dice aquí Jesús? Mire cómo empezó a predicar. Se ha cumplido el plazo. A quién le interesa el plazo si únicamente está pensando en los pescadores y eso es importante. El plazo se ha cumplido. El tiempo se ha cumplido. ¿Cuál tiempo? ¿Qué quiere decir eso de que el tiempo se haya cumplido? Sacerdotes, ¿Por qué no predicamos de esto? ¿Por qué no hablamos nunca de que se ha cumplido el plazo? Porque resulta más fácil volver siempre al tema de los pescadores. Tu has... Póngale cuidado, póngale cuidado al asunto y luego mire lo que dice Jesús: Convertíos y creed la buena noticia. ¿Usted no le parece muy extraño que Jesús hable de una buena noticia cuando acaban de arrestar al Precursor? Oiga, ¿qué clase de buena noticia es la que trae Cristo? Figúrense que Cristo se identifica tanto con con la obra de Juan y acepta tan de corazón la predicación y la misión de Juan que se bautiza. Y eso fue lo que escuchamos nomás ayer. Jesús acepta la predicación de Juan, se identifica con esa predicación de Juan. De cierto modo la canoniza, la aprueba yéndose a bautizar. Arrestan a Juan y el que lo arresta era un, era bueno iba a decir una grosería. El que lo arresta es un hombre lleno de crueldad, es Herodes, que no tenía miramientos por nadie. Verdaderamente una especie de hiena humana carente de todo escrúpulo. Ese fue el que arresto, bueno. Un hombre supersticioso, un hombre miedoso, sensual, político. Y yo creo que con eso está dicho casi todo. Entonces este hombre, este hombre, arresta a Juan, arresta a Juan, y Jesús sale a predicar la buena noticia. Crean la buena. ¿Cómo puede haber buena noticia? ¿Qué? ¿A qué buena noticia se refiere Jesús? ¿Cuál es la buena noticia? Si están arrestando al Precursor, si lo acaba de meter en una mazmorra y sabemos cuál sería el final de este Juan. Entonces las estrategias para oír creativamente la Palabra de Dios y para mantenerse en el gimnasio del Espíritu las podemos sintetizar en tres puntos. Primero, busqué aquella palabra, aquel versículo en el que usted no se ha fijado. Segundo, haga preguntas, haga preguntas. La comida es para masticarla. La lectura es para rumiarla. El texto es para hacerle preguntas. Yo no sé si esto será propio de la espiritualidad monástica, de la espiritualidad dominicana o de cuál espiritualidad, pero yo no entiendo de otra manera. A mí no me cabe en la cabeza que estén esas palabras ahí para que uno las deje perder. Están esas palabras ahí para que en todos los monasterios y en todas las parroquias hoy cantemos tú ... no. Debe haber. Debe haber otra razón. O sea, el Espíritu Santo no dejó estas palabras aquí solamente para que todos supiéramos cuál era la canción que tocaba hoy. No, el Espíritu Santo dejó aquí un regalo, un continuo regaló, una fuente infinitamente nutritiva. Primer consejo busque la palabra. Segundo consejo hágale preguntas al texto. Y tercer consejo Busque respuestas desde su propia vida y lecturas complementarias o consultas complementarias a esas preguntas. Por ejemplo, piensa en eso, bueno. ¿Pero cómo así arrestaron a Juan y Jesús se pone a predicar? A usted no le parece que es como una temeridad muy grande la de Jesús ponerse a predicar precisamente cuando se ve lo que están haciendo a los predicadores y se pone a predicar el evangelio de Dios y se pone a predicar la buena noticia, la buena noticia. ¿Usted cree que eso es una buena noticia? Yo le hago esta proporción. Imagínense que matan a un sacerdote y llega el reemplazo y dice Bueno, crean en las buenas noticias. ¡Momento, momento! ¿Pero cómo así? Y yo quiero decir que Jesús empezó su predicación empatando muy de cerca con lo que Juan decía. Aunque el lenguaje también desde el comienzo es diverso. Este es un tema muy hermoso de estudiar las diferencias entre la predicación de Juan y de Jesús. Entonces, las sugerencias generales son estas que les he dicho para que realmente nosotros estemos en gimnasio. Yo me sostengo. Esta palabra no fue escrita para que nosotros supiéramos cuál era el canto que tocaba hoy. Estas palabras son escritas para alimento nuestro, para vida, nuestra. Y es pecado desperdiciarlas. San Agustín. Eso ya también creo que se me ha oído varias veces. San Agustín decía: Cuando usted va a comulgar, usted no soporta que una parte de la hostia, por descuido del que sea, se caiga al piso. Pues ¿cómo soporta entonces que la Palabra de Dios sí se pierda? ¿Cómo soporta usted cuántos años llevaba usted oyendo esto? ¿Cuántos ciclos bienales? ¿Cuántas veces ha pasado por este gimnasio? Y seguramente usted no se había dado cuenta de muchos detalles aquí. Eso no quiere decir que yo me dé cuenta de todos los detalles, sino quiere decir que el Señor Dios se da cuenta de que ustedes y yo y todos necesitamos estar en una actitud mucho más despierta, activa, creativa. Creativa no tanto porque nosotros creemos la Palabra, sino porque dejemos que el Espíritu Creador obre en nosotros y nos permita leer el texto con el mismo Espíritu con el que fue escrito. Pero la segunda parte de la enseñanza es hacer como un ejercicio práctico de esto con respecto al texto que hemos escuchado. Es decir, vamos a hacer una consideración sobre esas mismas preguntas que he dicho. Jesús, los punticos son dos los que yo he destacado. Otro predicador con más luces podrá ver más cosas y podrá hacerse otras preguntas. Yo simplemente comparto brevemente inquietudes y meditaciones que vienen a mi mente con respecto a estos dos puntos que he señalado del texto de hoy. Primero, Jesús empieza a predicar cuando arrestaron a Juan. Eso es llamativo. Y segundo, arrestan a Juan y Jesús dice: que hay una buena noticia No le quito ninguna Importancia al hecho de que hoy podamos cantar tú. Pero de todas maneras no es hoy. No me voy a dedicar a esa canción. No. Si la he mencionado, es solamente como un ejemplo, un ejemplo más que viene así como colateralmente. Entonces, miremos esa primera inquietud. Arrestaron a Juan y Jesús se marchó a Galilea a proclamar el evangelio de Dios. Hay dos elementos que destacar aquí Primero, la continuidad y segundo, la discontinuidad entre Juan y Jesús. Juan era un predicador en el desierto, Jesús es un predicador en la casa, en la vereda, en la ciudad. Juan llama a la gente hacia el desierto, y en el desierto al agua del Jordán. Jesús sale del desierto. Jesús va del desierto a la gente. Son dos actitudes distintas. Hay una discontinuidad, pero también hay una continuidad, porque en cierto modo Jesús inicia su ministerio en continuidad con el ministerio de Juan. La continuidad efectivamente nos enseña cómo también aquí Juan es el precursor de Jesús. La discontinuidad nos enseña cómo Juan es el supremo esfuerzo de la humanidad que sabe que Dios es su única respuesta. Juan es el supremo esfuerzo del ser humano que tiende sus manos hacia Dios. Y Jesús es la primera designación del Ser divino que tiende sus manos hacia el hombre. Juan es el grito herido del hombre que sabe que no merece a Dios. Y Jesús es la caricia de Dios que sabe que puede dignificar al hombre. Y por eso, si Juan tiene que sacar la gente al desierto para que piense Jesús puede ir a la casa del pecador como lo hará tantas veces, y a la vereda y a la ciudad del pecado, para sanarla allá. Puede decirse que Juan es la expresión más dramática de la pregunta, y Jesús es la primera expresión de la respuesta. ¡Qué bello que Dios nos conceda este pensamiento! Seguramente ha estado escondido para muchos de nosotros hasta este día. Tal vez nunca habíamos pensado en eso. Ahí lo tenía el Señor, esperando que pudiera nacer en nuestras almas. No digo yo por mí yo soy un accidente, sino porque es regalo. Seguro que sí, y es regalo para cada uno de nosotros. Segundo pensamiento. Resulta que Juan acaba de ser arrestado. Jesús dice: Está cerca el Reino de Dios, convertíos y creed la Buena Noticia. ¿Cómo podía hablar Él de la Buena Noticia? ¿Cuál? ¿Cuál podía ser buena noticia? Es la pregunta que nos hacemos. En segundo lugar, ¿qué clase de cosa podía ser segunda noticia cuando se ve que al Precursor lo acaban de arrestar? Pues si ese arresto del Precursor frenara el amor, no habría buena noticia. Pero porque el amor no cabe en ninguna cárcel. Porque el amor se burla de la cárcel de Herodes como un día se burlara de la cárcel del sepulcro. Porque el amor es mayor que todas las cerraduras. Precisamente ahí, desde la cárcel, hay que gritar que el amor está libre, así como se ha estado en tantas de sus cartas. Cautivo proclama la libertad que solo Cristo da y prisionero dice: No me avergüenzo de mis cadenas, ni se avergüencen ustedes de que yo sea el preso de Cristo. Que estar preso por decir la verdad es estar libre y estar libre diciendo mentiras es estar preso. Y puesto que ninguna prisión puede encerrar a la verdad y ninguna cadena puede atar al amor, hay una buena noticia, una que se puede decir también ahí, y así también la vida de Cristo, incluso cuando esté preso en una cárcel mucho más estrecha en la cárcel de la cruz, donde ni siquiera podrá mover sus martirizados miembros. Incluso en esa cárcel, el amor de Cristo estará lo suficientemente libre para llegar hasta los prisioneros del pecado. ¡Qué hermoso nuestro Salvador! Qué profunda su mirada, qué grave acento en su voz cuando dice también cuando acaban de arrestar al Precursor. Hay una buena noticia para todos. Y ojalá lo supiera hasta Herodes.

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